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domingo, 5 de junio de 2016

TIEMPO DE ESPIGAS



En la iglesia del viejo monasterio huele a incienso que alguien ha personalizado con raros, sutiles y secretos ingredientes. Se percibe en la sagrada calma del templo la inquietud en la preparación de los cultos solemnes al Santísimo Sacramento del Altar en la Octava de la Solemnidad del Corpus Cristi.

Fuera, en la calle y en la plaza donde se incardina el vetusto cenobio, en pleno corazón de la ciudad, la tarde bulle de sol y de gente ajena a lo que ocurre intramuros del sagrado recinto en esta tarde de comienzos de junio, de primavera tardía, de avanzadilla del inminente verano, cuyas luces líquidas de oro nuevo doran el cimborrio de la cúpula y la sencilla espadaña.

En el templo, el leve murmullo, como a soto vocce, de los preparativos de la inminente procesión claustral no distrae en la oración directa de los fieles a Jesús Sacramentado que ya aguarda resplandeciente en la soberbia custodia que lo sostiene.

Al punto, el sonido de las campanillas de plata de una cruz alzada que empieza a caminar anuncia que comienza la procesión. La única nave de la iglesia se llena de latines en las voces de la coral polifónica envueltas en el arrullo vibrante de la música del órgano, rito antiguo para nuevas maneras de Honrar al Santísimo. Porque no hay nada más nuevo que honrar al Señor como siempre se hizo.

Dos largas filas de hermanos vistiendo el chaqué oscuro, como quienes vistieran el hábito de la más severa orden monacal, seriedad en el semblante, gozo en la mirada y alegría en el corazón, preceden a la custodia alumbrando su camino. La comunidad del monasterio también participa y las luces de cera roja que portan las monjas se duplican en el mármol del suelo, espejándose en él la pulcritud con la que conservan el sagrado recinto.

Avanza la procesión claustral y el cuerpo de acólitos que precede al palio, hacen su ofrenda permanente al Señor: enhiestos los ceriferarios, de rodillas y al unísono los turiferarios, que con sus acompasados golpes de incienso, los dos al mismo tiempo y con la misma cadencia, aroman la iglesia, difuminando la escena, dibujándola como en un ensueño, mostrándola irreal. Pero verdadera, como la Augusta Presencia de Dios en la Sagrada Forma. Dos acólitos, sotana oscura y roquete blanco, de vez en vez, se arrodillan y lanzan a los pies de la custodia los pétalos de rosas que alfombran el camino de Dios Verdaderamente vivo en la Sagrada Hostia.

Bajo palio, el Señor Obispo enarbola la custodia como una bandera de Fe. Se aferra a ella casi reclinando su frente sobre el viril que anilla en oro y piedras preciosas al Amor de los Amores. La dignidad de un sucesor de los apóstoles mostrando a su Maestro, enseñándonos la razón última, y la primera, de nuestra Fe.

Y todo, bajo la celestial mirada de la Llena de Gracia, que desde el altar mayor preside la Solemnísima Función Eucarística…Para mayor Gloria de Dios.

Esto que narro, que a priori pudiera parecer la crónica de una procesión de tiempos muy pasados, con lenguaje rancio, por su autenticidad, por su desacostumbrada e inusual solemnidad, tuvo lugar el pasado día dos. Y lo que es mejor, tuvo lugar en Huelva, en la iglesia del convento de las RR MM Agustinas. Sí, las que están en la Plaza de las Monjas. Pero de esto no nos hacemos eco. No hay bandas, ni pasos, ni priostes virtuosos donde mostrar sus habilidades. Solo devoción a Jesús Sacramentado.

La Pía Unión de Adoradores del Santísimo Sacramento, de recentísima fundación, que allí, en las Agustinas, tiene su sede canónica, lo ha hecho posible. Le ha devuelto a Huelva la autenticidad de una hermandad sacramental pura, sin que nada les distraiga de su único objetivo: Dar culto diario a Jesucristo en el Sagrario, como hacen sus miembros diariamente, que por turnos de vela preestablecidos se postran diariamente en oración permanente a Jesús Sacramentado.

Quiero desde estas líneas felicitarlos. No es fácil en estos tiempos de prisas contar con una nómina, más que numerosa, de adoradores. Y que solo les mueva la pura y sincera devoción sacramental.

Gracias por poner broche de oro a los cultos eucarísticos en este tiempo de espigas maduras, como la madurez necesaria que habéis demostrado para embarcaros en esta aventura, tan difícil, tan poco atractiva para tanta gente. Y que la excelencia de lo vivido estos días atrás sea un estímulo para perseverar en la diaria oración al Señor, como me consta que habéis hecho desde el día siguiente a la procesión. Y solo a Su Mayor Gloria y en desagravio por tantas afrentas como del Mundo recibe.  

Enhorabuena y gracias. Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar           


jueves, 31 de marzo de 2016

TAMBORES Y CAMPANAS




Ocurrió en la más profunda hondura de la noche. Solo fueron testigos del momento los privilegiados, los más fieles, los que Nuestro Padre Jesús Nazareno elige y son incondicionales a su llamada, los que caminan junto a Él durante toda la procesión y a los que regaló, a través de la banda de cornetas y tambores de su hermandad, uno de los instantes más emotivos y más denso de sensaciones de toda la Madrugada.

