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domingo, 13 de diciembre de 2015

HUELLAS EN EL CRISTAL

Ahora que desde tantos y tan distintos frentes, y hay que reconocer que muchas veces con razón, se pone en tela de juicio la labor de los priostes; cuando en este circo de tres pistas en el que estamos convirtiendo la Semana Santa cualquiera opina y cualquiera desde un periódico o con un perfil en Facebook se cree catedrático de lo que se tercie, no sería mal momento para pararnos a reflexionar sobre el trabajo de este importantísimo, mal que a muchos les pueda pesar, aspecto de una cofradía.

Los priostes, esos buenos priostes que todos hemos conocido en tantas cofradías, son gente especial, no en sí mismos, sino por el carácter del trabajo que desempeñan. Ellos no trabajan con papeles de la secretaría, ni con los dineros de la mayordomía, por supuesto que tan necesarios para la hermandad como cualquier otra cosa. Los priostes tratan con lo más sagrado, nada más y nada menos que con las sagradas imágenes y todo lo que las rodea. Pero siempre están expuestos a la crítica del que sabe de cofradías y de los que no tienen ni remota idea de lo que es esto.

Muchos, muchísimos grandes cofrades han empezado su andadura en la priostía de la hermandad. Y como lo que se roza (casi siempre a diario) es lo que se quiere, han creado un vínculo con su cofradía difícil de disolver. Suele ser gente entregada, celosa de su labor, dedicados a su empresa, agonías (no jartibles como ahora se les ha dado en llamar a los que están todo el año hablando de Semana Santa, pero solo eso, hablando).

Pocos cargos en las juntas de gobierno son a la vez tan agradecidos ni tan sacrificados, si es que se quiere desempeñar con honradez. En una priostía siempre, absolutamente siempre, hay algo que hacer. El prioste, la mayoría de las veces no vive la Semana Santa, vive para la Semana Santa. Mientras, otros, en pleno fragor de la Cuaresma tiene tiempo para todo y disfrutan de una exposición, o de un concierto, o pueden asistir al Vía+Crucis de esa imagen que tanto les gusta, o a la presentación del cartel. Los priostes, por lo general y en esa época (por algo un amigo mío les llama “pringostes”) andan hasta el cuello de trabajo, “pringaos” hasta la coronilla. Son a los que les toca recoger cuando los demás salen corriendo al acabar la función, los que no encuentran ya nada encima de la mesa, ni una mala cerveza, cuando después del quinario, de apagar y recoger, al fin llega al refrigerio fraterno que se daba en la casa de hermandad. Ni cola de pescado (frito). Ellos trabajan mientras otros disfrutan. Al menos en las cofradías que yo conozco donde no hay personal a sueldo.

Por otro lado, y generalmente, siempre han sido personas reconocidas en su labor y muy queridas por los hermanos, sabedores del sacrificio que acompaña a esa abnegada labor.

De lo que haga el prioste, o le permita hacer la junta de gobierno, depende en un altísimo porcentaje la imagen pública de la hermandad. De ellos es la responsabilidad de mostrar con decoro a los demás hermanos y a la ciudad entera, como ya dijimos antes, lo más sagrado de la cofradía, a Cristo y a la Virgen titular. A ellos, a los priostes, les corresponde la gloria y la responsabilidad, ¿nos parece poco importante su labor?

Entonces, ¿qué es lo que está ocurriendo para que estén últimamente en la picota, siendo objeto de las más despiadadas críticas? Pues sencillamente por lo mismo que está ocurriendo en otros aspectos de la Semana Santa pero que nadie critica, que incluso aplauden y jalean: La desmesura, la desnaturalización de las funciones que están llamados a desempeñar y el confundir un altar de cultos con un cursillo de escaparatismo. Y bien que me duele, palabra de honor, escribir esto.

De un tiempo a esta parte parece que no se montan los altares para glorificar a Cristo o a la Virgen, sino para vanagloria del prioste o de la junta que se lo consiente. Ponemos más interés en el altar del besamanos, más “creativo”, que en el triduo, que nos aviamos con lo que haya. Consentimos que las dolorosas se muestren en noviembre más bien disfrazadas que vestidas de luto, en aras de no sé qué rigor historicista. Imágenes de dolor vestidas para la Inmaculada como si las hubiera vestido Murillo, manto celeste al viento del virtuosismo (que indudablemente tiene) el que la viste. Pero esto no es una demostración de habilidades. Para eso está la papiroflexia y los programas de Art Attack. E incluso hemos llegado a ver la solemne incongruencia de imágenes de gloria vestidas de luto, o de hebrea. Sentadas en un sillón desfondando previamente el asiento y recreando un candelero con guata acrílica. Creo que todo tiene una lógica medida. Y unos límites. Y por supuesto que cada uno es muy libre de hacer lo que quiera y le dejen hacer.

