Powered By Blogger

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿SORPRENDIDOS?


¿De verdad que los cofrades nos hemos sorprendido por la “aparición” de una imagen de la Virgen de la Merced, preciosa por cierto, en un concurso de televisión? ¿Para tanto ha sido? ¿Qué hay de raro?

A mí lo que de verdad, de verdad, me sorprende, es que a estas alturas la gente se sorprenda. No entiendo este revuelo que se ha formado. Hombre, siempre es agradable ver cómo todavía hay a quienes les queda algo de capacidad de asombro.

Porque esto que ha ocurrido en el programa Allá tú, de Cuatro, no es nada nuevo. Si acaso un tanto novedoso en las formas por lo impactante de ver a una imagen de la Virgen en un plató. Pero en el fondo, nada nuevo.

Todo obedece a un plan premeditado desde hace tiempo por ciertos sectores de la sociedad, con el apoyo de algunos altavoces mediáticos y tan fantástica y sibilinamente hecho que casi no nos hemos dado cuenta. Y el objetivo no es otro que desposeer a todo lo relacionado con la Iglesia Católica, más concretamente con sus manifestaciones de religiosidad popular, de cualquier unción sagrada.

Pero no se le puede adjudicar todo el mérito de esta desacralización a las televisiones y medios afines que abominan de nuestra fe, Los cofrades tenemos mucha culpa de lo que pasa. Tanto hemos querido humanizar lo divino, las cosas santas, trayéndolas a nuestro terreno que aquí tenemos el resultado. Este manoseo, esta banalización de los principios, otrora sagrados para una cofradía, este bajo nivel de exigencia en todos los sentidos arrojan estos resultados.

Aquí, y también allí, cualquier cofrade rebotado o que no encuentra acomodo en ninguna junta de gobierno, y ansioso por mostrar sus habilidades con el martillo, con una blonda, o con un costal, organiza una Asociación Cultural Sacramental con sede y salida de las dependencias de la Asociación de Vecinos del barrio, tal como suena, en un momento. Y es que es tan fácil. A saber: una imagen de dudosa calidad artística encargada a un amiguete que es escultor y la deja baratita; una parihuela (de seis palos por lo menos); unos candelabros para las esquinas hechos con tubos de fontanería, como servidor ha visto en la muy cofrade ciudad de Sevilla, un grupito de muchachitos de la orden contemplativa (porque nada más que van a contemplar, a trabajar ni de broma) diciendo que la Virgen va “prissiossa”; una banda con marchas retorcidamente estridentes….Y procesión a la calle.

Estas asociaciones vienen a ser como las agrupaciones  llamadas ilegales en el carnaval de Cádiz, unas porque no hacen carrera oficial, y otras porque no actúan en el Falla. En el fondo, lo mismo.
Además, estos cofrades, más por falta de formación que por cualquier otra cosa, ni se sienten iglesia, ni se lo plantean, y no lo consideran necesario. Si acaso lo llevan como un mal menor para poder alcanzar el objetivo de la procesión.

Por eso, ¿de qué nos extrañamos al ver que la madre del concursante le lleve la imagen de su asociación para darle una sorpresa al niño?

Y del nivel de educación y respeto hacia la figura de la Virgen habla bien a las claras los comentarios sobre ella , del presentador y del participante.

¿Es o no es esto cuestión de formación? ¿Es o no manipulación y retorcimiento de lo religioso? ¿Es, o todavía no, momento para pararnos a pensar seriamente qué estamos haciendo con esto?

¿Qué te has sorprendido por lo que hemos visto en la televisión, y que creo que como la crisis, esto no ha hecho más que empezar? Pues “allá tú”. Yo no.

Juzguen ustedes mismos:

jueves, 22 de septiembre de 2011

NO OS COMPRENDO


Los que me conocéis, y a los que no ya os lo adelanto, sabéis que no soy referencia moral para nadie. Solo intento cumplir con dignidad los preceptos de mi religión, vivir mi fe con natural alegría y llevar con la mayor elegancia posible las cruces que me pueda encontrar en el camino de mi vida.. Modelo para poder imitar no me falta en la sagrada imagen del portentoso Nazareno de la Concepción.

