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jueves, 21 de noviembre de 2013

EXTRA OMNES

Con esta voz de "Extra omnes", con este "fuera todos" o "que no quede nadie", el cardenal Maestro de Ceremonias Vaticanas ordena que abandonen la capilla Sixtina de San Pedro de Roma todos aquellos que no tengan participación, que nada tengan que ver en el cónclave de elección de un nuevo papa. Pues algo así, alguna figura similar deberíamos tener en las cofradías para que en los momentos cruciales, en esos que estrictamente incumbe solo a sus hermanos, también abandonaran el templo todos aquellos que nada tuvieran que ver con la hermandad, incluido los medios de comunicación, especialmente las cámaras de televisión. Y me explico, antes de que alguien se me vaya a tirar a la yugular.

Sería imposible siquiera pensar, además de absurdo, que las hermandades en plena era de internet vivieran de espaldas a los medios de información, son absolutamente necesarios incluso para lograr sus propios fines. Y claro que las cofradías deben facilitar en lo que puedan y de ellas dependa la tarea a los informadores, porque toda la difusión, toda la información que se dé a cerca del mundo cofrade repercutirá positivamente en ellas. Pero todo debe tener un límite lógico, una frontera infranqueable aunque nunca impuesta, una suerte de autocensura que los propios profesionales de los medios, sin ninguna ley escrita, deberían observar.

Nada de lo ocurrido en la extemporánea celebración de la victoria electoral en la Macarena hubiese tenido la repercusión que ha tenido de no haber estado allí grabando las cámaras de una televisión local sevillana. Y de no haberse publicado de inmediato en las redes sociales.

Hay momentos internos y situaciones de una cofradía que por la tensión que provocan, por su importancia o por su trascendencia, deberían vivirse en la intimidad a puerta cerrada,  aunque sea multitudinaria, de sus hermanos y de solo sus hermanos. Muchas veces las imágenes que se emiten de esos momentos en el interior del templo aparecen distorsionadas, no se corresponde exactamente con lo ocurrido en realidad, y no porque sean manipuladas, sino porque sencillamente no son capaces de captar realmente ni dar respuestas ni explicaciones a las actuaciones, a veces inapropiadas, de los hermanos en esos momentos puntuales.

De existir este voluntario filtro para la imagen de las cofradías nos hubiéramos ahorrado ver los eufóricos momentos de los ganadores de unas elecciones, y sobre todo esas dantescas escenas a las que desgraciadamente  estamos asistiendo más veces de las deseadas estos últimos tiempos, cuando se suspende la salida de una hermandad a causa de la lluvia, por poner un ejemplo bien conocido. Así que nos libraríamos de ver al hermano mayor de turno poniendo pucheritos leyendo los partes meteorológicos, que alguno más se parecen a Arias Navarro diciendo aquello de españoles, Franco ha muerto, y del "espotáneo" aplauso de la claca preparada para refrendar la decisión "unánime" de la junta, aunque luego se escuche por detrás "son cuatro gotas, yo la hubiera sacado", y a la acolitesa (¿se dice así?) descompuestecita, gimoteando a moco tendido, morreándose , digo consolándose con el Jony, que se estaba haciendo la ropa encima de la mesa de altar mayor y poniéndose la faja hecho también un mar de lágrimas; y al Jefrén , blasfemando y tirando el costal al suelo en la capilla sagrario cabreadísimo no se sabe muy bien con quién; y al del fiscornio maldiciendo al hombre del tiempo, y a esa señora del Youtube diciendo eso de ¿por qué, Zeñó, por qué? Y a un diputado, carton bajo el brazo, y a una diputada de tramo, melena al viento,  dando capazos iglesia arriba, iglesia abajo, en esa especie de camarote de los Hermanos Marx en el que se convierten algunas cofradía en esos tristes momentos; y los antifaces con el cartón encima de los altares, cuando no en la canastilla de los paso; y los bancos de la iglesia llenos de gente llorando amargamente, precisamente los mismos que durante el año no se acercan a ella ni a un kilómetro a la redonda, como si tuvieran una orden de alejamiento de la hermandad. Expresiones de sentimientos absolutamente legítimos, y hasta puede que sinceros, pero inoportunamente hiperdramatizados .

Un "Extra omnes" a tiempo nos evitaría mostrar una de las caras más tristemente cómicas, y además daría motivo para que rajara contra la hermandad de turno, (casi siempre las mismas) los que habitualmente lo hacen bajo seudónimo en los periódicos y que curiosamente encima viven de esto (aunque eso merecería tratamiento aparte).