 Vemos altares donde menos la imagen de la Virgen todo ha sido pedido a otras hermandades, y es normal hacerlo en ocasiones singulares, y por perentoria necesidad, por idoneidad e identificación de lo que se quiere celebrar excepcionalmente, pero creo que no por sistema. Así se da el caso de que un año el altar es “espectacular” y al año siguiente que no se pide nada, el altar pasa inadvertido. Y se les saca menos fotos. Ya se sabe: Días de mucho, vísperas de nada.

Hay altares que con cuatro blandones han creado escuela. Y otros donde solo ha faltado poner un columpio o un tiovivo, y han creado saturación. No es cuestión de cantidad, ni siquiera de calidad, sino de medida. Tanto el minimalismo como el maximalismo tienen cabida en nuestros altares de culto. Hasta el manomalismo, que dicen los entendidos en marketing que es la ciencia o habilidad de mostrar más con mucho menos.

He pertenecido desde siempre a la priostía de las hermandades. Sé, como muchos, de horas interminables preparando en la casa de hermandad, de entrar en la iglesia al atardecer y salir al amanecer del día siguiente, de cenas a las trágalas en la sacristía, y como cualquier prioste, he sabido apreciar y agradecer la gloria de tener en mis manos el objeto de la devoción de miles de personas. Por eso me duelen las críticas como al primero, pero hay que reconocer que nos estamos pasando.

Siempre pienso, al ajustarle la túnica al Señor las oraciones, las súplicas, las confidencias que se esconderán entre sus pliegues, soy consciente del privilegio de presentar su imagen a la devoción de la ciudad. O cuando, y en dos etapas diferentes en mi vida, le tengo que colocarlos atributos a la imagen procesional de Nuestra Señora de la Cinta, celestial patrona de Huelva, o preparar su paso, o montarle su altar. Jamás dejo de considerar semejante honor.

Ayer sábado, cuando precisamente atendía a la Virgen en su altar y limpiaba las huellas que los devotos de la Cinta dejan en el cristal que la protege en su camarín, como quienes acarician el sueño y quisieran romper el vidrio que los separa de Ella, pensaba justamente en esto, en que un prioste se debe solo a cuidar, a perpetuar generación tras generación la devoción y la identidad de las imágenes. Esto no es, ni debe ser una competición o trabajar con las miras de dar el “pelotaso” en el  próximo altar de cultos.

Libreas y música fúnebre en cultos de hermandades populares, imágenes de cofradías de silencio dándole vueltas de tuerca a la seriedad poniendo tan poca luz en la capilla que tienes que entrar agarrándote a las paredes y besar la imagen palpándolas primero… Falta de identidad y de criterio. Trasgresiones de estilo que empobrecen.

Ojalá que supiéramos mantener limpio, como el cristal que protege a la Virgen Chiquita, la idea y la personalidad de cada una de nuestras hermandades, gracias a Dios todas únicas y diferentes, y huyéramos despavoridos de la homogeneización. O que supiéramos respetar el legado que nos dejaron nuestros mayores, engrandeciéndolos, claro que sí, mejorando lo mejoreble, siempre de frente, pero donde las únicas huellas que dejaran los priostes en el cristal de la cofradía fuera el del respeto y la fidelidad a sus hermandades, acabando con la absurda competición de querer sorprender en la presentación de las imágenes en sus cultos. ¿Dónde ha quedado la imaginación y sacar de donde no había de los viejos priostes?


Y esto no se puede confundir con inmovilismo. Eso es otra cosa distinta.

domingo, 29 de noviembre de 2015

¿SORPRENDIDOS? ANDA YA…



¿Sorprendidos por el último sacrilegio perpetrado por un pseudo artista con cerca de trescientas (¡¡¡trescientas!!!) formas consagradas? Pues si ustedes quieren que les sea sincero, yo no. Hombre, un poco sí… A mi lo que verdaderamente me sorprende es que, gracias a Dios, todavía haya gente que se sorprenda. Y al mismo tiempo, de que se hayan sorprendido, indignado, o de que de verdad se hayan sentido herida en lo más profundo de su corazón, tan poca gente. Y sin querer dármelas de pío ni de que me tachen de arpío.