Fue en la Plaza Niña. En el bastidor de la noche el cielo tensaba el terciopelo morado oscuro que ponía palio a toda la plaza en penumbra, hueca de vida, ansiosa de espera. Solo la habitaba el reflejo de una luna de plata que perfilaba de estaño el bronce del monumento a Santa Ángela. Solo llenaba la plaza el silencio, ese silencio que otras devociones reclaman a su paso y que el Señor de la Madrugada no impone, sino que provoca con su sola presencia, sin siseos, sin imposturas, sin que nadie lo pida. Todo callaba. Tan solo murmullos crecientes en la espera según se presentía Su llegada.

A esa hora solo hablaba, y a voz en grito, el torrente de luz dorada , matizada de sueño, que salía por las puertas del convento de las Hermanas de la Cruz y que surgía, místico y potente, del singularmente hermoso monumento eucarístico donde recibía adoración Jesús Sacramentado. Estampa de Semana Santa honda, espesa de siglos y renovada en la fe.

Entre el atrio y el altar de la capilla, pórtico de la Gloria y antesala del Cielo, como un cuadro de Caravaggio, un contraluz, un claroscuro de almas blancas con tocas negras esperaban de noche al Príncipe de la Mañana.

Hay en la calle un rumor marino que avanza, como ola a punto de romper en la orilla, en esta Orilla de Dios, que presagiaba su llegada.

Pero no lo anunciaba ninguna música. Las cornetas callaban.

Anunciaban la cercanía del Señor del Alba un redoble seco de tambores destemplados y el tañido melancólico y lastimero de una campana.

Venía el Nazareno despacio, con paso contenido, solemne, imperceptible casi el movimiento de su túnica, que ni el aire se atrevía a rizar. Iba verdaderamente camino del Gólgota, real, como profetizó Isaías, iba “como cordero llevado hacia la muerte”. Era el Divino Reo camino del cadalso a paso de tambores y campanas. Porque así de fríos sonarían los tambores aquella mañana en Jerusalén y así de tristes sonarían las campanas en el Cielo.

El Amo de la Madrugada está ante el monumento de las Hermanas de la Cruz. Otra vez silencio. Cantan las monjas” Sube El Nazareno, sube el buen Jesús…” Y de nuevo el silencio, todavía más rotundo, más hondo, más espeso.

Tres golpes de llamador nos sacan del ensueño. Como cualquier hombre que sufre, El Señor se levanta y camina de nuevo y va buscando la Esperanza. Su banda camina detrás. Sus componentes son como cirineos del Cirineo, como verónicas con partituras blancas donde queda impreso el verdadero rostro del amor al Nazareno en un pictograma, que no un pentagrama, de notas musicales.

Y llegará la luz del día. Y la banda seguirá desgranando en la mañana del Viernes Santo y sin solución de continuidad, marcha tras marcha, toda su música, toda la música del Señor de Huelva. Irán traduciendo el silencio de todo un año, tarde tras tarde, noche tras noche de ensayos, todo el brillo del sonido de las cornetas y acompasarán con sus tambores el caminar doliente de Cristo cargando la Cruz, hasta que, frisando el mediodía, llegue a las puertas de su casa en la parroquia de la Concepción y se desborde la emoción tras sonar la Marcha Real cuando, gorra de plato al brazo, lágrimas en los ojos, satisfacción en la mirada y cansancio en el cuerpo, la banda vaya entrando en el templo detrás de su paso para dejarlo posado hasta el año que viene.

Seguro que la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno recibirá en ese momento el reconocimiento popular más que merecido con el cálido aplauso del gentío que se agolpa a las puestas de la iglesia. Pero el mío, y el de cuantos estuvimos en la Plaza Niña ya os lo llevasteis de madrugada por el inmenso regalo de una marcha precedidas por aquella inolvidable sinfonía de tambores y campanas sobre un pentagrama de silencios. Porque esa es también la banda sonora de la Madrugada de Jesús Nazareno, es la música de la banda del Señor de Huelva. Nada más y nada menos.

Gracias por tanto, por todo. Y,a todos, un fraternal y afectuoso abrazo.


miércoles, 2 de marzo de 2016

TOCADAS DE MUERTE




La Semana Santa tiene que estar enferma, muy enferma. Aunque aparente buen aspecto bajo el maquillaje de los estrenos, de los bordados, de los dorados, del brillo en la calle, algo debe tener que la está devorando por dentro. Por más que sea la fiesta popular por excelencia; a pesar de que haya lista de espera en muchas cuadrillas de costaleros; por más que las hermandades crezcan en muchos aspectos y tengan presencia y reconocimiento en la sociedad de nuestro tiempo, en su interior, en lo más esencial de su propio ser, las cofradías tal y como las hemos conocido hasta hace poco, están tocadas de muerte.

No puedo llegar a entender que en una hermandad emergente, relativamente joven, y en la que el trabajo de un hermano mayor (al que no tengo el gusto de conocer y le he tenido que poner cara tras la noticia de su dimisión) ha empezado a dar sus frutos, haya tenido que dejar su cargo presionado, según tengo entendido, por un grupo de hermanos descontentos con su labor.

Vista desde fuera, cualquiera (como es mi caso) ha podido ver en estos últimos cuatro años el florecimiento de la hermandad de La Orden.

Ahora que la hermandad del Perdón empezaba a tomar su rumbo, cuando hermandad y barrio empezaban a identificarse; precisamente cuando en su aspecto material se iba abriendo camino y los proyectos ilusionaban tanto a la hermandad como a toda la Semana Santa de Huelva, súbitamente y sin que nadie lo esperara, todo se viene abajo.

