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jueves, 23 de junio de 2011

VENID ADORADORES, ADOREMOS


El próximo domingo celebraremos una de las mayores solemnidades de la Iglesia Católica: La Conmemoración del Cuerpo y la Sangre de  Nuestro Señor Jesucristo, el Corpus Christi.

Tras la misa de Pontifical, el Santísimo Sacramento saldrá en la única procesión de obligada asistencia de cuantas se suceden a lo largo del calendario litúrgico. Y aún así, a nadie se le escapa que esta procesión languidece en la misma proporción que aumenta la asistencia a las de Semana Santa. A la vista está que no termina de contar con la masiva participación que su carácter e importancia merecen. ¿Por qué si esta es, si debe ser, la procesión más importante con la Real presencia de Jesús Sacramentado no se llena las calles a su paso? Algo estaremos haciendo mal.

Siempre que se aborda esta cuestión se alegan, sin mucho convencimiento, excusas tan peregrinas como lo inadecuado de su celebración en domingo, la climatología, la cercanía de las playas, el verano…Igual de cerca están las playas y el mismo o más calor hace para la bajada y las procesiones de la Virgen de la Cinta y la ciudad acude masivamente, dentro de la decadencia general que se aprecia últimamente en este tipo de actos religiosos, pero todavía masivamente.

Estas circunstancias podrán influir, pero no es la causa principal de la desmotivación existente. El verdadero motivo es la falta de conocimiento de lo que la Sagrada Eucaristía significa, de la falta de conciencia de lo que Dios supone en nuestras vidas. O al revés; esta situación define bien a las claras lo que la Religión supone para nosotros.

Por un lado, las cofradías, por costumbre, solo se han preocupado de llevar una digna representación que a veces no alcanza ni a sus juntas de gobierno, no hemos sabido transmitir al resto de la nómina de hermanos que la Eucaristía debe suponer el centro de nuestra vida cristiana. Pero por otro lado, sin la participación de las hermandades y cofradías, ¿qué sería de la procesión? ¿Quién acompañaría a la Custodia? Porque el pueblo fiel que se sitúa detrás del paso también es cada día más escaso. Si a esto le añadimos el poco interés de parte de los responsables parroquiales por animar  a los fieles a asistir al Corpus tendríamos las causas principales, que no las únicas, de esta decadencia. Si se están celebrando misas con el Señor en la calle, ¿cómo se va a facilitar la concurrencia a la procesión, incluso la propia participación del clero?

Y la solución, como a veces se oye decir, no pasa por llenar la procesión de pasitos (aunque su inclusión en el cortejo tampoco perjudicaría a nadie). La solución es mucho más compleja. El problema es más profundo, mucho más preocupante, es el vivo reflejo de la falta de creencia en Dios de esta sociedad, de su progresivo alejamiento de la Religión, de sus preceptos, de sus mandamientos. Un pueblo que engalana con profusión balcones , fachadas y edificios enteros por un triunfo deportivo, luego no es capaz de adornarlos al paso del Triunfo de la Eucaristía, como avergonzado de su condición de católico. Con que solo los creyentes exteriorizáramos nuestra reverencia al  paso de la Sagrada Forma engalanando nuestros balcones bastaría. Pero ni eso.

Y es que no se puede amar lo que no se conoce. ¿Cuántos jóvenes han asistido alguna vez a la Exposición de Su Divina Majestad? Con suerte, si son cofrades, alguna vez con ocasión de los cultos de regla de su hermandad. Aquí es dónde las cofradías pueden desempeñar un papel fundamental, transmitiendo a las nuevas generaciones la devoción a la Eucaristía, con el indudable poder de atracción que ejercen sobre la juventud. Y con las cofradías, los colegios religiosos y cualquier asociación de la Iglesia.