Verán ustedes, no me puedo sorprender de que ocurran estas cosas porque generalmente suceden más por falta de educación, información y por supuesto, por la muchísima mala leche que se exhibe impunemente contra los católicos, que por cualquiera otra consideración, digamos que más profunda, de más sentido teológico.

Yo no me asusto ya de nada porque díganme si hoy en día hay en España (hablo en general) alguien, menor de cincuenta y tantos años que sepa realmente qué encierra el Precioso Misterio de la Sagrada Eucaristía, díganme si los niños, incluso con preparación para la primera comunión, saben, y lo que es peor, creen, que Jesucristo está vivo y realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Yo pongo en duda que lo sepan y que lo crean. Y claro está que no se puede generalizar.

Y la culpa no la tiene nadie, absolutamente nadie, más que nosotros mismos. Ni en la familia, ni en el colegio, y muchas veces ni en la catequesis, sabemos inculcar el amor y la devoción Sacramental.

Es triste decirlo pero en muchos de nuestros templos cada vez es más difícil encontrar un reclinatorio delante del Tabernáculo. Los sagrarios, no es que estén abandonados, tampoco sería justo decir eso, pero a algunos, una manita de limpiaplata y una jarra de claveles a cada lado no les vendría nada mal. Y que dentro del templo ocuparan un sitio de privilegio, no donde menos estorbe.

¿Cuántos de nuestros jóvenes serían capaces de seguir un simple Pangue Lingua cantado, o un Tantum Ergo sencillito (el solemne ni de broma), o saber qué es una Bendición Solemne con el Señor en la custodia? Ninguno. Si no se lo enseñamos, va a ser difícil o imposible que sientan veneración y respeto por la Eucaristía. Antes por lo menos, el último día de quinario de cualquier hermandad de medio pelo acababa de esta forma y hasta con Procesión Claustral, pero ya no mola. Hoy parece que estemos deseando acabar la misa para salir corriendo al ágape fraterno, si es gratis. No se cuida, no se mima la adoración Eucarística. Por parte de nadie.

Esto que ha ocurrido en Pamplona no es más que el reflejo de esa elocuente paradoja de ver los confesionarios vacíos y las colas cada vez más largas para comulgar, y donde, por cierto, cualquiera puede ya dar la comunión.

Hace unos años, tampoco muchos, en cierta parroquia al dar la comunión el sacerdote, se cayó una Forma Consagrada al suelo, la que liaron después las hermanas del viejo cura para subsanar el desaguisado fue para tener en cuenta, corporales y purificadores tapando el sitio donde cayó la Sagrada Hostia hasta que acabó la misa, y una vez terminada, refregoteo inclemente e inmisericorde a la loseta donde cayó, y cuya agua no fue vertida en ningún sumidero, sino a una maceta de pilistras que había en la sacristía, como estaba mandado. Celo eucarístico, es poco.

 Este año y en otra parroquia, al contrario, en una primera comunión cayó también al suelo otra Sagrada Forma y alguien de la fila la recogió como si se hubiera encontrado una moneda de dos euros, la miró, la limpió con la manga de la camisa (todo un detalle) y se la dio al celebrante tal como si nada. Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Y no creo que a mejor. Al menos en el respeto a lo más sagrado.

La cada vez más extendida manera de dar la Comunión en la mano, tampoco creo yo que ayude al respeto y reverencia a Jesús Sacramentado, cuando casi nadie lo hace bien, y muy pocos comulgan delante del sacerdote. Solo así se explica que el energúmeno de Navarra haya podido coleccionar tantas Comuniones para hacer su obra de arte, o que se haya llevado un copón, y de los grandes, llenito hasta arriba.

Pero está claro que esto no le importa a casi nadie. Las manifestaciones de repulsa por este execrable sacrilegio (¿o tampoco a esto se le puede considerar un acto sacrílego?), pocas y con sordinas, parecen hechas como para no querer alborotar mucho el gallinero. Bueno, sí, pero gritad flojito…

Y a todo esto, ¿dónde está el pueblo fiel, las hermandades, especialmente las sacramentales? Pues cada uno a lo suyo, el pueblo fiel preparando las Fiestas del Solsticio, digo la Navidad, las cofradías a sus itinerarios, a sus estrenos, a sus ensayos… Y las sacramentales con sus líos de prelatura en la procesión del Corpus (donde por cierto cada vez vamos menos gente) y preparando la cera roja para los guardabrisas del pasocristo, eso sí. ¿Qué queremos, qué podemos esperar entonces?