Qué habrá llevado a un hermano mayor del que todo el mundo habla bien, que ha demostrado solvencia, discreción en su cargo, cuando aún no se había secado el agua bendita sobre el terciopelo con la que habían rociado en su bendición el primer y más que correcto manto bordado ofrendado a su dolorosa, al finalizar la función principal de instituto se subiera al ambón de la parroquia y anunciara su dimisión.

Me hablan de presiones, de golpes bajos, de acoso incluso a su entorno familiar…No me digan ustedes que no son síntomas inequívocos de enfermedad, de la grave enfermedad que aqueja a las cofradías.

Si es así, si es cierto que esto ha provocado la dimisión del hermano mayor de la hermandad de La Orden, no hace más que corroborar el concepto de hombre de bien que todo el mundo cofrade onubense tiene de este señor, al que, repito, no tengo el honor de conocer. No abundan quienes con el bagaje que este hombre tiene, anteponiendo su dignidad ha dicho, y hecho, eso tan poco frecuente de “ya estoy yo en mi casa”. Y ahí se quedan ustedes.

Contemplando este panorama, cada vez me explico mejor que cueste tanto trabajo formar una junta de gobierno en condiciones. Cada vez veo más claro que una persona honrada, con prestigio personal y profesional no quiera ni a tiros formar parte de una junta de gobierno y menos ser hermano mayor de ninguna hermandad. ¿Qué falta le hace? ¿Qué le puede aportar? ¿Por qué se va a exponer a que una jauría (normalmente de inútiles) lo destroce a la primera de cambio y arrastre su nombre por el fango? ¿Qué necesidad tienen? Y claro, así nos va.

Hoy conceptos como excelencia, abnegación, discreción, no son valorados. Hoy cualquiera acodado en cualquier barra de bar con cuatro descontentos forma un grupo capaz de amargarle la existencia a cualquiera que presida una hermandad, por muy bien que lo esté haciendo. Porque hoy la palabra hermano, en muchos círculos cofrades, no tiene ningún valor. En cambio la prisa por llegar, las revanchas, el oportunismo, la deslealtad son valores en alza.

Así, esta enfermedad poca o ninguna cura puede tener. Y alejados del Evangelio y aplicando a las cofradías los modelos de la sociedad y de la política actuales, que es lo que parece que estamos haciendo, menos todavía.

Para arreglar este desaguisado, para regenerar este mundo tan particular de las cofradías, no habría más remedio que cascar algunos huevos para hacer la tortilla luego. Los mismos huevos necesarios para dar un golpe encima de la mesa y acabar de una bendita vez con esta forma de dañar a las cofradías por los que solo ven en ella una meta para lograr no sé qué fines. Desde luego el del bien de la Semana Santa seguro que no está entre ellos.

Un afectuoso abrazo a los buenos hermanos del Perdón.

domingo, 7 de febrero de 2016

EL DESPERTAR DE LOS SUEÑOS




Amanece febrero abriendo el compás de la luz, alargando el paso de la claridad. Cada nuevo día que nace, uno tras otro, el sol, con su llamador de oro, con su luz cada vez más madura y con golpes cada vez más fuertes nos avisa para que nos vayamos poniendo en el sitio, porque la Cuaresma nos va a llamar. Y hay que estar atentos.

Cada uno en su sitio, cada uno pegado al palo de su responsabilidad, a la espera del golpe definitivo que levante a la Semana Santa, paso a paso, iremos adentrándonos en este tiempo prometido que ahora se hace gozosa realidad. Porque es ahora cuando despertamos de los sueños para empezar a vivirlos.

Despierta la cera, ayer requemo de desecho, hoy vela en flor que se estrena, pabilo incólume, que espera inquieta crepitando preludios en un altar de quinario. Se desvanece el sueño de un año y se va haciendo líquido derramado en la largura de los cirios, igual que la miel aterronada se va licuando sobre el pan en una bandeja de torrijas.

Vuelven a la vida las ráfagas de estrellas y el mágico colorido en el fajín del atuendo de una Virgen vestida de hebrea.

Renacen los agudos metálicos de una corneta y se tensan en la piel del tambor, casi erizándola, soñando redobles tras la sinfonía en la talla dorada de una canastilla, haciendo andar a un Cristo, a todo un Dios humanizado que abraza la Cruz.

Despertares de brillos en la plata guardada, velada por tules de plástico y adocenadas todo el año en las vitrinas. Se espabilan los ángeles, con cara de sueño, casi escondidos entre la hojarasca barroca de un paso de misterio, grande, imponente, soberbio...

Intuyen bailes el repujado de unos varales con el contrapunto metálico del sonido de los caireles de unas bambalinas, místico minuet danzado en ese palacio de la gracia que es un paso de palio donde la Reina de la Belleza, María Santísima, tiene su trono de plata y bordados. Y de luz sobrenatural.

Sueña la flor, aún cerrada, rozar siquiera el pie del Señor, aromar el dolor de la Virgen.

Se afilan en la piedra casi redonda de la luna que crece los alfileres para prender encajes, para formarle un marco de espuma plegada a la marea inmensa del llanto de una dolorosa. A ver qué cuadro de qué imposible museo supera tanta hermosura. Ni en sueños.

Y las calles, y las plazas, sueñan arabescos de humo perfumando el espacio purificándolo, para que por ellas pase el asombro renovado de una cofradía. Ensayan las esquinas y la estrechez de la calle los silencios del respeto y las avenidas anchas y abiertas la sonora ovación y el clamor del gentío.

El relente pone a punto el grado justo de humedad para dar brillo de charol al suelo por donde pisará el Señor de Madrugada y el sol aquilata calores para poner en la tarde cascadas de luz azul.