La imagen de una hermandad es tan frágil, sus reacciones ante una situación 
inesperada, tan imprevisibles que, en la alegría y en el llanto, en la salud y la enfermedad, como en las bodas, mejor que hubiera alguien que con voz engolada de camarlengo viejo dijera desde el atrio de la iglesia eso de "fuera todos", y luego cerrara solemnemente las puertas dejando fuera con toda educación  (no con la grosería con que alguien echó a unas cámaras de la competencia de un templo el día de la Magna, pero que como pertenece a una hermandad "amiga" no lo critican en los papeles) a todos los que nada tengan que ver con ellas, y así podamos reírnos o llorar tan a gusto, gritarnos fraternalmente, desollarnos vivos (como fieras, como cantaba Rocío Jurado) entre hermanos, a puerta cerrada, intramuros del templo, sin que luego nos tengamos que arrepentir de vernos en la tele en semejante trance, lo mismo que nos arrepentimos de esa foto de hace unos cuantos veranos, cuando estuvimos en aquel sitio de vacaciones y nos pusimos esa camisa de estampados imposibles que ahora no tendríamos valor, ni otra cosa, de ponernos. Lo mismito.

martes, 12 de noviembre de 2013

EL EJEMPLO DE LA MACARENA


De todos es sabido que hay hermandades, como la de la Esperanza Macarena de Sevilla, que ejercen una innegable influencia en este tan peculiar, tan querido, y a veces tan difícil, universo de la Semana Santa. Todo lo que hace la Macarena es imitado, principalmente en lo estético. Sus cánones son reproducidos hasta el plagio, aquí y fuera de aquí, traspasando fronteras locales, regionales y nacionales. Todo lo que la Macarena toca lo universaliza, le da una trascendencia y una repercusión que ninguna otra cofradía es capaz de hacer. En esa hermandad nos miramos todos. Por eso no me extrañó absolutamente nada cuando leí hace unos días que podemos encontrarnos imágenes de la Virgen Macarena en iglesias de ciento ochenta y tantos países del Mundo. Por algo será.

Y también por eso, o precisamente por eso, y a mi entender, tiene tanta importancia lo ocurrido el pasado domingo en las elecciones de esta hermandad.

¿Y qué es lo que ha ocurrido? Pues ni más ni menos que los hermanos de esta popularísima cofradía, mayoritariamente, han vuelto a dar una lección de cordura. Otra más.

No tengo el placer de conocer personalmente a ninguno de los dos contendientes en esta dura batalla para alcanzar la vara de las capillas, no tengo ni filias ni fobias hacia ninguno de los dos, en principio.... Es más, leyendo sus programas electorales (qué trabajito me cuesta utilizar esta expresión referido a las cofradías) no hay apenas diferencias  del concepto que ambos tiene de lo que debe ser su hermandad. Además, el macarenismo de los candidatos estará más que demostrado, supongo. Entonces,  ¿por qué esta guerra, este torneo cerca de la calle Torneo para lograr dirigir las huestes de esa Dama, y vaya Dama? Y como el romanticismo no se estila, ya sé  que no se estila, ni creo en el buenismo, ¿por qué entonces el candidato más joven no respetó el segundo mandato de su contrincante antes de meter a su hermandad en este fregado electoral con dos candidaturas cuando no había ninguna necesidad, por más derecho que tenga, que los tiene, y por muy legal que fuera, que lo es.

 Y es que por más educación que se tenga, por muy elegante que se sea, en un proceso electoral con dos (o más) candidaturas, al final las hermandades siempre se resienten, quedan tocadas, y algunas hasta heridas de muerte. Aunque este no sea el caso.

Y además alterando la paz social en una hermandad que celebra gozosa un Año Jubilar,  que culminará con la celebración del cincuenta aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza. Y a lo mejor por eso alguien ha podido pensar que esto se ha hecho buscando únicamente la foto que la hermandad lleva esperando más de cincuenta mayos, la imagen de la Virgen presidiendo un pontifical en la Plaza de España. Pero con él en la foto.

Por eso creo que los hermanos de la Macarena han dado un ejemplo de cordura propinando un puñetazo encima de la mesa (electoral) y la seria advertencia de que con la Macarena no se juega. Han dado un porrazo, una llamada de atención con el martillo del dragón, como queriendo decir que quién aspire a hermano mayor, tendrá que hacerlo sin romper la paz del atrio, desde dentro, que los lógicos cambios generacionales se deberán suceder sin fracturas, que la vara dorada se vaya pasando como testigo en la carrera de fondo, multisecular, de esta hermandad. Han dado la orden expresa de que si hay distintas sensibilidades dentro de la hermandad, que se pongan de acuerdo y no se rompa nunca la unidad a la hora de renovar el gobierno de la cofradía.

Este frenazo en seco al aspirante supongo que enfriará muchos ánimos, porque de haber triunfado no sería de extrañar que en las sucesivas elecciones pudieran haber dos, o tres, o cuatro candidaturas. Todos sabemos que ser hermano mayor de la Macarena es más, mucho más que ser alcalde de Sevilla. Siempre habrá quien apetezca el cargo.

Se comenta en los Evangelios que cuando Santa  María Magdalena, San Juan y San Pedro acuden corriendo al Sepulcro después de resucitar Jesucristo, por la agilidad propia de la edad, llegó primero San Juan. Pero no entró. Por respeto a la edad de San Pedro, o por miedo al Sepulcro vacío, esperó que el apóstol más anciano entrara antes.

Pues eso es lo que el candidato más joven debería haber hecho. Por respeto a las canas, o por miedo al daño que pudiera hacer a la institución, debería haber esperado que se cumpliera el segundo mandato de D. Manuel García, porque da mucho que pensar que alguien le haga frente a quien le puso en su junta y, por tanto, considerado como persona de su confianza.