Claro está que esto sería posible si Dios no quedara desdibujado, como perdido entre otros elementos sin ninguna importancia que a veces ahogan la verdadera misión de una cofradía. ¿Cuántas veces confundimos la innegable y legítima belleza de un altar de cultos con el verdadero quinario que es el culto sagrado? ¿Cuántas veces llamamos solemnidad a una sobrecarga, tantas veces huecas, de actos, rosario, letanías, misa, exposición, salve y hasta imposición de medallas en una misma tarde? ¿Se preparan bien los acólitos, saben lo que significa su misión en el altar? ¿Vivimos con unción estos cultos o estamos deseando que acaben para cuanto antes empezar a montar los pasos? Y ni que decir tiene que esto sería imposible sin la colaboración de ministros  consagrados que propicien el conocimiento de la devoción  al Santísimo con todo el culto tradicional que ello conlleva. ¿Sabrían cantar los jóvenes el Tantum Ergo? ¿Sabrían decir qué es una bendición y una reserva solemnes? Pero si nadie les enseña nunca lo sabrán.

El próximo domingo oiremos insistentemente en el Himno Eucarístico la expresión Dios está aquí. Ojalá lo dijéramos convencidos, demostrando que lo creemos, exteriorizando esa Verdad. Si somos capaces de transmitir esa creencia, sobre todo a los más jóvenes, en poco tiempo al volver a cantar Venid adoradores, adoremos, seremos más los que acudamos a esa llamada. El inmenso Amor hecho Pan Consagrado nunca nos abandonará, ni la protección  maternal de la Virgen, Nuestra Señora. En Ellos confiamos.

jueves, 16 de junio de 2011

DECIR LO QUE SE SIENTE


No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
                              (Francisco de Quevedo)

Si normalmente los cofrades cuando opinamos solemos soltar alguna que otra “jangá”, cuando  nos encontramos en periodo de elecciones el índice de “trocherías” se dispara.

De todos es sabido que en las elecciones de la hermandad del Nazareno concurren tres candidaturas, situación esta, a mi entender nada deseable, pero absolutamente lícita. Ni la primera,  y seguro que no será la última hermandad en la que ocurra.

Me cabe el honor de que dos de esas candidaturas hayan querido contar con mi colaboración, pero he declinado la invitación y no voy en ninguna de las tres. En ninguna aspiro a cargo de gobierno alguno. Pero lo que nadie podrá evitar es que unos me parezcan más capaces que otros y que a la hora de votar me decida por la que, a mi entender, mejor pueda desempeñar su labor y mejor pueda servir a la hermandad, ¿o también me lo van a prohibir?

Viene esto a cuento porque para criticar a alguna de esas candidaturas lo están haciendo conmigo, mejor dicho, contra mí. Además de no aspirar a nada en estas elecciones, llevo ocho años que estoy fuera de este juego. Precisamente a mí que durante este tiempo no he querido participar en nada, ni hacer nada que pudiera perjudicar a mi hermandad, ni he ido a reventar ningún cabildo, ni he hecho ni escrito  nada que pudiera perjudicarla, por muy mal que me hubieran parecido como se hicieran las cosas. Simplemente, me he mantenido al margen.

Siempre he pensado que el que la lleva la entiende y que las distintas juntas de gobierno deben tener la legítima libertad de actuar como lo consideren, dentro de lo establecido en los estatutos. Por eso, nada he dicho; nada he hecho. Es más, alguna vez que he sido requerido por la junta de gobierno para algo concreto, allí he estado.

Entonces, ¿a qué viene esto? Y lo que más me sorprende es que esgriman mi “alejamiento” estos últimos ocho años como principal argumento. Pero no se preguntan por qué. Me apartan y luego echan en cara que no vaya. ¿Ustedes lo entienden? Incluso algún ocioso ex-hermano mayor de  otra cofradía echa leña al fuego aduciendo que algunos años me he ausentado de Huelva en Semana Santa. Creo que lo que habrá querido hacer este señor es arremeter contra un buen amigo mío, excepcional cofrade e imprescindible contertulio dándole una patada, pero en mi culo.