 Luego nos extrañaremos de la reciente proliferación de adoraciones perpetuas, de hermandades sacramentales puras, o de pías uniones de nuevo cuño. Es que algo habrá que hacer por propagar la devoción y adoración eucarística, ¿no?

Y es que en general, somos cobardones. O nos da lo mismo ocho que ochenta, que es todavía peor. Nos da miedo dar la cara, nos pesa el qué dirán, que nos tachen de rancios, carcas, viejunos, cuando nada hay más nuevo que la devoción renovada día a día, o domingo a domingo, al Santísimo Sacramento.

No me valen manifestantes, ni fidelidades (admirables por supuesto) de beatonas de falda azul plisada, camisa blanca, crucifijo colgando al cuello, y rebeca por los hombros, respetabilísimas todas. O fervorosos cofrades de abrigo de cheviot. Creo que necesitamos, como los santos que pide S.S. El Papa Francisco, manifestantes actuales de pantalón vaquero que primero sepan lo que significa y luego defiendan lo más sagrado de nuestra Fe, al Jesús del Sagrario que desconocen, al que hoy arrinconamos en las esquinas de muchas parroquias en el mejor de los casos, o que directamente ignoramos. Porque de aquellos  abusos bajan, turbios y espesos, estos lodos. 

No es cuestión de lanzar ninguna cruzada, ni de montar un cadalso, ni celebrar ningún auto de fe en la Plaza de las Monjas, sino de demostrar solo un poco de coherencia, de mostrar el dolor de los pecados de una sociedad cuya execrable clase política, que votamos todos, es capaz de subvencionar y jalear sin rubor alguno una incomprensible obra de arte realizada con Formas Consagradas, en una desnortada y desnaturalizada Europa que aunque no lo sepa, tiene por bandera sobre el azul del Cielo, la corona de estrellas de la Inmaculada, Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Celestial Patrona de España.

Solo con que estos días de Pascuas en la mesa de camilla apagáramos la tablet de nuestros hijos o de nuestros nietos y le habláramos de Dios realmente presente en el Sacramento, algo habríamos ganado, y que en los libros de religión y en las catequesis nos dejáramos de tanto colorear y recortar y les mostráramos la Verdad y que las hermandades se emplearan en lo fundamental, otro gallo (no el de San Pedro negando) nos cantaría, y a lo mejor se nos removería los adentros cada vez que viéramos algo como lo de la aberración de Pamplona. Si no, seguiremos sin enterarnos de lo que va esto.

Por eso, no me extraña nada de lo que nos está ocurriendo, ni de lo que nos pueda ocurrir en adelante, porque me da a mí que esto no ha hecho más que empezar. Y a los hechos me remito.  

¿Sorprendido yo? Anda ya…

lunes, 12 de octubre de 2015

Y YO ME CAGO EN WILLY TOLEDO



Los franceses, que son tremendos para sus cosas, acuñaron el término “Gauche Divine” o “Gouche Caviar” (Izquierda Divina o Izquierda Caviar) para definir a esa ralea de militantes de izquierda, normalmente artistas, que predican una forma de vida propia de países de economía comunista pero que viven (¡y cómo viven!) como auténticos marqueses sacados de un libro de Flauvert.

Aquí, en España, tampoco nos libramos de esa plaga que tanto predicamento tiene en determinados medios, y que tanto les gusta a la gente.

Hoy, día de la Virgen del Pilar, de la Hispanidad y de la Fiesta Nacional, uno de los más reputados representantes de esa casta de vividores se ha despachado a gusto en su cuenta de Twiter cagándose en el Doce de Octubre, en España, en el Rey, en el Descubrimiento y en la Virgen del Pilar. Este tío llevaría estreñido un montón de tiempo para poder cagarse en tanto, ¿no?

¿Qué le habrá hecho a este gilipollas la Virgen del Pilar?

No sé si ustedes, amables lectores, se habrán percatado que los componentes de la Izquierda Divina, en español yo los llamo la Izquierda Chumina, aparecen y desaparecen de los medios de comunicación como el Guadiana. Aparecen durante un tiempo, promocionan sus productos, ora una película (normalmente malísima y tratando siempre de la Guerra Civil, donde los de izquierda eran estupendos, guays, solidarios, que no tiraban balas, sino bollos de leche, y los de derechas más malos que un cólico nefrítico o un parto en seco), ora un disco nuevo (producido por otro componente de la Izquierda Chumina), y cuando se le acaba el dinero, que ellos aborrecen como buenos comunistas que son (por los cojones), regresan a sus cuarteles de invierno, y cuando se le acaba lo recaudado, vuelven a la palestra.