Si los hermanos han actuado así no ha sido por casualidad, saben que actuaciones como estas hay que cortarlas de raíz por el bien de la hermandad. Estoy seguro de que tardaremos algunos años en que se repita esta misma situación. Hay leyes no escritas en las hermandades que deberían seguir en vigor, como la de respetar el segundo mandato de la junta gobernante, y muchas otras más que se están perdiendo en esta carrera hacia el vacío a la que aparentemente se han lanzado nuestras cofradías.


Por eso solo queda felicitar a los hermanos por la decisión adoptada el pasado domingo. Solo un lunar, el exceso en la celebración de la junta ganadora, solo justificable por la tensión acumulada durante los días previos y durante la propia jornada de las elecciones. Y porque no sabemos, gracias a Dios, lo que habrán tenido que soportar, unos y otros; aunque unos más que otros. Quien ha pasado por ahí lo sabe y lo comprende perfectamente.

jueves, 7 de noviembre de 2013

COFRADES DE LA NEW AGE

Que traducido resulta cofrades de la nueva ola, o pijocofrades, dicho sea sin ánimo de ofender, término acuñado por mi muy admirado periodista D. Carlos Navarro Antolín para designar a esta nueva raza de cofrades, y añado yo que no cofrades de raza, que ha irrumpido y con fuerza en el panorama cofrade universal, nacional, regional y mucho me temo que también local. Es decir, que de esta epidemia aquí no se libra nadie.

Hasta ahora conocíamos y nos habíamos ocupado de los canikofrades y de  los rancios, pero a diferencia de ellos, a los pijocofrades ni les gusta esto, ni les duele, ni les va ni les viene, ni nunca lo han llevado ni lo llevarán en la masa de la sangre. Son advenedizos temporales que consideran a las cofradías como un medio de promoción, una pasarela donde mostrarse, donde vender su imagen, imagen no sagrada precisamente.

Creen ellos que las cofradías son clubes sociales a cuya selecta directiva tienen que pertenecer a toda costa, por pantalones, o sí o sí. Cuanto más popular o notoria sea la cofradía, más aspirantes de esta calaña tendrán. Pocas veces los veremos medrar en cofradías modestas o de poco tirón.

Lejos de los canis y los rancios, el atuendo que los identifica es actual y estudiado, presentan un look un puntito transgresor, pongamos que traje de buena marca azul clarito, o chaqueta beige con zapatos de color, nunca negros, no vaya a ser que los confundan con los rancios, de los que se quieren apartar ya que representan el pasado y ellos se postulan como el futuro (pues  vaya un futuro). Son tan versátiles que lo mismo adquieren un look pepero, con corbatas lisas de colores ácidos y con el nudo gordo, grande como el sillín de una Vespa (copyrigth Antonio Burgos), o uno más casual (léase cásual) más próximo al prototipo socialista descamisado...  Descamisado de camisa Ralph Lauren y pantalón de Tergal, eso sí.

Esta versatilidad, este camaleonismo les viene de familia. Porque aunque algunos sean pijocofrades de nuevo cuño, surgidos por generación espontánea, la inmensa mayoría son descendientes directos de aquellos que vivieron toda su vida arrimados al perol del poder, primero del franquismo y luego del socialismo. De ahí que a estos jóvenes, y otros ya no tan jóvenes, no se les conozca ni oficio ni beneficio. Pero han conseguido okupar un puesto de trabajo sin pasar por oposiciones ni por prueba alguna de nivel ya que accedieron a ese puestecito de trabajo, normalmente en la administración, al mismo tiempo que la tecnología digital, es decir, a dedo.

 Eso sí, son especialistas en la realización de másters, y por eso quieren dirigir a la hermandad como si fuera una empresa, la quieren llevar con la frialdad del que solo busca beneficios en el balance final del año, mayormente el suyo, claro está. Nunca tendrán en cuenta la opinión de los que saben, ni mucho menos apoyarán (antes bien, se reirán de ellos) a los que se han hecho cofrades en las entrañas, cálidas de hogar, de la hermandad, a los que considerará unos muertos de hambre que, pobrecitos, no han tenido otra cosa mejor que hacer en sus vidas los muy desgraciados que trabajar y entregarse en cuerpo y alma a sus hermandades. Recelosos de esa fidelidad no pueden entender que la cofradía para estos cofrades que ellos denominan rancios o, despectivamente, los de siempre, sea literalmente su vida. Es más, intentarán anularlos por todos los medios, se vea o no se vea perjudicada la hermandad.

Ellos saben que su fuerza, que su poder estriba en granjearse la confianza de los descontentos con la junta en ejercicio, aunque luego en privado se carcajeen de ellos y los despellejen vivos, pero eso sí, fraternalmente en Cristo. Porque más que inteligentes son listos; más que simpáticos, encantadores de serpientes que saben pescar como nadie en las aguas donde proliferan y nadan los mediocres, de los que no tendrán empacho en servirse. Sonrientes como políticos en permanente campaña electoral, pero albergando por dentro una muy malísísima mala leche, y un "ya llegaré yo, ya me las pagarás" perpetuamente en sus cabezas. Como si hubiera que defenestrar incluso a los propios fundadores de una hermandad, ¿a ellos qué más les da, si esto no les preocupa? Dilapidadores de herencias, de estilos, de personalidades, en las cofradías a dónde acceden queriendo dejar su impronta.