Critican mi distanciamiento con la hermandad estos últimos años, pero no dicen nada de los años, todos los de mi vida, que me consagré a su servicio, y nunca recibí ayuda de ellos, ni falta que me hizo. Antepuse la hermandad a todo en el Mundo. Y no puedo decir que me equivoqué, porque estoy seguro que volvería a hacer lo mismo. Mientras muchos disfrutaban de la Semana Santa, de la de Huelva y de la de Sevilla, algunos ni nos podíamos mover de la iglesia. Sencillamente porque no teníamos tiempo, ni cuerpo.

Quizás en esto se aprecie mejor la relatividad del tiempo. Según Oscar Wilde, el valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con las que suceden. Será por eso por lo que hay momentos irrepetibles y personas inolvidables, y en la intensidad con la que he vivido la emoción de haber servido a mi hermandad no me va a ganar nadie.

Ahora es otro tiempo. Que no se preocupen por mí, no merece la pena. No quiero honores, ni causar lástima. A nada aspiro, si acaso a que me dejen en paz los que no tienen otros argumentos para criticar a una candidatura adversaria que haciéndolo contra mí. No soy ni víctima ni verdugo. Y como dice una canción de mi admirada María Dolores Pradera, a estas alturas de mi vida “miro pasar el Mundo como un carnaval, grotesco y burlón”.

Ahora no lamento, no siento lo que he dicho. Ahora he dicho lo que siento. Palabra.

Y a los posibles lectores de este blog, les prometo no volver a aburrirles con mis disquisiciones personales. De verdad.

miércoles, 8 de junio de 2011

OTRO ROCÍO DISTINTO


El rumor de los cascos de los caballos sobre el pavimento, el tamboril y la flauta, el estruendo del cohete que deja su golpe de incienso en el azul del cielo, guitarras, palillos, palmas y panderetas, sevillanas, tintineo de campanillas en la carreta del simpecado, ángelus al mediodía y rosario al atardecer, noche de hogueras, arenales, revuelo de bronce en la espadaña del santuario, vivas, eterna sucesión de salves…..La Virgen del Rocío.

Sonidos éstos que en esta tarda primavera pone banda de emociones a un nuevo Pentecostés, a una nueva romería, la más hermosa de las que se celebran en todo el Mundo en honor de la Virgen.

Pero hay otro Rocío  como reflejado en el cristal negro de un Lunes Santo, penitencial y austero, donde el Rocío del Cielo se derrama en las mejillas de una virgen que llora, rociándonos de Esperanza:

“… hay en este lunes la evocación de un Rocío tamizado de Esperanza. Hay un volver peregrino siguiendo las huellas que la virgen de la cofradía del Calvario ha dejado marcadas sobre un arenal de silencios. Hay una celebración mariana como vista, en sus formas, desde la cara opuesta, que no oculta, de nuestra devoción a María, en un Rocío distinto, pero tamizado de Esperanza:

¡ Ay qué Rocío más triste
el de esta callada Esperanza!
¡Ay qué Rocío más frío
sin tamboril y sin flauta
en una marisma llena
de dolor y desconfianza,
donde de noche galopan
jinetes de sombras y dagas,
puñales de penas amargas,
que te traspasan el alma!

¡Qué Rocío sin caminos
y sin arenas doradas
pues la senda que caminas
es de piedra descarnada
sembrada de abrojos y espinas!

¡Ay qué extraño este rosario
sin antorchas ni bengalas,
solo el sendero te alumbra
cirios de miel destilada,
- luminoso antifonario-
tinieblas en la vaguada
que te conduce al Calvario!

Pero…
¡Ay qué Rocío tan bello
éste del silencio y de la calma,
qué otro Pentecostés,
en vez de fuego, de lágrimas.
Porque a veces los silencios
valen más que las palabras
y aunque se cierren los labios
haces que el alma se abra.
Y te colman de piropos
el crepitar de los cirios
y la flor en flor cortada,
tres golpes de llamador,
y un rachear de alpargatas,
pues para ti el silencio
es plegaria y alabanza
que muda hasta ti se alza
Reina de tristeza en el Rocío
y Señora de la pena en la Esperanza!