A nadie intento aleccionar y a nadie pretendo convencer. Ni me sorprendo de determinadas actitudes de miembros de mi Iglesia, ni me voy a escandalizar por algunas opiniones sobre lo que para mí son principios sagrados. No suelo adquirir la actitud de la “duquesa ofendida” tan fácilmente. Pero de verdad ,os aseguro, que me he sentido tocado en la línea de flotación de mi capacidad de sorpresa cuando he oído y leído  opiniones de cofrades, de demasiados cofrades, al parecer indignados con la figura de S.S, El Papa Benedicto XVI en su visita apostólica a Madrid con motivo de la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud, de tan notorio éxito y cuyos frutos ya están notándose.

Desde el respeto a cualquier opinión, y lejos de intentar convencer a nadie, perdonad que os diga que no os comprendo. No es indignación, ni cabreo contra nadie, si no incapacidad para comprender a quienes han criticado, no ya la visita o la celebración de la JMJ, si no la propia autoridad y magisterio del mismísimo Papa… Y siendo cofrades.

Alegar la edad del Pontífice como impedimento para desempeñar su labor al frente de la Iglesia Católica es, cuanto menos, impropio de los que debemos venerar la experiencia como una virtud para dirigir cualquier empresa. El mismo Cristo escogió como sucesor al mayor de entre sus amigos. Mi padre tiene un año más que Su Santidad el Papa, y a pesar de las “impertinencias” propias de su edad, pido a Dios que lo siga teniendo muchos años entre nosotros. Sus opiniones, sus consejos, los sigo teniendo en cuenta como ley. Y sus deseos aunque chocantes a veces, para mí y para mis hijos son ordenes. No entiendo que los años sean un problema para ser la cabeza visible de la Iglesia.

Otros alegaban que el “líder de su iglesia, es decir Cristo, murió crucificado, no se codeaba con los poderosos y nunca viajó en papamóvil” (Sic). Dios mío, cuánta demagogia, porque  luego, como cofrades que son, a quienes esto afirman les gusta más que a mí (que ya es decir), unas potencias de oro, un manto bordado y unos respiraderos de plata en el mejor paso que haya. Pero el Papa que vaya en taxi.

Otros muchos arremetían contra el coste económico de la visita. Cierto es que la seguridad que lleva el pontífice es superior a la de cualquier jefe de estado que nos visite, por algo será. Pero que tampoco difiere mucho del coste que supone a las arcas del estado la visita a nuestro país de cualquier dictadorzuelo de tres al cuarto, o el capricho de la señora Obama de veranear unos diítas en la Costa del Sol. Y aquí nadie dijo ni pío. Solo se oía la banda sonora de la película de Berlanga, ya sabéis: “Americanos, os recibimos con alegría…”.

Pero donde me vi tocado y hundido y me cuestionó muchas, demasiadas cosas, fue en la defensa que algunos hicieron de las teorías del Cardenal Martini sobre el celibato sacerdotal, (eso si, opcional, solo faltaba que fuera obligatorio), sobre la ordenación de mujeres y sobre otros aspectos “estrella” para los detractores de la Iglesia. Y es que aquí estamos pisando terreno peligroso. Un cofrade no puede poner en entredicho bajo ningún concepto, y desde mi punto de vista, la autoridad del Papa a quien juran defender el domingo por la mañana en la Función Principal de Instituto, y por la tarde ponen en duda.  Por eso el mejor Martini, el que a mí más me gusta, es en copa corta, con dos cubitos de hielo y una rodajita de limón. Removido, no agitado.

Insisto en que no me corresponde a mí aleccionar a nadie pero tampoco pueden pretender que no exprese mi opinión. No es mi intención herir a nadie como a mí me han herido ciertas opiniones que provenían de un mundo, el cofrade, al que pertenezco por voluntad propia, y al que conozco bien… O creía conocer. No os imagináis lo aligeradita que se ha quedado mi agenda de amigos en Facebook después de leer las barbaridades que leí contra el Papa y contra la Iglesia.