Se templa ya en la voz de una mujer, mientras trajina por la casa, la saeta que dejará mudo al pueblo cuando la lance de sus labios al aire en cualquier balcón, desde cualquier acera.

Mientras tanto, las lágrimas aprenden el camino para brotar, mitad emoción, mitad llanto transfigurado por una sonrisa de gozo.

Sueña el nieto agrandar su bola de cera y el abuelo poder besar, quizás por última vez, el pie de su Cristo, la mano de su Virgen,

A la espera del momento, ponen banda sonora a las escenas el trino de las golondrinas y la danza ritual en el aire de los vencejos sobre los brotes reverdecidos de una acacia; o de un naranjo viejo perlado de azahares nuevos.... Todo es anuncio y preludio, tiempo en barbecho, santa esperanza...

Pero es en las casas, todavía vestidas de invierno, cálidas de hogar, santuario inexpugnable de la herencia cofrade, del amor a una cofradía transmitido de generación en generación, donde al fin, y súbitamente, se truncará el sueño de un año, dormido en el altillo del ropero, cuando un costal vuelve a la vida y se despereza su arpillera y el lienzo blanquea otra vez bajo el peso caliente de una plancha; mientras, las túnicas limpias de cera vieja, oreadas en la azotea, cuelgan ya en sus perchas de alguna lámpara o de cualquier alcayata,y sueñan de nuevo con rigores de esparto, ritos severos; o con el brillo de una tarde de sol jugando en el raso de una capa.

Se inicia el camino, “ vamos hacia Dios” por un sendero de orillas moradas, cuarenta jornadas de andadura para alegrarnos con la “Hija de Sión” cuando el Señor entre en Ella “Salvador y Rey”. Entra la Cuaresma, la Santa Cuaresma.

Que entre, sí; pero sin prisas, paladeando los momentos, viviendo el instante las vísperas de la felicidad. Que avance despacio, sobre los pies, en una chicotá larga, soñada durante un año y que lleve a la Semana Santa a entrar por el portón de bronce del más hermosos de los domingos, glorioso de hosannas, cuajado de olivos, agitado de palmas rizadas. Que llegue la Cuaresma y nos encuentre dispuestos, cada uno en nuestro sitio, que sepamos responder al capataz que nos pregunta si estamos puestos. Y dispuestos. ¿Estáis? Pues atentos...

¡Mira que nos van a llamar!¡Mira que el tiempo de la espera ha madurado y el fruto de nuestros anhelos está en su punto exacto de sazón! ¡Mira que nos espera la gloria de ver una cofradía en la calle!¡Estáis puestos? ¡Que no se muevan todavía los zancos del suelo por la impaciencia, todo a su tiempo! ¡No corred! ¡Vamos a tirar fuerte “pa arriba” que el gozoso tiempo de la espera se acaba, o empieza, yo qué sé...! Pero aquí está ya... ¿Estáis puestos? Pues...¡”Toooooos por igual!¡A ésta es!


Con mis mejores deseos para todos de una muy feliz, santa y provechosa Cuaresma de 2016.

domingo, 10 de enero de 2016

COSTAL FASHION WEEK



Confieso que perdí el tren de la Postmodernidad y que me quedé tirado para siempre en el andén de la perplejidad  (y con cara de incredulidad) cuando leí, hace unos años ya, la crónica taurina del día en un periódico supuestamente serio y tradicional. En la susodicha crónica, para referirse a los colores de los vestidos de torear de los diestros, donde antes  decía, por ejemplo, tabaco y azabache, catafalco y plata o nazareno y oro, ahora ponía verde caribe y oro, celeste amanecer y plata o azul noche de luna. Como lo leen.

Aquella cara de estupefacción (o de gilipollas) que se me quedó no ha podido ser  superada hasta hoy, cuando he visto en las redes sociales con estos ojitos, madre, que se han de tragar la tierra, la celebración de un desfile de moda costalera. Como lo oyen. Con dos cojones.

Cada uno puede hacer lo que se le antoje. Cada hermandad puede organizar cuantas exposiciones y muestras cofrades les pueda venir en ganas. Y cada ayuntamiento puede tirar su dinero, perdón, subvencionar con dinero público las actividades que crean oportunas. Pero, ¿no hay nada mejor que hacer? ¿No tienen las cofradías terrenos más propios, y legítimos, dónde arar? ¿No hay en nuestros pueblos y ciudades, y con la que está cayendo, mejores argumentos para que los ayuntamientos puedan dilapidar mejor el erario público?

Si a esto le añadimos que siempre hay alguien que quiere ganar dinero a costa de la Semana Santa, tendremos las coordenadas precisas para que asistamos a esperpentos como el que recientemente hemos visto en Gibraleón, y que hace ya unos años pudimos ver en La Palma.

Pero ya puestos, este desfile se me antoja escaso, pobre, poco ambicioso. Podemos aspirar a más. Siempre queda margen para la creciente majadería cofrade, por qué conformarnos solo con esto, con este despropósito. Yo propondría algo de tal magnitud que la Pasarela Cibeles se quedara en pañales, algo tan grandioso que en Milán y París no salieran de su asombro y se quedaran temblando de la envidia. ¿Por qué no?