Pero la culpa no es de ellos, no. La culpa la tienen los políticos que los subvencionan generosamente y los ayuntamientos que los contratan. Entiendo que los gobiernos de izquierdas, que son de su cuerda lo hagan; pero, ¿y los de derechas que lo hacen seguramente para que no les digan retrógrados ni fachas? Yo entiendo que si tuvieran que contratar a artistas de derechas no saldríamos de Nati Mistral y Arturo Fernández, y tampoco es plan. Pero, ¿es lógico que en una televisión para fin de año contraten con sueldos millonarios a esta gente, a los Ana Belén, Víctor Manuel (unos críos que están abriéndose camino) Bosé, a su prima Bimba, y se subvencione las películas de directores que dicen no sentirse españoles y actores que como este imbécil de Toledo se caga en todo lo cagable. Entiendo que el Psoe lo haga…Y entiendo, además, que el PP es tooooonto…

Por eso, ya estaba tardando este impresentable en salir a la luz pública para proclamar sus (en este caso escatológicas y pestilentes) soflamas y ha escogido tal día como hoy que es muy dado a arremeter contra todo lo que huela a patria, a religión , y a gesta colombina…Como si los ingleses hubieran conquistado Norteamérica sin llevar su fe, y donde  les encantan tener a sus hijos en clínicas caras, de capital y técnica israelíes, y que le den muchos premios Óscar, de los que los Goya son un puritito remedo, pero a los que asisten sin corbata, tremendo hecho diferenciador.

Pero nada, volverán a ser contratados y subvencionados. Y a seguir cagándose en lo que les dé la real (perdón, republicana) gana… Y en la Virgen del Pilar, que a ver qué es lo que les habrá hecho la pobre que desde que señalaron el día, su día, como Fiesta Nacional, ha pasado a un muy segundo plano en los informativos del día.

Yo, después de recomendarle al inconmensurable actor Willy Toledo que se tome un Tanaget cada ocho horas, arroz blanco y un perito rallado para su preocupante incontinencia anal, y que pidiera perdón a toda una nación, a sus gentes de cualquier condición política…y le rezara un avemaría a Nuestra Señora del Pilar, que es Madre y seguro que no se lo tiene en cuenta, me voy a ver en diferido el desfile de esta mañana de Madrid, porque estuve en el de la Guardia Civil en Huelva y todavía no lo he visto. Y aún así, ya tengo los vellos de punta.

Pero si por casualidad, y como es previsible, no me hace ningún caso, yo en desagravio no tengo ningún problema en gritar ¡¡¡Viva España ¡!! ¡¡¡Viva el Rey!!! Y ¡¡¡Viva la Virgen del Pilar!!!


A ver si así se caga ya definitivamente y se deshidrata tanto que no se repone ni con un Acuarius tomado a buchitos… ¡Qué hartura de tontos! Y de cagones… 

domingo, 4 de octubre de 2015

Y TÚ, ¿A QUÉ VIENES?

D. José Peguero Ortiz, grandísimo cofrade onubense ya tristemente desaparecido, cuando alguien se empezaba a interesar por ocupar algún cargo en los gobiernos de las hermandades de sus dos grandes devociones, la Virgen de la Victoria y la Virgen de la Cinta, siempre les preguntaba con socarronería y retranca de hombre curtido en mil batallas cofrades, que como todo el mundo sabe son las más cruentas: “Y tú, a qué vienes, a trabajar o a poner dinero? Sin rodeos. Así de directo. Así de claro.

Si viviera hoy Pepe Peguero, no sé las respuestas que obtendría a su incisiva pregunta. Porque, visto lo visto, hoy, no digo de a ser servidos, pero, ¿a qué venimos a las cofradías, a servirlas o a servirnos de ellas?

Los que crecimos en tiempos de estrecheces para las cofradías tenemos muy desarrollado eso que un amigo mío ha dado en llamar “El Espíritu de Recogimiento”, todo lo que podíamos “recoger” fuera, lo llevábamos a la hermandad, y no al revés. Había quienes llegaban a la hermandad cargado con lo “recogido” y salía con las manos vacías. Pero con el alma llena.