Retomo este blog en el que debía hablar de la Virgen, en este septiembre reflejo de mayo en su dedicación a María. No ha podido ser. Soy buen pagador. Le debo una.

Pero me urgía expresar mi adhesión al Papa, como cofrade y como católico, y mi sincera y perpleja incomprensión con los cofrades que así opinan. Dicen que corregir con humildad a tu hermano es una obra de misericordia…Hacedla conmigo si estoy en el error.

jueves, 14 de julio de 2011

TIEMPO DE VERANO


Ahora que la espuma cincela a golpes de olas una peana con toda la plata del mar para la Virgen del Carmen; cuando Santiago blande su espada en desigual lucha con los inclementes rayos del sol, de los que la ciudad se guarece de día hasta el ocaso y que solo entonces reanima su pulso para vivir de noche; ahora que es verano es como si el ritmo del tiempo fuera perdiendo velocidad hasta quedarse casi detenido, como si anduviese sobre los pies y su peso disminuyera aliviándose de tantas cosas que desfiguran a Huelva, es ahora en este tiempo de verano cuando aflora otra Huelva, renace la ciudad de nuestra infancia.

Por eso Huelva vuelve a sentir bajo sus pies el tacto de la arena tamizada con hojas de eucaliptos en la Punta del Sebo; se reencuentra con su ría y con su mar a los que le ha dado la espalda durante el resto del año; sube con frecuencia al Conquero buscando la brisa que la alivie de la galbana; vuelve a asomarse a sus azoteas y se siente niña mojando sus pies en un patio recién regado, verde de aspidistras y azaleas.

Se perfuma en la memoria con jazmines y damas de noche. Huelva ahora es un sueño de luces de colores reflejadas en el agua cuando agosto entre por su puerta entornada esperando la brisa que la refresque. Huelva en verano es muelle de hierro esperando algún barco de guerra para festejar la epopeya del Descubrimiento. Es barco de pesca engalanado que saluda con su bronca sirena.

Es sonido de radio de cretona que se cuela por la ventana de la cocina y cuya música copia la maja golpeando el dornillo  donde se esta gestando un gazpacho. Es silencio de sobremesa rota con juegos infantiles, siempre amenazado por una alpargata blandida por alguna madre, o en su defecto alguna tía entonces soltera, y algo más benevolente. Es carrito de helados pregonados a la hora de la siesta; es barra de hielo en un carro de mulas.

Es sol que cae a plomo sobre un desierto de asfalto las tardes de los días de fiesta. Es sahariana blanca y mascota de paja, y vecino gordo sentado a la puerta de su casa en camiseta de tirantas; es abuela sentada en una butaca abanicándose con un pericón, grande como umbrela papal, y búcaro con cigüeña y tapa de croché en el alféizar de la  ventana. Es chaqueta blanca y traje largo con chal en el baile de gala de alguna caseta. Tiene sabor a melocotón dulce y canela de un ponche tomado sobre un mostrador. Es derroche de imaginación y colorido en un desfile de carrozas por el recinto Colombino. Es modesto tributo a la Patrona en los fuegos artificiales de Pepe “miniño” frente al Humilladero.

Es novena de abanicos en la Merced removiendo en el aire la historia de su devoción y es barca sesteando, casi parada, en la suave corriente de un estero con la pleamar de un mediodía, donde reza un ángelus de luz y sal que ocupa la bóveda azul hiriente del cielo, en una sinfonía musical grandiosa y solemne. Es la playa que con cada ola nos devuelve a la memoria el tiempo de otros estíos, amarilleados a fuerza de sol inclemente, casi quemados, en la memoria.

Esta página, este blog también sesteará. La Virgen de la Cinta me pide versos y a ello quiero consagrar este tiempo de verano. Dios quiera que logre juntar un puñado de letras capaz de exaltarla con la dignidad que el caso requiere y Ella se merece.