Prometedores de mantos bordados, coronaciones canónicas y hasta de capillas propias si llegan al poder. Teóricos de la Semana Santa sin raíces delante de una copa de balón en pubs de moda, y doblegadores de voluntades grises a base de convidás. Márketing puro.Defensores y adalides de la democracia en las hermandades que obligue a la alternancia en los cargos, pero en la que después no creen, o creen hasta que llegan ellos y automáticamente cambian de opinión y se agarran a la vara como si en ello les fuera la vida.
Porque lo que se dice en puridad trabajar por su cofradía no han trabajado nunca, ni se les espera. Alguna gestión de guante blanco, la subvención de algún cartel, de alguna publicidad para el boletín...Pero las malas noches para los mayordomos y los priostes. Y de abrir la cartera, más bien poco, como no sea en campaña electoral en la puñetera barra del bar de la casa hermandad.

Tampoco son ellos muy de quinarios, ni de triduos, ni besamanos, ni besapiés, ni misas de domingos... Pasan por los cultos como de puntillas. Van como si tuvieran que fichar en una fábrica, compromiso puro, como para justificar su asistencia y poderle echárselo en cara, si se tercia, al que no fue, cuando a lo mejor el que no fue a los cultos hace más por la hermandad que el pijocofrade durmiendo.  Sin embargo, a lo que no suelen fallar es a la comida de hermandad, allí se mueven como pez en el agua, saludando de mesa en mesa como novios en banquete de bodas. Y a los postres, cuando la ingesta de licores ha alcanzado su nivel adecuado, en más de una ocasión han hecho sonrojar al hermano mayor contando chistes fáciles de curas, obispos, del papa, y de todo lo que se menee y lleve sotana en la Iglesia, en presencia del predicador de turno, aunque uno de los placeres favoritos de esta ralea es hablarle de tú a los curas, eso les disloca, es que se derriten de gusto, lo más de lo más, demostrando una falta elemental de educación (otra cosa es que el sacerdote le apee del tratamiento).

Este nuevo espécimen aún no ha dado aquí su verdadera cara, pero sí que ha demostrado ya sus habilidades en culturas cofrades superiores a la nuestra. Y el resultado ha sido devastador, desde dejar a la hermandad con la grave hipoteca  (además de en lo económico) de una gestora impuesta (ahora se dice comisariado), hasta  hacer saltar por los aires la paz social de hermandades enfangándolas en procesos electorales que las dejarán divididas y enfrentadas por mucho tiempo.
Así es que, por la cuenta que nos tiene, estemos precavidos, vacunémosnos contra esta incipiente pandemia, pensemos antes de votar a quiénes metemos en nuestras juntas de gobierno, que luego sacarlas de la vida de las hermandades, por su forma de actuar, es difícil, doloroso, y a veces, ya muy tarde. Porque hablar de la formación cofrade y religiosa de esta nueva ola de cofrades daría para otra larga, larguísima reflexión. Y la verdad que da pereza. No hay ganas. Quizás en otra ocasión. Ya por hoy con esto tenemos bastante.

miércoles, 30 de octubre de 2013

LA CRUZ DE HALLOWEEN

Con el trabajito que le ha costado a la Iglesia cristianizar durante siglos las fiestas paganas para que ahora de golpe, y a inusitada velocidad, empecemos a recorrer el camino inverso.

En esta desnortada y desnaturalizada sociedad española ya nada es lo que parece. Nos hemos ido encargando de que el día del Pilar sea ahora el Día de la Fiesta Nacional, a los niños se les intente dar vacaciones de invierno por Navidad, de primavera por Semana Santa, y porque les salió mal y no pudieron (con la Conferencia Episcopal hemos topado) si no hoy celebraríamos la Constitución el seis de diciembre y ya hubieran suprimido el día de la Inmaculada Concepción, por cierto, Patrona Principal de España como bien ignoran nuestros queridos políticos y ciudadanos en general.

Pero donde alcanzamos nuestro máximo grado de catetismo, la cumbre de nuestra  gilipollez, el cénit de la bobaliconería, es en la celebración del solsticio de verano, solo superado de manera clamorosa, con la estupidez elevada al máximo exponente, al climax de la horterada, con la celebración de Halloween.

Bien está que la sociedad de consumo dicte sus normas y nos obligue a comprar lotería de Navidad (¿y si cae aquí?) en las casetas de colombinas, comer polvorones en oferta de los Ángeles  en febrero sentados en los palcos de carrera oficial, y que sea primavera, no cuando lo diga el calendario, sino cuando lo anuncie El Corte Inglés. Pero lo más curioso y desconcertante es que esto tenga el inestimable apoyo de los medios de comunicación, especialmente de las cadenas de televisión más progresistas, dirigidos por los mismos que encabezaban hasta hace unos años las más feroces manifestaciones antiyankis, quemaban su bandera frente a cualquier consulado, y vociferaban en la verja de la base militar de Rota (yankis, go home), y hoy a estos se les hace el culo Coca Cola (made in USA, por supuesto, de la buena, buena) viendo a sus hijos o nietos disfrazados de mamarrachos pidiendo de puerta en puerta de urbanizaciones, preferentemente de extrarradios, truco o trato.