Todo lo que se pudiera aportar, bueno era. Desde los folios de la oficina de tu trabajo escritos por detrás para hacer los paquetes del dinero del cepillo, hasta los paños de quirófanos del Agromán (hoy del Juan Ramón Jiménez o Infanta Elena) para limpiar la plata (y mira que son buenos); desde arramplar con cuatro sillas viejas sobrantes de cualquier mudanza, hasta los palés de una nevera que había en un contenedor. A todo se le sacaba partido. Economía de subsistencia, creo que se le llama.

Cada uno aportaba según podía. Recuerdo al propietario de un bar que colaboraba con su hermandad con los terrones de azúcar del café para echarlos al agua de las flores porque así decían que duraban más. ¿Cuántas circulares de hermandades no habrán hecho las fotocopiadoras de ciertos centros oficiales con la eximente de que quién roba a un ladrón tiene cien años de perdón?

Antes, y sin que tu mujer se enterara, se distraía dinero (y más cosas) de casa para llevarlas a la hermandad. Pero ahora, parece ser que ocurre lo contrario.

Todos hemos conocido a alguien que asegura no poder pagar los cinco euros de una papeleta de sitio simbólica. Y te lo dice con un cubata en copa de balón en la mano. Y al que se lleva un “puñaíto” de incienso, que como todo el mundo sabe está para alabar al Señor, a la Virgen y a los santos, y no para ambientar una tertulia jartible ni el comedor de un Friki, para eso está el Ambipur…

Antes, cuando había alguna convivencia (o “combebencia”), la gente aportaba algo para comer, (o beber). Hoy salimos de la casa hermandad con los túpers (antes fiambreras) llenos con lo que ha sobrado del catering carísimo que ha pagado la hermandad con todo el dolor del corazón del mayordomo (antes tesorero), “total, si se va a quedar ahí…”

O el que se lleva las flores del paso para un enfermo, que a saber cómo andaría de salud el que las trajo y encima costándole el dinero.

Bien está que se invite a comer al vestidor que no es hermano (otra cosa es que acepte), al predicador de turno, al que haya hecho altruistamente algo por la hermandad… Pero que se apunte el prioste, la mujer y los niños, para que cuando lleguen a casa se tomen un vasito de leche y a la cama…

Hoy hay que ver la de gente que acompaña al homenajeado cuando la convidá corre a cargo de la hermandad, y lo solo que se ve el hermano mayor cuando hay que pagar lo tuyo y encima la parte proporcional del invitado.

O el que se lleva los carteles y los boletines a espuertas, que tiene que tener el altillo del ropero con más fondos que los sótanos del Museo del Prado y que si tuvieran que pagar cada cartel a cincuenta céntimos para la bolsa de caridad, no se llevaría ninguno.

Y así podríamos seguir hasta el infinito, y más allá. Puede parecer un discurso prosaico, nimieces, “pecatas minutas”. Pero es significativo de la actitud de muchos arrimados al gañote de las cofradías que contrasta con aquellos cofrades que pusieron en riesgo (y algunos hasta lo perdieron) su patrimonio para favorecer a su hermandad en tiempos de penuria, y que a lo mejor no sería digno de aplauso, pero habla mucho de la diferencia de criterio.

¿Dónde están esos cofrades que te metían en el bolsillo de la chaqueta el día de la función unos cuantos billetes casi sin que te dieras cuenta, y mirando para otro lado te decían que le compraras algo a la Virgen, sin comprobantes, sin facturas, porque sabían que si faltaba algo para comprarle aquella blonda que te encandiló en la vitrina de aquel anticuario, o en el escaparate de Velasco, lo pondrías tú u otra víctima de alguna “puñalá” cofrade , y que si sobraba, lo emplearías en cuatro caja de alfileres.

Existieron, tuve la suerte de conocerlos, de vivir el desvelo de ellos por su hermandad. Fui testigo de su altruismo. Unos con sobrada economía doméstica; otros, no con tanta.

Cierta vez, una señora, devota y cofrade, al bajarse de un medio de transporte, sufrió un traspié con su consiguiente caída, lesionándose sin gravedad. Pero se animó y denunció a la empresa ganando el pleito. La indemnización que recibió tiene forma de peana de plata donde se asienta durante todo el año una gran devoción de Huelva, ¿creen ustedes posible hoy algo así?