Nos volveremos a encontrar cuando la Virgen Chiquita haya regresado de nuevo al Conquero llevando la bodega de su barca de plata repleta de avemarías y salves, cuando llegue al santuario y en sus redes de trasmallo lleve prendido el corazón de Huelva. Cuando la Divina Pastora en Cantillana haya pastoreado a su grey, cuando su pueblo haya sido asombro y pasmo primero, y delirio después, al contemplar la hermosura de su Virgen cuando le es retirado el sombrero.

A cuantos habéis tenido la caridad y la paciencia de leer estas, digamos, elucubraciones mías durante estos meses, os deseo un feliz verano.

Volveremos a encontrarnos cuando llegue septiembre.

jueves, 7 de julio de 2011

VOLVER A LOS DIECISÉIS


Cuando se acabó nuestra relación, esa tan especial, tan íntima, tan hermosa que yo tenía contigo desde hacía tantos años, a mis pies se derrumbó la tierra y me vi en caída libre precipitándome en un pozo que parecía no tener fondo. Me vi sin norte y con el rumbo perdido navegando en no sé qué océano de aguas tenebrosas, o caminando por un desconocido y siniestro desierto de oscuras arenas donde vagaba sin luz, esa luz que siempre me alumbraba y que de golpe se apagó para mí.

Hasta tu nombre desapareció de mi boca como engullido por la nada. Y no por despecho, si no porque inconscientemente había algo que me  impedía pronunciarlo. Cuando a veces de noche, en una especie de delirio entre sueños te nombraba, tu nombre se ahogaba en la almohada. Pero un eco lastimero me lo devolvía torturando mis sentidos.

Y lo más inexplicable es que después de tanto tiempo sin ti sigo sin saber la causa que nos separó. Supongo que las cosas de la vida, los celos, terceras personas… Tú ya sabes.
Encima, como mujer que eres, te aparecías ante mí más hermosa e inalcanzable y tu belleza me provocaba más desolación y hacía más incomprensible esta lejanía que nunca hubiera deseado.

Y ahora que, aun sin haber cicatrizado las heridas y  había aprendido a vivir con el dolor que tu ausencia me provocó, me has vuelto a llamar. Y tu llamada ha sido para mí como el repentino rayo de sol que se filtra súbitamente entre las nubes negras de la tormenta que  parece que fuera pasando. No te voy a engañar. He soñado tantas veces este momento que aunque lo estoy viviendo no me parece verdad. Me has devuelto a los dieciséis años cuando te encontré una tarde de verano. Todavía recuerdo hasta la ropa que llevabas puesta, blanca , con flores y mariposas brocadas, curiosamente el mismo vestido que llevabas el día que llegaste a Huelva por primera vez. Y estoy viviendo y reviviendo aquellos años en que me fuiste enamorando de tal manera que toda mi vida desde entonces giró alrededor de ti. Vinieron otros amores, pero jamás lograron vencer al tuyo.

Me veo con los libros bajo el brazo volviendo del instituto, loco por verte y con unas rosas en la mano que de camino cogía en las baldas de cualquier chalé del Conquero. Es como si poco a poco los recuerdos me fueran acercando a ti. Y es que tienes la habilidad de que con una sola mirada tuya se disipe todo el dolor pasado y se diluya como el humo.

Me conoces y sabes que el rencor no tiene nada que hacer conmigo, y no veo la hora de que llegue nuestro reencuentro. ¡Anda que no lo he imaginado veces! Pero espera unos días antes de acudir a tu llamada, no me impacientes más, por favor. Porque aunque no lo creas necesito tiempo para que tu nombre, vetado por respeto, vuelva a abrirse camino en mi boca. Aunque te parezca mentira, a estas alturas de mi vida tengo miedo de que mis manos no sean capaces de encontrar el camino de tus sienes, ni que puedan abarcar tu talle, fino y elegante, del que siempre presumía delante de mis amigos. ¿Y tu aroma? Tengo que volver a aspirarlo despacio, como la fragancia de una rara e irrepetible orquídea. Aguarda a que vuelva a acostumbrarme otra vez a acudir a nuestra cita diaria. Déjame que me acostumbre de nuevo a besar tus manos como hacía cada vez que nos encontrábamos. ¿Volveremos a estar en tu casa hasta altas horas de la madrugada, a media luz, hablándote de mis cosas?  No me pongas más nervioso, no me apremies.