Tanto es así, tanto y tan pronto va arraigando en esta vieja piel de toro esta americana majadería que ya puestos deberíamos establecer, como los Nobel o los Príncipe de Asturias, un premio, pongamos que la Gran Cruz de la Orden de Halloween, como máxima condecoración que distinga cada noviembre la impotencia ante tanta estulticia y premie las enormes tragaderas de una nación, la española, que se avergüenza acomplejada de su mejor patrimonio sentimental, especialmente el religioso, y que no tiene reparos en adoptar costumbres importadas, aunque sean tan absurdas como ésta que nos trae.

Y que conste que esta simpleza afecta a tós por iguá, valientes, de lo más granado de la sociedad hasta las capas más populares. Vaya un ejemplo. Recuerdo que el mismo año que la muy pija revista ¡Hola! daba con todo lujo de detalle como novedad chuli, güay, ideal y fenomenal, la fiesta de Halloween que la gran actriz y superior intelectual Ana García Obregón  le ofreció a su hijo y a sus amiguitos, en Huelva, al mismo tiempo, empieza a celebrarse este monumental esperpento promovido por la Asociación de Vecinos de El Molino de la Vega. ¿Qué? ¿Cómo se les queda el cuerpo? Es que los dislates no tienen fronteras. Y con lo que nos gusta una novedad, aunque no sepamos exactamente en qué consiste esa celebración, no nos importa apuntarnos. Y además si de camino vaciamos de contenido religioso las fiestas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, mejor que mejor. Todo muy lúdico, progresista y sostenible.

Claro que también las cofradías parecen que quieran echar una manita cuando leo que una hermandad de nuestra provincia ha organizado una "zambombá" (muy de Huelva también, por los cojones) para el día dos de noviembre; o ya puestos podrían proyectar la cabalgata de los horrores con muchas de nuestras dolorosas disfrazadas de Hallooween, más que vestida de luto, con la cabeza vendadas, reliadas como momias, usando ornamentos propios del sacerdote como estolas, y devanándonos los sesos sacando supuestos estudios antropológicos para justificar semejante aberración diciendo que vestimos a la Virgen como Sacerdotisa del Dolor. Y nos quedamos tan panchos. Por cierto, el metro de tela negra está tela de barata en Tejidos Madrid como para que algunos usen su túnica como disfraz esa joía noche, que más de una he visto yo.

 Con Halloween ni trucos, ni tratos. O corregimos el rumbo, o aquí que ya no comemos pavo ni por Navidad, (solo los que hacen régimen), lo acabaremos comiendo para celebrar el Día de Acción de Gracias como al Corte Inglés se le meta entre ceja y ceja, lo mismo que se propuso que triunfara ese señor gordo con barbas blancas y vestido de rojo que llaman Papá Noél. Y vaya si lo consiguió.

  La cosa siempre ha sido mucho más fácil, más natural. Nadie nunca tuvo que venir de fuera para enseñarnos a celebrar los tosantos ni los difuntos. Lo que tenemos que hacer, lo que siempre hemos hecho, es oír misa para pedir por nuestros seres queridos ya fallecidos, por todos los que murieron en nuestra Fe, para que Dios los tenga con Él en la Gloria.


 Y luego en casa, en esas noches de noviembre, íntimas de crisantemos violetas, al calor de un brasero oliendo a alhucema,  leer las Rimas y Leyendas de Bécquer, el Monte de las Ánimas, Maese Pérez el organista..... y comer castañas y boniatos, y buñuelos de crema y huesos de santo (Jorva, Jorva, ¿por qué me has abandonado?). Y vamos a dejarnos ya de tantas tonterías. Señor, ¡qué hartura de trocherías! ¡Qué cruz de Halloween!

miércoles, 23 de octubre de 2013

Y AQUÍ NO HA PASADO NADA

A parte de otras consideraciones, coincidiremos en que las cofradías de Huelva tienen mala suerte, muy mala suerte. Me gustaría que fuera correcto escribir "muy malísima mala suerte", pero las reglas del superlativo de la Lengua Española no lo permite, y aunque lo permitiera los adjetivos se quedarían cortos.
Lo vivido recientemente en torno a la celebración del denominado Acto de Fe, a lo que siempre le he añadido "y Procesión Magna de la Pasión de Cristo" aunque fuera políticamente incorrecto y eclesialmente inadecuado, porque nunca me ha gustado seguir consignas cofrades sin sentido que le quiten sentido cofrade a un acto organizado (o mejor, desorganizado) por las propias cofradías. No tendría mucha lógica sacar los titulares de dieciséis cofradías y una hermandad de gloria y no llamarle a esto procesión. Así que no queda otra que aceptar pulpo como animal de compañía.

Este Acto de Fe, esta Magna de Huelva tiene secuelas y precuelas, como ocurre con las películas de éxito, en este caso una película muy cercana al género del suspense, un suspense de más de siete horas de lluvia manejándose partes meteorológicos de la Señorita Pepis, y también de terror al ver un mar de paraguas alrededor de los pasos, e incluso de misterio y ciencia ficción al quedarnos sin saber qué hubiera sido de la Magna si no hubiera llovido.
Todo lo lamentablemente acontecido este diecinueve de octubre es susceptible de ser comentado, analizado, e incluso criticado (anda que no habrá por dónde). Pero lo que se está haciendo desde determinados sectores  más que criticar es vomitar irracionalmente sobre la herida, orinar sobre ella, echarle sal para que escueza más. Si al menos echáramos alcohol de 90º dolería, pero al final sanaría. Y evidentemente no está siendo esta de corregir errores la intención.