Imagínense una pasarela enorme, larga, que cogiera toda la Carrera Oficial, adornada con telas de damasco rojo (nada más cofrade que el damasco rojo). En una gran tribuna se situaría, para que no hubiera problemas, todas las bandas de la ciudad, subvencionadas por el Ayuntamiento, tocando alternativamente las marchas de títulos más retorcidos y con solos que duraran seis o siete minutos por lo menos. De tanto en cuanto, unos microdifusores, como los del agua en las terrazas de los bares en verano, esos que te empañan las gafas, estratégicamente distribuidos a lo largo de la pasarela, exhalarían el imprescindible olor a incienso para estos casos.

 Mientras, por la megafonía, gentileza de El Corte Inglés, repartida por todo el itinerario, se iría oyendo las propuestas para la moda Cuaresma 2016, que según dicen los entendidos viene de escándalo.

 Sería algo así: La hermandad del Cristo de los Moratones presenta el modelo Cielo Estrellado bajo la Luna de Paresceve. (Aplausos al aparecer en escena el costalero, o costalera)). Consta de pantalón blanco confeccionado con lino de las orillas del río Jordán, con rodilleras reforzadas con guata del Monte Olivetti. La camiseta, de finas tirantas de un dedito de anchas, presenta un generoso escote. Divina. En la sisa de la izquierda, muestra una protuberancia de gel perfumado para que absorba el sudor cuando el costalero vaya paseándose agarrado a la novia, y no la moje.


El costal, tejido con auténticos sacos de café de Juan Valdés, ha sido enriquecido con aplicaciones de Bruselas confeccionadas en Velasco. La morcilla, presenta dos posibles variantes, o de Burgos, o de Jabugo, más propia esta última para cofradías de silencio, al ser realizadas con productos de pata negra,

La faja, de exactamente cuarenta y seis centímetros y ocho milímetros de ancha, y que ha sido trenzada a mano, presenta un gracioso bolsillito para guardar el móvil entre chicotá y chicotá, Los flecos son de canutillo alternando con otros de caireles. Una cucada.

Las alpargatas presentan en su factura un regreso a los orígenes. Las suelas, hasta hace poco de goma realizadas por Recauchutados Onuba, vuelven a ser de esparto, pero presentan la novedad de tener una doble plantilla, para que una vez igualados por el capataz, puedan quitarse una e ir más aliviaítos. Fantásticas.

Pero – sigue la voz en off por megafonía-  reclamamos vuestra atención a la línea de complementos que presenta este año la hermandad de los Moratones. Especialmente en la sudadera tejida en tul ilusión sobre malla de oro fino para no coger frío al salir del paso. El escudo estaría bordado en oro y sedas a realce por los célebres diseñadores Suspensorio & Chumino. Y muy especialmente, reparen en los perfumes de nuevo lanzamiento: Aau de Mars, con olor a sudorina incorporado, ideal para una tarde de calor para hermandades que salgan con la solana en lo alto, y el más refinado Aires de Ruan, más serio y distinguido.

Mención aparte merece la novedad del bolsito hecho con abacá traído de las orillas del lago Tiberiades donde la multiplicación de los Panes y los Peces. Lógicamente para guardar el bocadillo.

O la funda para las gafas de sol, con incrustaciones de cristales de Swarovski, y que quedan fenomenal, una chulada, monísimas, sobre la visera del costal tapando los ojos. Un amor.

El público que abarrota los palcos, y al grito de “esto sí que es, una pasarela, esto sí que es, una pasarela…” prorrumpe en un delirante aplauso cuando en la revirá de una esquina, el costalero da dos izquierdazos y sale decidido perdiéndose por otra calle de la pasarela. Algo digno de ver.

Grandioso el desfile. Gran éxito de crítica y público, sobre todo con el modelo presentado por la hermandad de la Virgen de las Ojeras que se llama Sueño Decimonónico, con el costal muy suelto, dejando casi ver las orejas, y casi el cuello, al costalero, muy novedoso. Algo inenarrable. No tanto el presentado por la Hermandad de los Amigos de Jesús, mucho más severa y sencilla, con poco glamour. Impropio de este nivel de elegansssia y caché y de tanta categoría.

Tan exitoso ha resultado este pase de modelos que ya se piensa en otra edición para hermandades de gloria, mucho más abierto e informal. Se baraja el posible nombre de Gloria Secret, donde los modelos, costaleros y costaleras, desfilarían en bragas y calzoncillos blancos y con alas de fantasía. Y, claro está, con el costal puesto. Puede ser un pelotazo tremendo. Al tiempo.
                         
Tan solo hubo un incidente que lamentar en esta primera edición de la Costal Fashion Wewek, nada reseñable. Pero resulta que al finalizar el desfile se pidió al público, que asistía gratis al evento, un euro para obras sociales del Consejo y un Ave María para finalizar el acto y hubo tal estampida que esta huída despavorida se saldó con dos heridos leves y un amago de infarto. Nada, como digo, de importancia.

Aunque parezca exagerado, querido lector, este artículo solo quiere ser una llamada de atención, el botón de muestra de las idioteces que se están produciendo en torno a las cofradías, que si bien no las pone en peligro de desaparición (las cofradías hemos salidos de cosas muuuuccho perores que estas) sí que las están desnaturalizando a marchas forzadas. Son muchos ya los desatinos, las impropiedades que se están viendo en este, todavía para mí, bendito mundo, desdibujándolo, desnortándolo.


Me duele escribir esto. No quiero que los buenos cofrades, mejores costaleros, para los que la ropa de trabajo (¿Verdad, Jerónimo?) es tan sagrada como para otros la túnica o el terno negro, o el uniforme de músico, se puedan molestar. Los otros, los costaleros de pasarela, me importa un carajo que se ofendan.