Sin embargo, hay algo que sí te quiero pedir, no me ilusiones como aquella primera vez, como a un adolescente, y luego me vuelvas a dejar. No creo que lo resistiera. Si me vas a llamar de nuevo, que sea para siempre, hasta siempre que tú quieras…Y que nadie más que tú que seas quién lo decida.

Pero bueno, déjame vivir este momento de felicidad, permíteme que lo cuente a todo el mundo, que lo pregone a los cuatro vientos. Dios mío, ¿cómo podría explicar lo que estoy sintiendo? Aunque me quedara mudo todo el mundo adivinaría en mi mirada el gozo que ahora tengo. ¿Cómo me puedes causar tanta alegría? ¿Cómo eres capaz de despertar en mí tanta felicidad? ¿Cómo, si tu nombre es sinónimo de dolor? ¿Cómo, si te llamas Amargura…?

jueves, 30 de junio de 2011

CARTA AL NUEVO HERMANO MAYOR

Querido amigo y querido hermano:

Cuando ayer al filo de la medianoche comenzaba el día de su festividad, San Pedro, con una de sus llaves, la de plata, cerraba un periodo en la historia de nuestra hermandad; y con la otra, la de oro, abría un tiempo nuevo. Así sucede siempre que se celebra un cabildo para elegir nueva junta de gobierno. Plata para el recuerdo y oro para el futuro de esta Real, Antigua y Venerable hermandad de nazarenos.

Ayer, Chelu, tuviste la inmensa dicha de que tus hermanos que participaron masivamente y con una actitud ejemplar, te eligieran para que seas, cuando lo confirme el Sr. Obispo, nuestro nuevo hermano mayor. No hay distinción, ni cofrade, ni civil, ni de ningún otro tipo para un hermano de Jesús Nazareno que ser el hermano mayor de su hermandad.

Y has salido elegido en unos comicios donde concurrían circunstancias especiales. Precisamente en circunstancias nada propicias has sabido explicar  junto con el resto de oficiales que formarán tu junta de gobierno, la idea que tienes de lo que desearías que fuese la hermandad. Y tu mensaje habrá sido comprendido a tenor de los resultados cuando te han encomendado la honrosa misión de regir los destinos de nuestra hermandad y cofradía. Dicho así, ¿a que asusta? Pero no te preocupes. Todo es cuestión de prioridades, y creo que tú, en esto, siempre lo has tenido claro.

Siempre que un hermano mayor accede al cargo, que viene de carga, no te olvides, se encuentra ante sí con una larga lista de tareas a realizar, de toda índole: patrimoniales, sociales, asistenciales, caritativas… Pero la principal es la de rendir el culto debido a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Cosa nada difícil en principio dada la enorme devoción que El Señor tiene en Huelva, pero complicada en la actualidad pues la sociedad tiende cada vez con mayor frecuencia a desdibujar con todo tipo de distracciones el verdadero esplendor de nuestras imágenes. Será misión tuya y de tu junta de oficiales procurar purificar la devoción al Nazareno, protegiéndola de todo lo que la pueda distorsionar. Que lo que brille sea él, y solo Él.

Luego vendrán los estrenos, lo material, eres cofrade viejo y sabes a lo que me refiero. Pero estoy seguro que coincides conmigo en que eso hoy no es lo más importante.

Actualmente tienes ante ti una tarea infinitamente más importante, un reto mucho más urgente: Lograr en tu tiempo de mandato la unidad entre nosotros. Y esto tiene mucho que ver con que dejemos que Dios empape con su Espíritu nuestra hermandad. Tienes la misión y la obligación de lograrlo. Aunque evidentemente no depende solo de ti.