Sería de necios negar la evidencia. Estaríamos ciegos si no viésemos que aquí han fallado muchas cosas, demasiadas cosas. Verdaderamente le hemos demostrado al mucho mundo cofrade que ha llenado nuestros templos, nuestras calles y nuestros bares cómo somos, no lo que somos, no cómo es nuestra Semana Santa.

Pero por si hubiera alguna pregunta en el aire o alguna duda sobre ella, hemos, no ya quemado, sino achicharrado, abrasado nuestra imagen incendiando las redes sociales con comentarios, seguro que merecidos y certeros, pero evitables para no seguir ahondando en la deformación que de la Semana Santa onubense estamos creando. Cuando un hijo nos sale poco agraciado (es decir, feo de cojones) los padres y sobre todo los abuelos solemos decir eso tan socorrido de "pero es muy gracioso". Aquí, ni eso.

De todo lo sucedido hay tres frentes dignos de reflexión, tres perspectivas diferentes que, a mi modesto entender, marcaron estos días.
El primero, lo mejor, lo más brillante, fue ver a la muy abúlica ciudad de Huelva por fin ilusionada con algo. Nunca vi a la ciudad tan entregada, tan visitada. Nada ha suscitado fuera de nuestras fronteras locales tanta expectación, ni cuando los míticos Colombinos, ni feria de toros, ni veranos que valgan. Nada ha atraído a más gente a Huelva que esta malograda celebración. Que no era llenar bares y hoteles misión de la Magna está claro; pero no creo que le haya ido nada mal a la maltrecha economía de la ciudad.
De esta primera parte me quedo con la inagotable imaginación de los priostes supliendo carencias patrimoniales; con los miles de kilos de alimentos depositados a los pies de los pasos bordando faldones con el oro de la Caridad, sinónimo del Amor (la solidaridad para los sindicatos); con la alegría de ver trabajando al unísono al mundo cofrade que voluntariamente quiso participar en este excepcional (por lo inusual) evento con un mismo fin; con la cara de sorpresa del que venía de lejos y se encontraba con nuestras imágenes por primera vez; con el reencuentro de los hermanos; con el trabajo, con la entrega de aquellos que jamás abominarán de sus cofradías en Internet. Porque como tantas veces, los que más azotan a las cofradías son los que menos trabajo, tiempo y dinero gastan en ellas.

Luego llegó el día D, a la hora H, y a la hora I, y a la J, y a la... Y asistimos a una cascada de despropósitos difícilmente superable. Coordinar, informar, decidir y dirigir, fueron verbos poco conjugados durante el pasado sábado.  Y me consta el trabajo y las horas dedicadas por el consejo a este noble empeño. Pero de nada sirvió, no fue bastante. Aunque no olvidemos que quienes decidieron sacar sus pasos a la calle lloviendo no fueron los miembros del consejo. No creo que nadie le pusiera una pistola en la nuca a ningún diputado mayor de gobierno ni a ningún hermano mayor para que se echaran a la calle de la manera que se echaron. A cada cual , lo suyo. Uno por no suspender a tiempo el Acto de Fe, y otros por no suspender a tiempo sus salidas. Suspensos por no suspender. Hay que ver lo fácil que es perder en unas horas lo que tantos años nos ha costado conseguir: la imagen de seriedad y el respeto de una sociedad que está deseando cogernos en un renuncio. Y se lo hemos dado en la misma bandeja que sirve para recoger las precipitaciones de un pluviómetro. Pero tampoco es para coger complejo de inferioridad, ¿o habrá que recordar lo que ocurrió en Sevilla el día de la suspensión del Vía+Crucis Magno? Otro espectáculo. En todos lados se cuecen habas.

Y por último el Acto de Fe en sí celebrado en la Plaza de las Monjas el domingo por la mañana. Ciertamente me sorprendió, sí...Porque me esperaba todavía  menos gente. ¿De verdad que alguien esperaba otra cosa? Yo no, será porque estoy acostumbrado a ver medio vacías las misas de domingo, triduos y quinarios, y a rebosar los ensayos, conciertos y verbenas. Nada nuevo. ¿Por qué iba a ser esto una excepción? Días antes había quién hubiera matado por una silla en medio de la plaza. Pero claro, al otro día, sin pasos, pues.....
Por otra parte, y desgraciadamente, la lluvia también ha servido para retratarnos, y algunos hemos salido bastante mal en la foto. Aunque ya hubo quienes quedaron perfectamente retratados desde el mismo momento que se aprobó celebrar el Acto de Fe y la posterior procesión. Como un periódico local poniendo en portada el altísimo riesgo de lluvia, como con cierto recochineo; otros pavoneándose al día siguiente, pecho henchido y sonrisa amplia, por el fracaso cosechado; algunos subiéndose al carro a última hora para salir en la foto cuando ya se preveía una masiva asistencia de cofrades de toda España...Difícil fauna cofrade.

