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jueves, 24 de noviembre de 2011

RECORDANDO

“En las cofradías hay gente que medran para ocupar un cargo y otras que con su trabajo callado son los que las sacan adelante” (Francisco Robles)

No sé por qué al leer esta certera y obvia (por mil veces demostrada) reflexión del periodista Paco Robles, se me ha venido a la mente esos hermanos, unos conocidos, otros que pasaron más o menos desapercibidos, pero que fueron fundamentales en algún momento  de la Historia para sus hermandades. Especialmente en los malos momentos.
Ahora que noviembre empieza a declinar, cuando en el negro de los vestidos de nuestras dolorosas (alguna que otra más que vestidas de luto parecen disfrazadas para una noche loca de Halloween) van perdiendo intensidad y parecen clarear por la proximidad del celeste; ahora que conmemoramos a nuestros fieles difuntos, volvemos la vista atrás, que como dice la canción, es bueno a veces.
Y perfuman la memoria, cálida de alhucema e incienso quemados en el brasero de los primeros fríos, nombres de hermanos que están grabados a fuego en la lápida de la memoria agradecida de su hermandad; y otros cuyos nombres parecen velados por la gasa gris del olvido y el de la falta de reconocimiento a su labor.
No hace falta escribir sus nombres, todos sabéis quiénes fueron y quiénes son. Además, son pocos, muy pocos; dos, tres a lo sumo en cada cofradía, pero que fueron capaces de sostener  a pulso la grandeza de sus hermandades, que no residía en el patrimonio material precisamente, sino en la devoción  y abnegación demostradas en momentos no muy propicios.
Conocían a la perfección, como a la palma de sus manos toda la cofradía, desde donde se guardaban los pernos (¿qué sería una cofradía sin pernos?) de los pasos hasta a quién había de darle el sablazo cofrade para terminar de pagar la factura de la cera que, a 30, 60 y 90 ,vencía enseguida. Lo fueron todo a un mismo tiempo, priostes, mayordomos, albaceas de culto…Pero siempre a la sombra, en un discreto segundo o tercer plano, sin aspiraciones.
¿A cuántos hermanos mayores encumbraron? ¿A cuántos les sacaron las castañas del fuego de la falta de saber cofrade y de la carencia de recursos humanos, vulgo falta de gente para trabajar por la hermandad, vamos? ¿Cuántos golpes les pararon? ¿Y cómo se lo agradecieron? Hubo quienes se salvaron con un almuerzo homenaje y un pergamino. Pero otros se vieron condenados  al ostracismo.
Pero alguien siempre habrá quien los recuerde cuando llegue noviembre, pasando quizás entre los dedos las cuentas de un rosario (negro, por supuesto) para rogar a Dios por ellos, para que ellos rueguen por nosotros, ahora que ya gozan de la visión de Cristo y de la Virgen tal como lo vieron y lo soñaron aquí en la Tierra, en el rostro de sus imágenes queridas.
Descansen en paz en el Reino que  se supieron labrar en el servicio a su hermandad, a su parroquia y a la Iglesia de Dios en Huelva.
Porque pocas cosas habrán en esta vida más desagradecidas que la memoria de una cofradía, cuando les conviene.

jueves, 17 de noviembre de 2011

"HIJO,TÚ NO TE SEÑALES"

Estoy seguro que esto es lo que me dirá mi madre en cuanto se entere de lo que va este escrito.

En este “hijo, tú no te señales” se esconde el miedo ancestral  heredado a decir lo que se piensa libremente por posibles represalias. Se nota que mi madre no conoce muy a fondo el mundo de las cofradías, de lo contrario ya estaría acostumbrada.

Y es que por más que se le diga que aquellos tiempos de señalar con el dedo a quien no opina como tú ya pasaron, que las cosas han cambiado, que en nuestra sociedad se respetan las opiniones ajenas nos gusten o no,  no hay manera, ella sigue en sus trece. Las represalias que por bando y bando se sucedieron en la lejana contienda civil española siguen en su subconsciente de mujer octogenaria.