En su legítimo derecho, han comparecido junto con la tuya dos candidaturas. Son dos formas más de entender la hermandad. Dios quiera que seamos capaces de unir voluntades. Todos deberemos poner de nuestra parte. Todos sabemos de tu bonhomía, sabemos de tu bondad de corazón y de tu honradez a prueba de auditorías cofrades. Conocemos tu mano firme a veces y otras de terciopelo, tendida cuando se necesita. Inténtalo. Sería tu mayor legado.

Y hablando de legado. Anteanoche, recién proclamada vencedora tu candidatura, al acercarme a Isabel, tu madre, no pude por menos que emocionarme acordándome del legado de devoción hacia la hermandad que te dejaron tus antepasados. ¡Anda que estarán disfrutando poco, más que en un eterno baile de cascabeleros ante San Juan Bautista, tu padre Paco Borrero y tu tío Pepe sabiendo que este año irás presidiendo la cofradía donde mismo ellos iban! Así que no te extrañes si esta madrugada de Viernes Santo, susurrándole piropos a la Virgen, ves dos nazarenos más, uno a cada lado del nuevo hermano mayor, en la presidencia del paso de palio.

Y me acordaba de la mucha hermandad que vivimos en la rebotica de la droguería, y de Juana María llamando por el patio para tomar el “moka”. Te veía preparando la plata, montando el Nacimiento, o de costalero, o haciendo gala de tu infinita paciencia dándole forma, clavel a clavel, al monte del Paso del Señor. Por eso cuando al principio de este tiempo de elecciones en la hermandad (me niego a llamarlo campaña electoral) decían que no te conocían, lo que en realidad no conocen es la historia, no ya tan reciente, de la hermandad.

Así que cuando quisiste contar con mi ayuda para tu proyecto, aún sabiendo mi deseo de unir distintas sensibilidades, no me pude negar. Aun sabiendo que podría perjudicarte, más que beneficiarte, no pude ni quise negar mi mano a quién durante tantos años ha colaborado con la hermandad, mejor dicho, ha hecho hermandad, y que cuando te he necesitado en el desempeño de algún cargo en la junta de gobierno, siempre te he tenido cerca. Jamás coseché de ti una sola negativa. Absoluta disposición a la hermandad.

Aunque eres poco expresivo, sé de tu felicidad, de la de Rocío, tu mujer, de la de tus hijos y de la de toda tu familia. A ella me sumo de corazón. Te la mereces. Y nosotros nos merecemos un hermano mayor como el que estoy seguro vas a ser.

Un abrazo.

P.D.  Te ruego hagas extensiva mi felicitación al resto de tu junta de oficiales de gobierno.

jueves, 23 de junio de 2011

VENID ADORADORES, ADOREMOS


El próximo domingo celebraremos una de las mayores solemnidades de la Iglesia Católica: La Conmemoración del Cuerpo y la Sangre de  Nuestro Señor Jesucristo, el Corpus Christi.

Tras la misa de Pontifical, el Santísimo Sacramento saldrá en la única procesión de obligada asistencia de cuantas se suceden a lo largo del calendario litúrgico. Y aún así, a nadie se le escapa que esta procesión languidece en la misma proporción que aumenta la asistencia a las de Semana Santa. A la vista está que no termina de contar con la masiva participación que su carácter e importancia merecen. ¿Por qué si esta es, si debe ser, la procesión más importante con la Real presencia de Jesús Sacramentado no se llena las calles a su paso? Algo estaremos haciendo mal.

Siempre que se aborda esta cuestión se alegan, sin mucho convencimiento, excusas tan peregrinas como lo inadecuado de su celebración en domingo, la climatología, la cercanía de las playas, el verano…Igual de cerca están las playas y el mismo o más calor hace para la bajada y las procesiones de la Virgen de la Cinta y la ciudad acude masivamente, dentro de la decadencia general que se aprecia últimamente en este tipo de actos religiosos, pero todavía masivamente.