Sí que hay otro Rocío. Y seguro que a algunos les parece tan hermoso, o más incluso, que éste de Pentecostés. ¿O no, Rafa?

jueves, 2 de junio de 2011

AQUEL TIEMPO DE ESPERANZA


Seis años menos un día. Desde el cuatro de junio de 1994 al tres de junio del año 2000. Desde la imposición de la Medalla de Oro de la Ciudad, hasta su Solemne Coronación Canónica, Huelva vivió un tiempo feliz en la esperanza y con la Esperanza. Y la hermandad de San Francisco atravesó, posiblemente, el periodo más brillante de su historia. Si incluimos la realización de su templo, sin duda alguna el más brillante.

Pero al mismo tiempo, a la estela que iba dejando la hermandad de la Esperanza en su empresa, de algún modo también la Semana Santa, las cofradías y Huelva vivieron días de gloria.

Toda una perfecta y meditada programación de actos jalonaron ese tiempo, que ya va siendo de oro en la memoria, y que nunca antes habíamos vivido en nuestra ciudad. Fueron actos de intensidad plástica y de profunda espiritualidad, brillantes, concebidos con mimo, con la sabiduría que da la entrega sin límites a una causa, pues todo logro quedaba validado por la unción religiosa con el que quedaba impregnado, y como muestra imperecedera quedó su palpable obra social. La belleza de todas las artes y artesanías, la música, la poesía, la pintura, el bordado, la orfebrería, todo se puso como ofrenda de devoción a la Virgen de la Esperanza. Tanto se hizo que merecieron la atención y el interés de SS MM los reyes de España, que honraron con su presencia las vísperas del esperado día de la Coronación.

En ese arco de años que comienza a las puertas del Ayuntamiento, al quedar prendida sobre su pecho la Medalla de la Ciudad, y que termina en la Plaza de las Monjas cuando el obispo de la Diócesis manifiesta el amor de los onubenses y el de la Iglesia de Huelva a la Virgen de la Esperanza coronando su Sagrada Imagen, ha quedado como piedra fundamental en el edificio de la historia religiosa y civil de nuestra ciudad.

Sirvan estas líneas, ahora que se conmemoran dichas efemérides, como reconocimiento a los que las hicieron posibles. A los que consiguieron que el nombre de la Esperanza no se le cayera a Huelva de los labios. A quienes lograron que el apellido “Coronada” acompañara a la primera dolorosa de Huelva y de la Diócesis.

Y sirvan también como homenaje y gratitud estas otras letras que el bendito nombre de la Esperanza inspiró para el pregón de  Semana Santa del año 2006:

“”…. Y a tu nombre, Esperanza Coronada, Huelva se congrega a tus plantas y te reza, y te alaba, y por saetas vocea todo el amor que te guarda y en su bendito delirio, transida, Huelva te grita guapa y a lágrima viva a tu marinería ensalza:

¡Pero qué bonita viene
la Virgen de la Esperanza!

Viene mecida en el aire
como la flor en su vara.
Trae en su palio un vaivén
de olas suaves y largas
con el reflejo del sol
en la luz de su mirada

¡Qué porte de reina trae
la Virgen de la Esperanza!

Lleva la noche en el pelo
y corales en la saya.
Le da la luz de la cera
color de arena de playa
y  veladura morena.

Trae un rostrillo de espuma
y de blondas nacaradas
con filos de atardeceres
y encajes de luna clara,
prendido con alfileres
de una salina de plata.

Lleva una ensarta de perlas
rodeando su cintura
y todo el verdor del mar
por manto que nos procura
amparo en la adversidad,
seguridad en la duda.

Trae la corona llena
de brillantes y esmeraldas
y en el fajín que la ciñe
el rango de Capitana
del barco donde navegan
las ilusiones huelvanas.