Hay quienes a modo de oposición política (siempre copiando lo peor de la sociedad civil) piden que rueden cabezas y se produzcan dimisiones. Ni motivos ni razones les faltan. Pero a ver si vamos también a derogar aquí una Doctrina Parot por lo cofrade. No sea que vayamos a amnistiar ahora trasnochadas alternativas, si es que las hubiera, al rebufo del desastre.
Ojalá cicatricen rápido las heridas y podamos recomponer pronto nuestra maltrecha autoestima. Porque hay quienes prefieren regodearse revolcándose en el fango, o en otra cosa peor, y hay quienes vuelven a refugiarse en el trabajo diario y callado de su hermandad sin vomitar exabruptos contra nadie, aún con la tristeza de lo que no pudo ser, con la mirada puesta en los próximos cultos, en la próxima cuaresma, en la próxima Semana Santa, y pidiéndole a Dios que no se vuelva a repetir semejantes situaciones. Con ellos me quedo buscando el futuro.

Por eso, ya es hora de que cada imagen regrese a su altar, guardar la plata ya limpia. Y aquí no ha pasado nada. Por la cuenta que nos tiene.



miércoles, 18 de septiembre de 2013

SALE EL NAZARENO, SALE MI FE



Creo que todos estaremos de acuerdo en que para proclamar nuestra fe no hubiera hecho falta ningún acto especial, ni procesiones extraordinarias ninguna. Creo incluso que la Fe, así con mayúsculas, está muy por encima de manifestaciones más o menos especiales, donde a lo mejor pueda quedar diluida, como disuelta entre tanto estruendo celebrativo. Pero creo también que se está vapuleando por lado y lado y sin piedad al Acto de celebración de la Fe que se prepara en Huelva.


Si nos ponemos por la tremenda, nada de las cofradías es crucialmente necesario para vivir la Fe en cristiano. Ni viacrucis cuaresmales, ni quinarios a nuestras sagradas imágenes, ni siquiera la estación de penitencia del día de salida... Nada, si no se vive en el cumplimiento de los preceptos de la Iglesia. Con ir a misa los domingos y cumplir los Mandamientos, con todo lo que ello conlleva, sería bastante, no haría falta nada más para celebrar todos los días, no extraordinariamente, nuestra fe.

Pero miren ustedes por dónde las cofradías están fundadas para eso, para hacer pública manifestación de fe en sus estaciones penitenciales, y por tanto es lógico que en este año especial queramos hacer algo especial, ¿o es que nuestra ciudad o nuestra diócesis van a ser diferentes a las del resto de Andalucía? Otra cosa es cómo se organice y que dicho acto sea en verdad una auténtica lección de catequesis popular, en un mundo cada vez más alejado de la Religión, y donde las cofradías tienen mucho, muchísimo que decir con su incuestionable poder de atracción.

Por eso me causa perplejidad cómo, por un lado un exceso de puritanismo y por otro los que abominan de la Magna por cuestiones de estética o simplemente porque en ella no participen las mejores bandas de Sevilla, estemos una vez más dividiéndonos y dando el espectáculo. Cierta dosis de postureo también hay. ¿Cómo ha podido cambiar esto tanto en tan poco tiempo?

Cierto es que a un mes justo del evento apenas si sabemos en qué consistirá exactamente, que falta información, que a lo mejor (o seguro) se podría hacer de otra manera, que en Huelva hay cofrades capaces de haber organizado este acto con más ambición, pues puede que sí. Y cierto tipo de crítica es absolutamente legítima y bien fundamentada. Pero esta es la realidad que nos asiste, la que nosotros, si no querido, al menos hemos consentido. Y con eso es con lo que tenemos que contar. Al igual que tendremos que contar con las hermandades que sí han decidido participar y respetando a las que no lo harán, aunque sus razones, en algunos casos, no en todos, sean más de política interna, más de cainismo cofrade, más de vendetta contra el Consejo, que de estricto rechazo al acto de la Fe, o porque alberguen algunos temores, o porque sencillamente somos así de autodestructivos; vamos, de joíos y puñeteros.

El proyectado Acto de Fe tendrá éxito si se reviste de auténtico sentido cofrade, porque las cofradías tienen la habilidad de hacer tangible lo abstracto, humanizar lo divino, ponerle cara a la Fe en cada una de nuestras imágenes. Podemos tocarlas, acariciarlas, besarlas, pasearlas en triunfo por nuestras calles, acercarlas físicamente a nosotros, hacerlas terrenas sin que  pierdan su carácter sagrado ni su unción religiosa.

Por eso, y porque su hermandad así lo ha decidido, saldrá Nuestro Padre Jesús Nazareno, para que le puedan demostrar su Fe en la calle y a cara descubierta los mismos que se la demuestran a diario en el altar de su capilla. Porque no se entendería que la única imagen que ha sido solicitada por tres veces para presidir el Viacrucis de Cuaresma, rechazara la invitación del Consejo de Cofradías para un acto especial,  porque Huelva no entendería que en cualquier acto cofrade que se organizara faltase su Señor, porque siempre lo necesita, porque nunca se sacia de Él. Solo por la gloria de verlo alzado de nuevo sobre su paso, aunque sea quieto y dentro de su templo de la Purísima Concepción, ya habrá merecido la pena.