Y está claro que en la actualidad se bordan sayas, se tallan pasos, se consiguen cosas gracias al desprendimiento de mucha gente. Pero me da a mí que hay más de lo primero, de cofrades que no sabrían, o no podrían contestar a la lapidaria pregunta del recordado Pepe Peguero y aclarar a qué venimos a las cofradías. Porque lo de venir buscando fama, notoriedad, sobresalir en esta aletargada sociedad onubense, merecería un artículo a parte, y mucho más largo…Otra vez será.

viernes, 31 de julio de 2015

EN LA ESQUINA DE LA MEMORIA


Al Gran Poder de Isla Cristina, en el 75 aniversario de su llegada a La Higuerita.



Hoy te voy a esperar en la esquina de la memoria, en la casa que ya no existe, en la ventana que ya no está. Hoy te quiero esperar junto a los que ya se marcharon junto a ti, pero que de alguna manera también vendrán conmigo. Hoy voy a reencontrarme, después de más de cincuenta años, con el Señor del Gran Poder en las calle de Isla Cristina.

 Te veré pasar, como aquella única vez, enmarcado en la ventana abierta de mis recuerdos. Veré verte venir por la vieja calle de la Ermita, la que hoy lleva tu nombre, y volveré a sentir en pleno verano el frío de aquella lejana Madrugada helándome el rostro, un rato antes cálido de almohada y alcoba, en ese duermevela que muestran las imágenes de la infancia tras una cortina de brumas.

Te veré llegar, Cristo moreno de bronce, oliendo a marea y caminando sobre el empedrado de charol negro de la calle por el relente de aquella noche de primavera; luego, atajando por la calle de las Flores, te seguiré por el itinerario de mis recuerdos por la calle Carmen  camino del viejo mercado, ¿o ibas camino de la lonja? ¡Ay, la edad! que no perdona...

Pero seguro que te veré llegar otra vez a plena luz del día, disipada las brumas de la noche, ya de recogida, cuando las mujeres que caminaron detrás de ti, lanzaban hasta el monte de tu paso las velas, casi consumidas durante la procesión y cuyas llamas habían protegido del aire, a veces viento inclemente, con guardabrisas de papel de plata, o de periódico...Otra vez la memoria...

Pero seguro que al verte pasar, Señor de redes, vendrán enganchados en la última cantonera de tu cruz, como rodando en la orilla de los recuerdos toda la Isla Cristina que guardo en el corazón como un tesoro, querido y celosamente mío.

Así, Gran Poder de mis ancestros, al verte pasar me veré otra vez de niño camino de la playa a la sombra de las eucaliptos del Plantío, o jugando en el tablero cuadriculado, blanco y nácar, de las salinas.
 Oigo el estruendo de las sirenas de los barcos engalanados en el día del Carmen. Y oigo también el tronar de las tormentas en noches de temporal, seguido de una jaculatoria a la Virgen por los que faenaban en esos momentos.

Vuelven a mí el sabor de los dulces de Pavón, y el de las cocas hechas en casa y llevadas a cocer a la panadería casi de madrugada, cuando salían del horno el pan del día. O el sabor del vino dulce del casino de los pobres. Y cantaré entre dientes el viejo pasodoble que te define: Isla Cristina, qué hermosa eres.

Aletean por mi mente, como gaviotas por el zapar, coplas de carnaval en el teatro de Félix, y una murga parada en la esquina de la calle España el día de la cabalgata; y la procesión del Rosario suspendida por la lluvia; los viajes en la Cachonda para coger el tren;  los baños, negros de fango en el río Carreras;  las excursiones a Pozo del Camino, como quien iba de gira....

Pero de todos aquellos recuerdos, ninguno tan permanente ni tan querido como aquella primera y única vez que te vi en aquella Madrugada. Solo una vez, Señor. Porque sabes que a la misma hora que Tú lo haces por Isla Cristina, hay otro Jesús, Nazareno como Tú que carga con su cruz en Huelva, el que guía los pasos en mi vida.

 Fue solo una vez, la suficiente para que tu mano, junto con la de Carmen, mi abuela, abrieras las puertas de un mundo que luego sería "Mi Mundo", el mundo del amor por las cofradías, de la pasión por la Semana Santa.

Hoy vengo a darte las gracias, lejano Cristo de mi infancia, aunque siempre perennemente presente en mi memoria, y a pedirte que no sea la última vez que te pueda ver pasar por las calles de Isla Cristina, enseñoreándote de esa vieja y querida Higuerita, aunque ya no esté cuando pases ni la casa ni la ventana en la esquina de mi memoria, por donde entró de golpe el Gran Poder de Dios hecho imagen.