¡Y qué dolorosa pasa
la Virgen de la Esperanza!

Llora lágrimas de sal
que le brotan de una pena
tan profunda como el mar
a esta rosa marinera,
que vino con la pleamar
y quedándose en la arena
aquí se quiso quedar,
ya no volvió a regresar
otra vez con la marea.
¡Y qué galana aparece
la Virgen de la Esperanza
gobernando su navío
en el mar de la confianza!

Entra ya en puerto seguro
recala tu barco aquí
en la bahía que Huelva
siempre tuvo para ti.
Pliega velas y echa anclas
en este fondeadero
donde jamás embarranca
la quilla de tu velero.

Pon fin a tu singladura
atracando de costero,
echa  el rezón por amura
y provoca la locura
de este pueblo marinero
que ve en tus ojos serenos
la clara salvación segura.

Por ser brisa de bonanza,
por ser estrella en su mar
porque tu sonrisa, sin más,
los temporales amansa,
porque Huelva te creó
a su imagen y semejanza,
de su risa y su dolor
eres fiel de su balanza,
y porque sabe que en ti
toda la gloria la alcanza
quiere, Señora, que aquí
reine siempre tu Esperanza.””

Y ese día suelto, ese de los seis años menos un día, como una dulce y felicísima condena, el que queda para el sexenio más brillante de la Esperanza, está aún por llegar. Porque también hay esperanza para la Esperanza. En Ella confiamos.

Spes Nostra, Regina Coronatta et Mater Dei, ora pro nobis.

jueves, 26 de mayo de 2011

REFLEXIÓN DE UN BUEN COFRADE

Mi dilecto amigo, excelente periodista y mejor persona, Manuel Jesús Montes, formulaba en Facebook una pregunta a modo de reflexión cofrade. Percibí en su pregunta una mezcla de extrañeza y preocupación ante el hecho de que en la pasada campaña electoral ninguno de los candidatos a la alcaldía de nuestra ciudad, se hubiera reunido con nadie del mundo de las cofradías. Ni con miembros del consejo, ni con ningún hermano mayor para presentarles un programa o recabar propuestas. Absolutamente nada.

Admito y comparto la preocupación con Manuel Jesús, pero no la extrañeza. Y es que yo lo tengo cada día más claro: No interesamos a nadie. No representamos en Huelva ningún tipo de poder, ni formamos grupo de presión alguno.

Los políticos, seres astutos e intuitivos por naturaleza, captan perfectamente la capacidad que tiene cada grupo social para afectarles o beneficiarles en sus intereses. Como nos conocen, saben perfectamente cómo somos. Son conscientes que por nuestras luchas internas y por nuestra falta de unidad no representamos peligro político para nadie. ¿Por qué se van a molestar y encima señalarse como próximos al hecho religioso (así queda más políticamente correcto que llamarlo religión)?. No tienen ninguna necesidad.

Si ven que el supremo órgano cofrade , es decir, el Consejo, más que resolver crea problemas en sus propias cofradías, llegando casi a maltratarlas o ningunearlas, y aquí no se mueve un varal; si saben que entre nosotros mismos al tiempo que nos abrazamos en Cristo practicamos el despelleje vivo; si son conscientes de que la puñalá trapera es moneda común entre nosotros y no somos capaces de reaccionar ante nuestros propios problemas, ¿no nos van a ningunear? ¿Qué miedo, entendido como respeto humano a posible influencia en el voto, van a tenernos? ¿Qué balanza vamos a inclinar si no podemos con el peso de nuestra ineficacia?

Luego, saben que con una mísera subvención nos volvemos dóciles, cuando no serviles. Sin ir más lejos, esta cuaresma hemos asistido a la adecuación de actos cofrades celebrados en el nuevo palacio de la Diputación Provincial a la agenda de la Sra. Presidenta, candidata a la alcaldía y cuarta víctima política del Sr. D. Pedro Rodríguez, Alcalde electo de Huelva.