Estamos perdiendo el norte. En esto, como para otras tantas cosas de las cofradías, o cambiamos dándole a su dirección un golpe de timón, o le vamos a tener que pedir a Susana, nuestra señora, que urja a la Junta de Andalucía la creación de  de un Centro de Interpretación de las Cofradías, porque de aquí a ná, no las va a reconocer ni la madre que las parió. Si tenemos cojones de reconocerlas ya.



domingo, 13 de diciembre de 2015

HUELLAS EN EL CRISTAL

Ahora que desde tantos y tan distintos frentes, y hay que reconocer que muchas veces con razón, se pone en tela de juicio la labor de los priostes; cuando en este circo de tres pistas en el que estamos convirtiendo la Semana Santa cualquiera opina y cualquiera desde un periódico o con un perfil en Facebook se cree catedrático de lo que se tercie, no sería mal momento para pararnos a reflexionar sobre el trabajo de este importantísimo, mal que a muchos les pueda pesar, aspecto de una cofradía.

Los priostes, esos buenos priostes que todos hemos conocido en tantas cofradías, son gente especial, no en sí mismos, sino por el carácter del trabajo que desempeñan. Ellos no trabajan con papeles de la secretaría, ni con los dineros de la mayordomía, por supuesto que tan necesarios para la hermandad como cualquier otra cosa. Los priostes tratan con lo más sagrado, nada más y nada menos que con las sagradas imágenes y todo lo que las rodea. Pero siempre están expuestos a la crítica del que sabe de cofradías y de los que no tienen ni remota idea de lo que es esto.

Muchos, muchísimos grandes cofrades han empezado su andadura en la priostía de la hermandad. Y como lo que se roza (casi siempre a diario) es lo que se quiere, han creado un vínculo con su cofradía difícil de disolver. Suele ser gente entregada, celosa de su labor, dedicados a su empresa, agonías (no jartibles como ahora se les ha dado en llamar a los que están todo el año hablando de Semana Santa, pero solo eso, hablando).

Pocos cargos en las juntas de gobierno son a la vez tan agradecidos ni tan sacrificados, si es que se quiere desempeñar con honradez. En una priostía siempre, absolutamente siempre, hay algo que hacer. El prioste, la mayoría de las veces no vive la Semana Santa, vive para la Semana Santa. Mientras, otros, en pleno fragor de la Cuaresma tiene tiempo para todo y disfrutan de una exposición, o de un concierto, o pueden asistir al Vía+Crucis de esa imagen que tanto les gusta, o a la presentación del cartel. Los priostes, por lo general y en esa época (por algo un amigo mío les llama “pringostes”) andan hasta el cuello de trabajo, “pringaos” hasta la coronilla. Son a los que les toca recoger cuando los demás salen corriendo al acabar la función, los que no encuentran ya nada encima de la mesa, ni una mala cerveza, cuando después del quinario, de apagar y recoger, al fin llega al refrigerio fraterno que se daba en la casa de hermandad. Ni cola de pescado (frito). Ellos trabajan mientras otros disfrutan. Al menos en las cofradías que yo conozco donde no hay personal a sueldo.

Por otro lado, y generalmente, siempre han sido personas reconocidas en su labor y muy queridas por los hermanos, sabedores del sacrificio que acompaña a esa abnegada labor.

De lo que haga el prioste, o le permita hacer la junta de gobierno, depende en un altísimo porcentaje la imagen pública de la hermandad. De ellos es la responsabilidad de mostrar con decoro a los demás hermanos y a la ciudad entera, como ya dijimos antes, lo más sagrado de la cofradía, a Cristo y a la Virgen titular. A ellos, a los priostes, les corresponde la gloria y la responsabilidad, ¿nos parece poco importante su labor?

Entonces, ¿qué es lo que está ocurriendo para que estén últimamente en la picota, siendo objeto de las más despiadadas críticas? Pues sencillamente por lo mismo que está ocurriendo en otros aspectos de la Semana Santa pero que nadie critica, que incluso aplauden y jalean: La desmesura, la desnaturalización de las funciones que están llamados a desempeñar y el confundir un altar de cultos con un cursillo de escaparatismo. Y bien que me duele, palabra de honor, escribir esto.

De un tiempo a esta parte parece que no se montan los altares para glorificar a Cristo o a la Virgen, sino para vanagloria del prioste o de la junta que se lo consiente. Ponemos más interés en el altar del besamanos, más “creativo”, que en el triduo, que nos aviamos con lo que haya. Consentimos que las dolorosas se muestren en noviembre más bien disfrazadas que vestidas de luto, en aras de no sé qué rigor historicista. Imágenes de dolor vestidas para la Inmaculada como si las hubiera vestido Murillo, manto celeste al viento del virtuosismo (que indudablemente tiene) el que la viste. Pero esto no es una demostración de habilidades. Para eso está la papiroflexia y los programas de Art Attack. E incluso hemos llegado a ver la solemne incongruencia de imágenes de gloria vestidas de luto, o de hebrea. Sentadas en un sillón desfondando previamente el asiento y recreando un candelero con guata acrílica. Creo que todo tiene una lógica medida. Y unos límites. Y por supuesto que cada uno es muy libre de hacer lo que quiera y le dejen hacer.

 Vemos altares donde menos la imagen de la Virgen todo ha sido pedido a otras hermandades, y es normal hacerlo en ocasiones singulares, y por perentoria necesidad, por idoneidad e identificación de lo que se quiere celebrar excepcionalmente, pero creo que no por sistema. Así se da el caso de que un año el altar es “espectacular” y al año siguiente que no se pide nada, el altar pasa inadvertido. Y se les saca menos fotos. Ya se sabe: Días de mucho, vísperas de nada.