He dudado mucho en escribir de nuevo en este muro para volver a lamentarme de los males que aquejan a nuestra Semana Santa, arriesgándome a granjearme más enemigos y temiendo echar más leña al fuego. Pero dicen que "morimos cuando guardamos silencio ante las cosas que importan", y como yo no quiero estar muerto y me sigue importando las cofradías, por eso lo hago. Vuelta la burra al trigo. No escarmiento.


El próximo diecinueve de octubre, si Dios así lo quiere y la lluvia lo permite, vuelve a salir El Nazareno, sale la razón primera de mi Fe, y la de otros muchos, sale el Señor de Huelva. Con eso tengo bastante para desear, para soñar que todo salga bien y contribuir en lo que pueda a través de mi hermandad al esplendor de ese día. Y si queréis llamarme sacapasos, ¿qué le vamos a hacer? Lo entenderé, estáis en todo vuestro derecho. Nunca estamos contentos con nada.

miércoles, 17 de julio de 2013

LA MARGARITA DIJO SÍ

Ahora sí, ahora no. Ahora no hay magna, ahora sí hay magna. ¿Qué ha cambiado ahora para que lo que hasta hace apenas unas fechas fuera inviable por representar gastos innecesario en tiempos de crisis, ahora sean justos y más que necesarios? ¿Qué habrá ocurrido para dar este bandazo? ¿Quién o quiénes son los que han dado ahora su brazo a torcer retorciendo su anterior criterio? ¿Pero esto qué coño es?

Que quede bien claro que creo que las cofradías siempre, vuelvo a repetir por si no ha quedado claro, siempre deben estar al servicio de la Iglesia, su principal misión en el mundo actual no debe ser otro que servir, ser útil a la evangelización, con nuestra especial, distinta e inigualable forma de manifestar la Fe, pero en una actitud de ayuda y disposición al Pueblo de Dios en Huelva. Y al legítimo Pastor de la Iglesia Onubense como nos justa proclamar en las protestaciones de fe de nuestras corporaciones. Pero de ahí a que las cofradías sean como aquella costurera, María Pabilo, que cosía de balde y ponía el hilo, o como una puta que encima tuviera que pagar la cama, va un verdadero e insondable abismo.

Creo que ya es hora de hacernos valer, porque a pesar de nuestros defectos las cofradías siguen teniendo la dignidad que les otorga la sencillez de la devoción popular, tan defendida recientemente por SS Santidad el Papa Francisco, la fidelidad a la Iglesia durante siglos y la de ser de las pocas entidades aglutinadoras de fieles que nos quedan. Por eso no se merecen el trato que a veces reciben de quienes más deberían cuidarlas y defenderlas, y por supuesto que no se puede generalizar, pero hay a quienes se les nombran las cofradías y parece que se les mentara al diablo (Ave María Purísima). ¿Por qué un Santo entierro Magno no, y ahora una megaprocesión sí?

Creo que perdimos una gran ocasión y que hubiera sido más oportuno aquel fallido Santo Entierro Grande, que esto que ahora se propone, habiéndose realizado incluso en Viernes Santo. Porque mira que se dijeron trocherías en detrimento de aquella propuesta, destacando sin duda alguna aquella que aseguraba que era una ofensa para las hermandades del Viernes. ¿Cuándo se hubieran visto en otra? Pienso que al acompañamiento habitual que llevan estas hermandades se les hubiera sumado los fieles que hubieran acudido atraídos por la excepcionalidad de esta procesión, fundamentalmente de gente que habitualmente no ven esas cofradías, incluso venidas de fuera. Además, da la casualidad que por los momentos de la Pasión del Señor que representan, hubieran encajado cronológicamente en su lugar de paso habitual en esa jornada.

Pero no es momento de lamentarse, aunque piense que se ha perdido una gran ocasión para haber dicho no , ahora no, a esta magna. Ahora de lo que se trata es de que esta manifestación de Fe se programe a la perfección para que sea un acto que se recuerde para siempre, algo que motive y sea reflejo de la sinceridad con que las hermandades onubenses muestran, en este caso a cara descubierta, las verdades de nuestra Fe, aunque su convocatoria salga a la luz en un tiempo poco propicio, más pendientes de meybas y bikinis que de otra cosa  (aunque a los más jartibles nunca les coge estas cosas con la guardia bajada), para que nadie pueda decir que nunca estamos contentos con nada. Me imagino que costará Dios y ayuda sacar en agosto un cabildo adelante, pero seguro que habrá fórmulas para que todo llegue a buen puerto, ahora que estamos en la octava del Carmen.

Lo hecho, hecho está. A pesar de lo que personalmente podamos pensar, todos deberemos poner de nuestra parte para que la petición que el obispo hace a las cofradías para celebrar digna y cofradieramente el Año de la Fe sea multitudinario y podamos demostrar, por si hubiera alguna duda, el poder de convocatoria que tienen nuestras asociaciones de fieles.


No es cuestión de ser ni hostiles ni servilistas, pero a ver si de una puñeterísima vez se nos empieza a tratar con más seriedad, aún con nuestras carencias, y poniéndonos en el sitio que merecemos, y dejamos ya de deshojar a conveniencia, ahora sí, ahora no (ya está bien, carajo) la antojadiza margarita que doblegue la voluntad del conjunto de las hermandades y cofradías que conforman la Semana Santa de Huelva.