Ojalá que tu Madre Santísima me quiera otorgar esa Merced.

miércoles, 1 de julio de 2015

PUNTO DE INFLEXIÓN EN TRIANA



Conozco de la Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana lo mismo que cualquier cofrade medianamente informado. Sé del airoso andar de su paso de Cristo, de la exuberancia de las flores en su paso de palio, del "refregador" en el personal atuendo de la Virgen; del cariño hacia el vecino más antiguo del barrio, el Santísimo Cristo de las Tres Caídas; de la morena hermosura de una Esperanza que reta a otra Esperanza.

No estoy demasiado al tanto de lo bien, de lo mal o de lo regular que lo haya podido hacer la junta de gobierno que ha regido los destinos de la hermandad en estos últimos cuatro años. No tengo criterio para juzgar la labor que ha realizado su hermano mayor que ha optado a la reelección. No conozco la interioridad, el día a día, la realidad de esta popularísima hermandad y cofradía sevillana. Solo lo que leo y de vez en cuando veo.

Pero sí he estado al tanto del más que movido, áspero y mediático proceso electoral que acaba de vivir.

Nada hay que erosione más a una hermandad que unas elecciones con dos o más candidaturas. Nada que la denigre ni encanalle más. Ni siquiera la mala gestión de una junta de gobierno puede hacerle tanto daño. Harto estamos de oír y de comprobar cómo cada vez nos acercamos más a las formas, modas y costumbres de la depauperada clase política española, que tanto criticamos, a la hora de elegir junta de oficiales de gobierno: dípticos, presentaciones televisivas, presencia masiva en las redes sociales de Internet, eslóganes, acoso a los hermanos solicitando, casi comprometiendo su voto... Lo que acabamos de ver en la Esperanza de Triana ha sobrepasado los límites de la aberración. Hasta la muy sindicalista y antaño franquista forma de llevar a votar al personal en autobús, como borregos.

Por más que una de las parte no quisiera utilizar estas estrategias de marketing y propaganda, a veces plagadas de insulto, se ve arrastrada si la otra lo hace. Será signo de los tiempos, pero qué asco de tiempos.

¿Dónde queda ya el respeto, ese pacto tácito nunca escrito de permitir a un hermano mayor, por bueno, malo o mediocre que fuera, de presentarse a la reelección? La ambición, las prisas  por llegar (si éste tonto lo ha sido, ¿yo por qué yo no voy a ser hermano mayor?) el ser algo o alguien, se valga o no se valga, ciega la razón y se componen juntas de gobierno con lo primero que haya, nada importa, idoneidad o no, con tal de alcanzar la vara. Después, si se gana, ya veremos qué hacemos, siempre habrá algún tonto con las tardes libres que nos saque las castañas del fuego...

Pero parece que, con todo, puede que se haya producido un punto de inflexión. A pesar de todo, es como si los hermanos de la Esperanza hubieran querido castigar tanto despropósito rechazando a un candidato, al más mediático, al que sin haberse criado en las entrañas de la hermandad, sin haber pertenecido ni haberse formado en ninguna junta de gobierno aspiraba a hermano mayor. A quien entró en la cuadrilla de costaleros por la puerta de atrás, saltándose a la torera (nunca mejor dicho) una interminable lista de espera. Al que dijo que su imagen forjada en el papel cuché podría aportar mucho a la Esperanza (¿no sería al revés?¿qué falta le hará a la Esperanza de Triana la imagen de un famosete para ser lo que es?); al que dicen en los mentideros del viejo arrabal que se presentaba por despecho, por venganza, porque le mandaron quitar la jungla de árboles con el que quiso adornar la capilla de los Marineros para una de sus bodas...

Algo parece que está cambiando cuando se ha preferido la continuidad oficialista encabezada por un hombre de dentro, de los de siempre (y al que no tengo el gusto de conocer) al brillo engañoso de un nombre de colorín envuelto en el celofán de un apellido  mediático que nunca demostró nada. Solo por el hecho de ser popular.

Puede que lo sucedido en la calle Pureza, según muchos contra todo pronóstico (yo no lo creo así, hay testigos de que siempre confié en la cordura de la hermandad), haya alertado a las cofradías de que cualquiera que salga en los programas del hígado quiera aspirar a hermano mayor. Sálvame , Señor, de esta tropa que es capaz de someter a una hermandad a un polígrafo, sea de Luxe o más corrientito.


Después de todo, y a tenor de los resultados de las elecciones, aún hay Esperanza. Y en Triana parece que mucha más. Que cunda el ejemplo.