Hay altares que con cuatro blandones han creado escuela. Y otros donde solo ha faltado poner un columpio o un tiovivo, y han creado saturación. No es cuestión de cantidad, ni siquiera de calidad, sino de medida. Tanto el minimalismo como el maximalismo tienen cabida en nuestros altares de culto. Hasta el manomalismo, que dicen los entendidos en marketing que es la ciencia o habilidad de mostrar más con mucho menos.

He pertenecido desde siempre a la priostía de las hermandades. Sé, como muchos, de horas interminables preparando en la casa de hermandad, de entrar en la iglesia al atardecer y salir al amanecer del día siguiente, de cenas a las trágalas en la sacristía, y como cualquier prioste, he sabido apreciar y agradecer la gloria de tener en mis manos el objeto de la devoción de miles de personas. Por eso me duelen las críticas como al primero, pero hay que reconocer que nos estamos pasando.

Siempre pienso, al ajustarle la túnica al Señor las oraciones, las súplicas, las confidencias que se esconderán entre sus pliegues, soy consciente del privilegio de presentar su imagen a la devoción de la ciudad. O cuando, y en dos etapas diferentes en mi vida, le tengo que colocarlos atributos a la imagen procesional de Nuestra Señora de la Cinta, celestial patrona de Huelva, o preparar su paso, o montarle su altar. Jamás dejo de considerar semejante honor.

Ayer sábado, cuando precisamente atendía a la Virgen en su altar y limpiaba las huellas que los devotos de la Cinta dejan en el cristal que la protege en su camarín, como quienes acarician el sueño y quisieran romper el vidrio que los separa de Ella, pensaba justamente en esto, en que un prioste se debe solo a cuidar, a perpetuar generación tras generación la devoción y la identidad de las imágenes. Esto no es, ni debe ser una competición o trabajar con las miras de dar el “pelotaso” en el  próximo altar de cultos.

Libreas y música fúnebre en cultos de hermandades populares, imágenes de cofradías de silencio dándole vueltas de tuerca a la seriedad poniendo tan poca luz en la capilla que tienes que entrar agarrándote a las paredes y besar la imagen palpándolas primero… Falta de identidad y de criterio. Trasgresiones de estilo que empobrecen.

Ojalá que supiéramos mantener limpio, como el cristal que protege a la Virgen Chiquita, la idea y la personalidad de cada una de nuestras hermandades, gracias a Dios todas únicas y diferentes, y huyéramos despavoridos de la homogeneización. O que supiéramos respetar el legado que nos dejaron nuestros mayores, engrandeciéndolos, claro que sí, mejorando lo mejoreble, siempre de frente, pero donde las únicas huellas que dejaran los priostes en el cristal de la cofradía fuera el del respeto y la fidelidad a sus hermandades, acabando con la absurda competición de querer sorprender en la presentación de las imágenes en sus cultos. ¿Dónde ha quedado la imaginación y sacar de donde no había de los viejos priostes?


Y esto no se puede confundir con inmovilismo. Eso es otra cosa distinta.

domingo, 29 de noviembre de 2015

¿SORPRENDIDOS? ANDA YA…



¿Sorprendidos por el último sacrilegio perpetrado por un pseudo artista con cerca de trescientas (¡¡¡trescientas!!!) formas consagradas? Pues si ustedes quieren que les sea sincero, yo no. Hombre, un poco sí… A mi lo que verdaderamente me sorprende es que, gracias a Dios, todavía haya gente que se sorprenda. Y al mismo tiempo, de que se hayan sorprendido, indignado, o de que de verdad se hayan sentido herida en lo más profundo de su corazón, tan poca gente. Y sin querer dármelas de pío ni de que me tachen de arpío.

Verán ustedes, no me puedo sorprender de que ocurran estas cosas porque generalmente suceden más por falta de educación, información y por supuesto, por la muchísima mala leche que se exhibe impunemente contra los católicos, que por cualquiera otra consideración, digamos que más profunda, de más sentido teológico.

Yo no me asusto ya de nada porque díganme si hoy en día hay en España (hablo en general) alguien, menor de cincuenta y tantos años que sepa realmente qué encierra el Precioso Misterio de la Sagrada Eucaristía, díganme si los niños, incluso con preparación para la primera comunión, saben, y lo que es peor, creen, que Jesucristo está vivo y realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Yo pongo en duda que lo sepan y que lo crean. Y claro está que no se puede generalizar.

Y la culpa no la tiene nadie, absolutamente nadie, más que nosotros mismos. Ni en la familia, ni en el colegio, y muchas veces ni en la catequesis, sabemos inculcar el amor y la devoción Sacramental.

Es triste decirlo pero en muchos de nuestros templos cada vez es más difícil encontrar un reclinatorio delante del Tabernáculo. Los sagrarios, no es que estén abandonados, tampoco sería justo decir eso, pero a algunos, una manita de limpiaplata y una jarra de claveles a cada lado no les vendría nada mal. Y que dentro del templo ocuparan un sitio de privilegio, no donde menos estorbe.