Estas circunstancias podrán influir, pero no es la causa principal de la desmotivación existente. El verdadero motivo es la falta de conocimiento de lo que la Sagrada Eucaristía significa, de la falta de conciencia de lo que Dios supone en nuestras vidas. O al revés; esta situación define bien a las claras lo que la Religión supone para nosotros.

Por un lado, las cofradías, por costumbre, solo se han preocupado de llevar una digna representación que a veces no alcanza ni a sus juntas de gobierno, no hemos sabido transmitir al resto de la nómina de hermanos que la Eucaristía debe suponer el centro de nuestra vida cristiana. Pero por otro lado, sin la participación de las hermandades y cofradías, ¿qué sería de la procesión? ¿Quién acompañaría a la Custodia? Porque el pueblo fiel que se sitúa detrás del paso también es cada día más escaso. Si a esto le añadimos el poco interés de parte de los responsables parroquiales por animar  a los fieles a asistir al Corpus tendríamos las causas principales, que no las únicas, de esta decadencia. Si se están celebrando misas con el Señor en la calle, ¿cómo se va a facilitar la concurrencia a la procesión, incluso la propia participación del clero?

Y la solución, como a veces se oye decir, no pasa por llenar la procesión de pasitos (aunque su inclusión en el cortejo tampoco perjudicaría a nadie). La solución es mucho más compleja. El problema es más profundo, mucho más preocupante, es el vivo reflejo de la falta de creencia en Dios de esta sociedad, de su progresivo alejamiento de la Religión, de sus preceptos, de sus mandamientos. Un pueblo que engalana con profusión balcones , fachadas y edificios enteros por un triunfo deportivo, luego no es capaz de adornarlos al paso del Triunfo de la Eucaristía, como avergonzado de su condición de católico. Con que solo los creyentes exteriorizáramos nuestra reverencia al  paso de la Sagrada Forma engalanando nuestros balcones bastaría. Pero ni eso.

Y es que no se puede amar lo que no se conoce. ¿Cuántos jóvenes han asistido alguna vez a la Exposición de Su Divina Majestad? Con suerte, si son cofrades, alguna vez con ocasión de los cultos de regla de su hermandad. Aquí es dónde las cofradías pueden desempeñar un papel fundamental, transmitiendo a las nuevas generaciones la devoción a la Eucaristía, con el indudable poder de atracción que ejercen sobre la juventud. Y con las cofradías, los colegios religiosos y cualquier asociación de la Iglesia.

Claro está que esto sería posible si Dios no quedara desdibujado, como perdido entre otros elementos sin ninguna importancia que a veces ahogan la verdadera misión de una cofradía. ¿Cuántas veces confundimos la innegable y legítima belleza de un altar de cultos con el verdadero quinario que es el culto sagrado? ¿Cuántas veces llamamos solemnidad a una sobrecarga, tantas veces huecas, de actos, rosario, letanías, misa, exposición, salve y hasta imposición de medallas en una misma tarde? ¿Se preparan bien los acólitos, saben lo que significa su misión en el altar? ¿Vivimos con unción estos cultos o estamos deseando que acaben para cuanto antes empezar a montar los pasos? Y ni que decir tiene que esto sería imposible sin la colaboración de ministros  consagrados que propicien el conocimiento de la devoción  al Santísimo con todo el culto tradicional que ello conlleva. ¿Sabrían cantar los jóvenes el Tantum Ergo? ¿Sabrían decir qué es una bendición y una reserva solemnes? Pero si nadie les enseña nunca lo sabrán.

El próximo domingo oiremos insistentemente en el Himno Eucarístico la expresión Dios está aquí. Ojalá lo dijéramos convencidos, demostrando que lo creemos, exteriorizando esa Verdad. Si somos capaces de transmitir esa creencia, sobre todo a los más jóvenes, en poco tiempo al volver a cantar Venid adoradores, adoremos, seremos más los que acudamos a esa llamada. El inmenso Amor hecho Pan Consagrado nunca nos abandonará, ni la protección  maternal de la Virgen, Nuestra Señora. En Ellos confiamos.

jueves, 16 de junio de 2011

DECIR LO QUE SE SIENTE


No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
                              (Francisco de Quevedo)

Si normalmente los cofrades cuando opinamos solemos soltar alguna que otra “jangá”, cuando  nos encontramos en periodo de elecciones el índice de “trocherías” se dispara.