Es que me  estoy imaginando como si la estuviera viendo lo que me  va a decir en cuanto que me vea:

-Hijo, ¿tú para qué te metes en nada? ¿Tú para qué te señalas?
-Vamos a ver, mamá, ¿que un católico, que un cofrade, diga que piensa votar al partido que defienda la vida desde el momento de la concepción y hasta su fin natural, por pensar que el aborto no es un derecho sino un estrepitoso fracaso, es señalarse?
-Pues claro que es señalarse, hijo; ¿o tú no sabes que un cofrade llamó a otro retrógrado, reaccionario, que quería que las mujeres fueran a la cárcel por abortar, por el mero hecho de llevar una camiseta de esas del “Sí a la vida”?
-Bueno, mamá, será un caso excepcional. Además, creo que nadie se sorprendería si los cofrades votásemos a los políticos que, por ejemplo, sabemos que van a misa (no a todo aquel o aquella que preside procesiones) o que estén algo más en sintonía con la Iglesia, o por lo menos que no la insulten, o que consideren acertado poner la cruz en la casilla de la Iglesia en la declaración de Hacienda…
-¡Uy que no! Pero hijo mío, pareces tonto. Anda que no hay cofrades que no van ni a misa y que le zurran a su Iglesia más que a una estera y que ponen a caer de un burro al mismísimo Santo Padre…
-¡Ojú mamá! Mira que eres…
-Ah, ¿qué no es verdad?
-Bueno mamá, puede que sí; pero allá ellos con su conciencia…
-Sí hijo, con su conciencia… Es que como dicen unos amigos tuyos: lo menos que hay que hacer para ser cofrade es creer en Dios. Y a veces dudo que muchos cofrades crean en Dios…O al menos no lo demuestran.
-Vale mamá. Ahí me has dado. Irrefutable lo que decís mis amigos y tú….Pero bueno, no creo que nadie llevará a mal que diga que deberíamos votar a quienes propongan que el esfuerzo, la honradez, el trabajo bien hecho y la capacidad sea lo que valide a alguien para ocupar un puesto de responsabilidad en la vida.
-¡Anda ya, hijo!  ¡Ahora no lo pareces, es que eres tonto! ¿Es que no has visto a muchos cofrades que ocupan cargos sin tener ni idea de lo que están haciendo, a veces sin gustarles esto, por el mero hecho de medrar  o de joder a otros cofrades?
-¡¡¡Mamá, ese lenguaje!!!…(Es que mi madre se vuelve deslenguada cuando le hierve el agua del radiador).
-¿No ves ocupando puestos de responsabilidad a muchos que no han hecho nada en su puñetera vida ni por su hermandad ni por nada, y solo se han dedicado a pontificar en las esquinas como charlatanes de feria?
-Pues es verdad, mamá. No había yo caído….
-¿O es que tú te crees que esto es como antes, cuando las cofradías no interesaban a nadie ni tenían relieve social y por eso nadie se acercaba; vamos, como cuando gente de tu edad empezaban?
-Pues….puede ser. A veces pienso como tú…Bueno, mamá, a lo que íbamos. Vamos  a ir dejándolo ya, que quiero terminar de leerme los programas electorales para estar más seguro de qué votar. Aunque cada vez tengo más claro que votaré al partido que quiera para mi nación el sentido de unidad que parece haber perdido, que no reabra viejas heridas de una antigua guerra (de la que los cofrades tendríamos mucho que decir) que la inmensa mayoría de españoles no vivimos, donde la cultura cristiana, origen y fundamento de Europa, sea la base donde construyamos nuestro futuro, donde las víctimas de la violencia, de cualquier tipo, no sean comparada con sus verdugos, ¿es esto un delito?
-Vamos a ver, hijo, ¿no te han llamado ya facha, reaccionario, cavernícola, por menos de eso? ¿No lo siguen haciendo muchos cofrades, por decir lo mismo, con…. Ay, cómo se llama, sí hombre, el obispo de Madrid…?
-Rouco, mamá; Rouco Varela. Y no es obispo, es Cardenal de la Iglesia Católica….
-Eeeeeese….Pues igual, hijo. Bien me haces sufrir…Mira, Manolín (es horrible pero sigue llamándome así algunas veces), déjate de tonterías y no escribas nada. Es mejor seguir la corriente. Y ya sabes, hijo, lo que yo te diga, tú a todo que si jijí, que si jajá….Y todos tan contentos.
-También es verdad, mamá. ¿Qué necesidad….?