Y es lógico que quien paga publicaciones y carteles, o cede su espacio para exposiciones exija una cuota en forma de presencia mediática, o sea, con  la foto correspondiente en los medios de comunicación. Lo que ya no me parece tan lógico es el caso de la Hermandad del Calvario, que por motivos políticos le fue negada la presentación del palio de María Santísima del Rocío y Esperanza en el Palacio de Mora Claros, y que por no ceder a cierto chantaje tuvieron que buscar con urgencia, pero inteligentemente, el Salón de Plenos del Ayuntamiento de la ciudad, como la casa de todos. Un acierto.

Nos manejan a su antojo. Saben de nuestra escasa influencia en la sociedad. Consideran que nuestra fuerza es flor de un día, el de salida; de una semana a lo sumo, la Santa.

Y luego se nos abren las carnes, por no decir otra cosa, cuando los vemos venir con un ramo de flores y con sonrisa beatífica nos dicen que la Virgen está preciosa. Y hubo hasta quién en su proyecto llevaba “dignificar” la Semana Santa. Querría usted decir la carrera oficial, supongo.


Es lícito que los políticos quieran arrimar el ascua cofrade a su sardina electoral, pero no a cualquier precio. Y como todavía no me ha afectado el síndrome del “15 M”, pienso que no todos son iguales. No es lo mismo ver presidir un paso a un político que te encuentras habitualmente en misa, o sabes de su devoción cofrade, que haberlos haylos, que colmemos de varas a otros que defienden con vehemencia la ley del aborto o pide sin escrúpulos el porcentaje de la declaración de renta para una ONG, “Lo que sea sin fronteras”, para que no hagan ni la millonésima parte de lo que la Iglesia Católica viene haciendo desde hace siglos, y gratis total, que esa es otra.

He defendido y defenderé siempre las relaciones institucionales cordiales y correctas, pero a la única institución a la que se deben las cofradías es a la Iglesia fundada por Cristo. La que concede honores a nuestras imágenes , medallas, calles… es el Ayuntamiento, cierto; pero a petición del pueblo fiel de Huelva, no lo olvidemos. La independencia, la autonomía, la equidistancia con las fuerzas políticas debe ser regla de oro para nosotros. Si la verdad nos hace libres, la libertad la ganaremos manteniéndonos fuertes y unidos, si es que queremos que nos tengan en cuenta, siendo un solo bloque, con representantes fuertes en el Consejo y en las hermandades. De lo contrario estaremos siempre con las manos más atadas que el Cautivo de la Hispanidad.

Agradezco a Manuel Jesús Montes su reflexión, la reflexión de un buen cofrade como él, por haber inspirado este artículo. No había caído yo en eso….


jueves, 19 de mayo de 2011

EL ISRA


Israel López Expósito no es mala persona, ni muchísimo menos. Es buena gente, tela de buena gente. Aunque aparentemente por su aspecto, por su forma de vestir, pueda parecer lo contrario, el Isra es cofrade, muy cofrade. Le gusta La Semana Santa más que nada en este mundo.

El chaval no tiene formación, ni religiosa, ni cofrade; ya que ni su familia, ni su colegio, ni su parroquia, ni su hermandad, se ha preocupado de eso. Pero el Isra quiere al Cristo y a la Virgen de su hermandad como nadie los quiere.

Sale de costalero, en tercera de Cristo, aunque antes pertenecía a una banda de cornetas y tambores. Pero se peleó con el jefe de los tambores porque decía que no sabía ruflar y se tuvo que marchar. Y ahora piensa que ha ganado en el cambio. Porque salir de costalero es mejor, mucho mejor, dónde va a parar, que salir en una banda. Sin embargo sigue conservando intacta su desmedida afición por la música cofrade. Tiene todos los CD’s habidos y por haber de agrupaciones musicales y de cornetas y tambores; y algunas marchas de palio. No es raro verlo pasar en su Seat Ibiza tuneado con la música a toda pastilla, con las ventanillas bajadas sea invierno o verano, y llevándose la consiguiente bronca del vecino del bajo de su bloque que siempre le tiene que estar llamando la atención. Un plasta el tío ese, un pejiguera vamos.