De todos es sabido que en las elecciones de la hermandad del Nazareno concurren tres candidaturas, situación esta, a mi entender nada deseable, pero absolutamente lícita. Ni la primera,  y seguro que no será la última hermandad en la que ocurra.

Me cabe el honor de que dos de esas candidaturas hayan querido contar con mi colaboración, pero he declinado la invitación y no voy en ninguna de las tres. En ninguna aspiro a cargo de gobierno alguno. Pero lo que nadie podrá evitar es que unos me parezcan más capaces que otros y que a la hora de votar me decida por la que, a mi entender, mejor pueda desempeñar su labor y mejor pueda servir a la hermandad, ¿o también me lo van a prohibir?

Viene esto a cuento porque para criticar a alguna de esas candidaturas lo están haciendo conmigo, mejor dicho, contra mí. Además de no aspirar a nada en estas elecciones, llevo ocho años que estoy fuera de este juego. Precisamente a mí que durante este tiempo no he querido participar en nada, ni hacer nada que pudiera perjudicar a mi hermandad, ni he ido a reventar ningún cabildo, ni he hecho ni escrito  nada que pudiera perjudicarla, por muy mal que me hubieran parecido como se hicieran las cosas. Simplemente, me he mantenido al margen.

Siempre he pensado que el que la lleva la entiende y que las distintas juntas de gobierno deben tener la legítima libertad de actuar como lo consideren, dentro de lo establecido en los estatutos. Por eso, nada he dicho; nada he hecho. Es más, alguna vez que he sido requerido por la junta de gobierno para algo concreto, allí he estado.

Entonces, ¿a qué viene esto? Y lo que más me sorprende es que esgriman mi “alejamiento” estos últimos ocho años como principal argumento. Pero no se preguntan por qué. Me apartan y luego echan en cara que no vaya. ¿Ustedes lo entienden? Incluso algún ocioso ex-hermano mayor de  otra cofradía echa leña al fuego aduciendo que algunos años me he ausentado de Huelva en Semana Santa. Creo que lo que habrá querido hacer este señor es arremeter contra un buen amigo mío, excepcional cofrade e imprescindible contertulio dándole una patada, pero en mi culo.

Critican mi distanciamiento con la hermandad estos últimos años, pero no dicen nada de los años, todos los de mi vida, que me consagré a su servicio, y nunca recibí ayuda de ellos, ni falta que me hizo. Antepuse la hermandad a todo en el Mundo. Y no puedo decir que me equivoqué, porque estoy seguro que volvería a hacer lo mismo. Mientras muchos disfrutaban de la Semana Santa, de la de Huelva y de la de Sevilla, algunos ni nos podíamos mover de la iglesia. Sencillamente porque no teníamos tiempo, ni cuerpo.

Quizás en esto se aprecie mejor la relatividad del tiempo. Según Oscar Wilde, el valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con las que suceden. Será por eso por lo que hay momentos irrepetibles y personas inolvidables, y en la intensidad con la que he vivido la emoción de haber servido a mi hermandad no me va a ganar nadie.

Ahora es otro tiempo. Que no se preocupen por mí, no merece la pena. No quiero honores, ni causar lástima. A nada aspiro, si acaso a que me dejen en paz los que no tienen otros argumentos para criticar a una candidatura adversaria que haciéndolo contra mí. No soy ni víctima ni verdugo. Y como dice una canción de mi admirada María Dolores Pradera, a estas alturas de mi vida “miro pasar el Mundo como un carnaval, grotesco y burlón”.

Ahora no lamento, no siento lo que he dicho. Ahora he dicho lo que siento. Palabra.

Y a los posibles lectores de este blog, les prometo no volver a aburrirles con mis disquisiciones personales. De verdad.