 Y se irá refunfuñando para la cocina mascullando alguna retahíla que suena a copla antigua, a temores viejos, a jaculatorias de siempre. Son cosas de mi madre; cosas de su edad…

jueves, 10 de noviembre de 2011

TRILOGÍA DE LA CARRERA OFICIAL: SOLOS EN LA MADRUGADA. (Y III)

 Así, como en el título de la película de Garci, estuvo la hermandad del  Nazareno desde su fundación,  hace más de cuatro siglos,  siguiendo los pasos del Señor cada Viernes Santo. Y así volvemos a estar otra vez, desde que la Misericordia y el Perdón se ubicaron en otras jornadas estamos de nuevo solos en la Madrugada. Pero siempre acompañados. Primero, por la mitad de la ciudad que trasnocha por verlo salir de  la Concepción; y más tarde, al amanecer, por la otra mitad que madruga para acompañarlo hasta su entrada en la iglesia, al mediodía del Viernes.

Y en medio, la crudeza de una noche, a veces cálida, a veces gélida, solo arropados por los más fieles. De lo duro de una Madrugada acompañando al Señor solo podrán hablar con propiedad quienes cargando una cruz tras su paso o alumbrándolo con un cirio lo haya vivido.

La Madrugada no es la foto fija de un mediodía con el telón de fondo de las gitanillas que cuelgan del balcón del Comercial, bajo un cielo azul purísima y con el fondo musical de las saetas. Hay mucho más, de bueno y de malo. Solo por ser testigos de las muestras de devoción de Huelva al Señor, ya vale la pena. Pero también hay sombras en este emblemático día de la Semana Mayor onubense.

Muchas veces quienes esgrimen el descenso de fieles (no me gusta llamarlo público porque esto no es un  evento social ni deportivo, ni un espectáculo, sino una expresión de religiosidad popular, aunque algunos no quieran entenderlo así) en las horas más bajas de la Madrugada, aunque lo que descienda en realidad sea  el número de “espectadores”, porque los fieles al Nazareno y a la Amargura los siguen incondicionalmente; o aducen la idoneidad de quienes lo ven pasar; o argumentan la inversión horaria con respecto a las demás cofradías  como rasgos negativos, puede que tengan hasta razón.

 Pero  me gustaría ver a muchas cofradías de multitudinario acompañamiento en su jornada haciendo estación de penitencia en la Madrugada. Mientras que  lo que la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno es capaz de hacer cualquier tarde, Él solo, sin música, sin saetas, lo ha demostrado clarísimamente en los distintos Vía + Crucis del Consejo (en tres ocasiones) y en los traslados que se vio obligado a efectuar por el cierre de su sede. Hasta la Madrugada de Sevilla con sus seis cofradías (y qué seis cofradías) tiene sus horas críticas. Pero eso lo sabemos los hermanos del Nazareno. Y cuando salimos somos  perfectamente conscientes de a qué nos enfrentamos.

Esta frialdad, este mal ambiente que dicen condicionan a  la Madrugada, y que no parece afectar a la hermandad del Nazareno, no es exclusivo de Huelva. En Cádiz, las hermandades de la Sanidad y Medinaceli,  y en Córdoba las de la Merced y el Nazareno, han buscado acomodo  en otra jornada dejando a sus ciudades sin Madrugada. Pero este no es nuestro caso.

Sabemos del cansancio que se acumula, si se es cofrade, durante la Semana Santa. Sabemos de broncas entre los que han hecho que arrastremos el etílico sobrenombre; de alguna que otra reyerta; de las provocaciones de los gamberros; de colillas encendidas tendidas a los pies de los nazarenos; de cristales rotos al paso de los penitentes…..Y no nos importa. Nunca nos ha importado ni nos han amilanado. Con eso ya contamos. Y es verdad que a veces la Madrugada es así.