Pero claro, si no se aprende todas las marchas al dedillo, nota por nota, diapasón por diapasón ¿cómo va a saber los noventa y tres cambios que tiene que hacer la cuadrilla en esa marcha tan flamenquita en esa esquina tan famosa del recorrido, en esa chicotaíta tan guapa que dura veinticuatro minutos exactamente, y que provoca el delirio del barrio?

El Isra, el día de la función principal de su hermandad, se maquea, se pone “tó güapo” con el traje que estrenó para el botellón de Fin de Año. Aunque la función y la protestación de fe se le hace  interminable, aguanta como un tío porque luego hay concierto de la banda y merece la pena el tostón. Es de los pocos días que pisa la iglesia, junto con el del besapiés de su Cristo (al besamanos de la Virgen dice que es para blanditos, y no va).

Cuando llega el día de salida, a las diez de la mañana ya está perfectamente vestido de costalero y con el costal debajo de un brazo, y la Vane, su novia, bajo el otro, calma su impaciencia yendo de un lado para otro, nervioso, empalmando  Wiston tras Wiston, hasta que llega la hora y se pone delante de su “moreno”, y es entonces cuando se le caen dos lagrimones como dos goterones de cera de los blandones que custodian el paso.

Y eso que el Isra no llora nunca. Solo se le vio llorar abiertamente en el entierro del Kevin, su íntimo amigo, su mejor colega, que murió en un accidente de moto.

Como cualquier cofrade, guarda en su memoria el mejor momento de la salida procesional de  cada año. El mejor de éste, sin duda, fue cuando el listero le pidió al capataz una levantá por la Vane, su novia, porque había tenido un aborto y todo había salido bien. Eso el Isra no lo va a olvidar tan fácilmente porque de verdad él es amigo de sus amigos, sin ambigüedades. Y es que a este chaval lo quiere todo el mundo en la hermandad, especialmente Ricardito, el muchacho nuevo que ahora viste a la Virgen, y que va siempre con él y con la Vane.

Cuando el paso se recoge, sin abrazar ni besar a sus compañeros de trabajadera ni al capataz, le da un poco de corte, el Isra, otra vez con el costal y la novia debajo de cada  brazo, va al encuentro de la Virgen que bajo una lluvia de pétalos ya dobló la esquina de la calle de la iglesia.

Allí delante del palio, con la candelería reflejada en sus pupilas, a punto de la emoción, reza a duras penas aquella oración que le enseñó su abuela, que se acuerda de cómo empieza pero no cómo termina. Y le promete a la Virgen que si este año todo va bien, y trabaja en algo, (con la dichosa crisis es que no hay manera) tatuarse la imagen de su Cristo en el brazo. Así  llevará t  a flor de piel  lo que lleva ya tatuado en el alma; eso sí, si los gastos de amueblar el piso para irse a vivir con la Vane se lo permiten, claro.

Esa noche, camino de su casa con un puñado de claveles del paso de Cristo para su vieja, el Isra empezará a sentir la punzada de la nostalgia que lo separa un año de otra Semana Santa, un año para que vuelva a ser el hombre más feliz de la Tierra sacando de costalero a su Bendito Cristo Moreno.