¿Cuántos de nuestros jóvenes serían capaces de seguir un simple Pangue Lingua cantado, o un Tantum Ergo sencillito (el solemne ni de broma), o saber qué es una Bendición Solemne con el Señor en la custodia? Ninguno. Si no se lo enseñamos, va a ser difícil o imposible que sientan veneración y respeto por la Eucaristía. Antes por lo menos, el último día de quinario de cualquier hermandad de medio pelo acababa de esta forma y hasta con Procesión Claustral, pero ya no mola. Hoy parece que estemos deseando acabar la misa para salir corriendo al ágape fraterno, si es gratis. No se cuida, no se mima la adoración Eucarística. Por parte de nadie.

Esto que ha ocurrido en Pamplona no es más que el reflejo de esa elocuente paradoja de ver los confesionarios vacíos y las colas cada vez más largas para comulgar, y donde, por cierto, cualquiera puede ya dar la comunión.

Hace unos años, tampoco muchos, en cierta parroquia al dar la comunión el sacerdote, se cayó una Forma Consagrada al suelo, la que liaron después las hermanas del viejo cura para subsanar el desaguisado fue para tener en cuenta, corporales y purificadores tapando el sitio donde cayó la Sagrada Hostia hasta que acabó la misa, y una vez terminada, refregoteo inclemente e inmisericorde a la loseta donde cayó, y cuya agua no fue vertida en ningún sumidero, sino a una maceta de pilistras que había en la sacristía, como estaba mandado. Celo eucarístico, es poco.

 Este año y en otra parroquia, al contrario, en una primera comunión cayó también al suelo otra Sagrada Forma y alguien de la fila la recogió como si se hubiera encontrado una moneda de dos euros, la miró, la limpió con la manga de la camisa (todo un detalle) y se la dio al celebrante tal como si nada. Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Y no creo que a mejor. Al menos en el respeto a lo más sagrado.

La cada vez más extendida manera de dar la Comunión en la mano, tampoco creo yo que ayude al respeto y reverencia a Jesús Sacramentado, cuando casi nadie lo hace bien, y muy pocos comulgan delante del sacerdote. Solo así se explica que el energúmeno de Navarra haya podido coleccionar tantas Comuniones para hacer su obra de arte, o que se haya llevado un copón, y de los grandes, llenito hasta arriba.

Pero está claro que esto no le importa a casi nadie. Las manifestaciones de repulsa por este execrable sacrilegio (¿o tampoco a esto se le puede considerar un acto sacrílego?), pocas y con sordinas, parecen hechas como para no querer alborotar mucho el gallinero. Bueno, sí, pero gritad flojito…

Y a todo esto, ¿dónde está el pueblo fiel, las hermandades, especialmente las sacramentales? Pues cada uno a lo suyo, el pueblo fiel preparando las Fiestas del Solsticio, digo la Navidad, las cofradías a sus itinerarios, a sus estrenos, a sus ensayos… Y las sacramentales con sus líos de prelatura en la procesión del Corpus (donde por cierto cada vez vamos menos gente) y preparando la cera roja para los guardabrisas del pasocristo, eso sí. ¿Qué queremos, qué podemos esperar entonces?

 Luego nos extrañaremos de la reciente proliferación de adoraciones perpetuas, de hermandades sacramentales puras, o de pías uniones de nuevo cuño. Es que algo habrá que hacer por propagar la devoción y adoración eucarística, ¿no?

Y es que en general, somos cobardones. O nos da lo mismo ocho que ochenta, que es todavía peor. Nos da miedo dar la cara, nos pesa el qué dirán, que nos tachen de rancios, carcas, viejunos, cuando nada hay más nuevo que la devoción renovada día a día, o domingo a domingo, al Santísimo Sacramento.

No me valen manifestantes, ni fidelidades (admirables por supuesto) de beatonas de falda azul plisada, camisa blanca, crucifijo colgando al cuello, y rebeca por los hombros, respetabilísimas todas. O fervorosos cofrades de abrigo de cheviot. Creo que necesitamos, como los santos que pide S.S. El Papa Francisco, manifestantes actuales de pantalón vaquero que primero sepan lo que significa y luego defiendan lo más sagrado de nuestra Fe, al Jesús del Sagrario que desconocen, al que hoy arrinconamos en las esquinas de muchas parroquias en el mejor de los casos, o que directamente ignoramos. Porque de aquellos  abusos bajan, turbios y espesos, estos lodos. 

No es cuestión de lanzar ninguna cruzada, ni de montar un cadalso, ni celebrar ningún auto de fe en la Plaza de las Monjas, sino de demostrar solo un poco de coherencia, de mostrar el dolor de los pecados de una sociedad cuya execrable clase política, que votamos todos, es capaz de subvencionar y jalear sin rubor alguno una incomprensible obra de arte realizada con Formas Consagradas, en una desnortada y desnaturalizada Europa que aunque no lo sepa, tiene por bandera sobre el azul del Cielo, la corona de estrellas de la Inmaculada, Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Celestial Patrona de España.

Solo con que estos días de Pascuas en la mesa de camilla apagáramos la tablet de nuestros hijos o de nuestros nietos y le habláramos de Dios realmente presente en el Sacramento, algo habríamos ganado, y que en los libros de religión y en las catequesis nos dejáramos de tanto colorear y recortar y les mostráramos la Verdad y que las hermandades se emplearan en lo fundamental, otro gallo (no el de San Pedro negando) nos cantaría, y a lo mejor se nos removería los adentros cada vez que viéramos algo como lo de la aberración de Pamplona. Si no, seguiremos sin enterarnos de lo que va esto.

Por eso, no me extraña nada de lo que nos está ocurriendo, ni de lo que nos pueda ocurrir en adelante, porque me da a mí que esto no ha hecho más que empezar. Y a los hechos me remito.  

¿Sorprendido yo? Anda ya…