Buena persona este Isra, entrañable. ¡Ay! Si su hermandad, o la Parroquia de donde sale su hermandad se preocuparan de darle, o de simplemente ofrecerle la oportunidad de una buena formación….


jueves, 5 de mayo de 2011

PELAYO


Pelayo pertenece desde que nació a una cofradía  puntera, de día de relumbrón y más bien rancia. Lo hizo hermano su padre (q.e.p.d) antes de bautizarlo.
Como cada año, el día de salida por la mañana va a la iglesia de donde sale la hermandad impecablemente vestido de Álvaro Moreno (quizá un tanto ajustado el blasier) luciendo un estudiado look con patillas anchas hasta mitad de la cara y rizos engominados en la nuca.
Llega acompañando a su señora madre, viuda de su Marido, que al entrar en el templo tiene que discernir sesudamente cuál es el palio de su hermandad, tal es el conocimiento y el interés de la señora por la cofradía familiar.
Mientras Pelayo reparte abrazos denodadamente, queriendo confraternizar con los que verdaderamente trabajan por su hermandad ( porque Pelayito jamás ha doblado la espalda más de 45º grados ni por la hermandad ni por nada) mamá escudriña el tocado de la Virgen hasta cerciorarse que lleva puestas las joyas que ella le presta todos los años, circunstancia ésta que referirá reiteradamente por la tarde en los palcos, junto con la historia del fajín donado por un tío suyo que fue militar destacado en la guerra de Marruecos, concretamente en el desembarco de Alhucemas, y a quién condecoró personalmente S. M. el Rey D. Alfonso XIII.

Este singular cofrade nunca ha pertenecido a junta de gobierno alguna, por algo será. Pero su familia alardea de que siempre le consultan a la hora de buscar a un nuevo hermano mayor.
Pelayo sale todos los años en su cofradía, pero nadie lo ha visto nunca vestido de nazareno. Él va siempre entre los ciriales, mirando al frente, saludando, sonriendo tras unas oscuras gafas de sol, y rara vez se le ha visto mirar a la Virgen, corriendo el riego además de que la cera desgracie su terno azul marino, de impecable factura.

A la hora de cerrar la iglesia, a eso de las dos de la tarde, aparece por allí Jimena, su novia de toda la vida , también de familia bien, guapa, de mechas rubias en el cabello y subrayando su imponente figura con un traje de chaqueta en color beige playa, de Domínguez, Adolfo. Pero a ella no le gustan las cofradías, secuela quizás de alguna desavenencia con las monjas de su colegio. Jimena es rebelde de B. M.W. y Chanel, y una vez que pasen por vicaría, espera ir retirando a Pelayo de su afición cofrade que, dicho sea de paso, no alcanza más allá del lunes o martes de Pascua, y  que con inusitada rapidez se transforma en afición al caballo para asistir a alguna romería universal, cambiando súbitamente la medalla de la cofradía por el catavinos de plata colgado al cuello
Como iba diciendo, Pelayo y Jimena ese día tienen la costumbre de ir a almorzar al restaurante de moda . Es una tradición. Otra singular costumbre que tiene Pelayo es la de ver pasar a la otra cofradía de su parroquia, menos rancia, pero mucho más popular y devocional que la suya, enmarcado en la puerta de un bar, de pie sobre el escalón y con un vaso de tubo en la mano,  haciendo comentarios a media voz girando la cara hacia el grupo de agradaores que siempre le acompaña, y que celebran el comentario con grandes risotadas justo al pasar la presidencia de la cofradía “hermana”. Él cree que una cofradía cuanto más selecta, más minoritaria , más antipáticos sean sus miembros y más desagradable sea el capiller, mucho mejor. Él lo considera un signo de distinción, y por eso le tiene manía a la ptra hermandad de su parroquia a la que toda la ciudad quiere y tanto venera a su Sagrado Titular.

Así es Pelayo. Ligado a la Semana Santa desde que su difunto padre le sacó unas potencias de plata a un orfebre en apuros y que en tiempos de carencias supuso el estreno más sonado de aquel año. Y bien que la familia lo lleva explotando de generación en generación.

No lo intenten buscar cerca. Aunque por estos lares algunos quisieran parecerse a este personaje (muchos aseguran que en peligro de extinción) es a unos noventa kilómetros de aquí donde tienen su verdadero hábitat, y donde con mayor abundancia proliferan. Ni para eso damos, gracias a Dios.

Hay que ver qué cosas se ven por ahí.