Por eso me extrañó la decisión de que dos hermandades de nueva creación pidieran en su día  la Madrugada como jornada de salida. Por eso no me extraña ahora que hayan buscado otro día para hacer su estación de penitencia. Por eso, ahora más que nunca, no sé lo que hace la Hermandad del Nazareno haciendo Carrera Oficial sola en la Madrugada.

Y no se trata de prebendas “por ser vos quién sois”, ni por privilegio especial, sino porque todos los problemas de seguridad y orden que antes comentábamos se trasladan al itinerario de una carrera oficial cuyos palcos en la Madrugada, mayoritariamente, no son ocupados por sus propietarios,  sino por una suerte de gente (por no decir calaña) que nada tiene que ver con las personas que los ocupan en cualquier jornada, y donde tienen patente de corso para hacer de todo, y he dicho de todo. Además, y como me comentaba un amigo: ¿qué sentido tiene hacer estación de penitencia en un templo del que hace un cuarto de hora (literalmente) se salió, casi mordiendo la Cruz de Guía la cola del manto de la Virgen de la Amargura. No es que haya que tratar a esta hermandad con un criterio distinto. Es aceptar la evidencia, ¿o es que a su propia hermandad no le gustaría una espléndida carrera para su cofradía?

Creo que la hermandad de Jesús Nazareno ha dado sobradas muestras de colaboración y de paciencia cuando su salida se veía condicionada al hacer estación de penitencia en la Concepción justo a esa misma hora las hermandades de la Misericordia y el Perdón. Quizás por eso aquellos intentos, parece que ya felizmente superados, de querer descabalgar al Nazareno de las cuatro de la mañana, su hora de salida desde siempre, acabándose así con una de las pocas, si no la única, tradición horaria que nos queda en nuestra Semana Santa. Y que sin molestar a nadie lleva la hermandad cumpliendo desde tiempo inmemorial. Pienso que la hermandad del Nazareno aporta a la Semana Santa de Huelva mucho más de lo que esta carrera oficial aporta al Nazareno. Supongo que lo mismo que la decisión de abandonar la Madrugada por parte de la Misericordia y el Perdón cayó por su propio peso y por la soberana  (y creo que acertada) decisión de sus hermanos, también caerá por su peso  la idea de la inutilidad de que la hermandad del Nazareno realice, al menos como está planteada hoy por hoy, la carrera oficial.

El eximir de hacer carrera en la Madrugada sería descargar de conflictos al Consejo, al Ayuntamiento y a las propias fuerzas de seguridad cuando el niñaterío no disponga del  escenario perfecto  donde cómodamente  molestar a la hermandad.

La Madrugada de Huelva es así. Siempre fue así.  Y no se puede arreglar moviendo de día a hermandades como si fueran los muebles de un salón al que hay que redecorar, ¿o no han oídos ustedes decir que la Madrugada se salvaría poniendo tal o cual hermandad, cambiándola de jornada, intentando plagiar un canon imposible de imitar? Dejemos las cosas como están, como siempre han sido.

 No sé si en Huelva ha habido alguna vez Madrugada; o era la Madrugada del Nazareno; o era el Nazareno Quién hizo la Madrugada… O es simplemente el Nazareno.

jueves, 3 de noviembre de 2011

TRILOGÍA DE LA CARRERA OFICIAL (II) LA ESTACIÓN DE PENITENCIA

No me asalta ni la menor duda del fervor con el que hacen estación de penitencia los miles de nazarenos que procesionan en nuestras cofradías. Ni soy yo quién  para valorar la medida de la devoción con la que cada uno entra en la Concepción para cumplir este precepto cofrade, que debería dar sentido  a nuestras procesiones y a nuestra carrera oficial. Todavía no se ha inventado el “Devotómetro” para poder medir la intensidad del amor a Dios y de su compromiso con Él y con su Iglesia.

Que las cofradías son entidades religiosas tendrán que reconocerlo hasta los que solo ven en ellas el componente cultural (que sin duda tienen) y al menos reconocerán el “hecho religioso” en la estación de penitencia de las hermandades. Y que de actos así dependerá en gran parte la imagen que de nosotros tenga la sociedad.

Pero si esta sociedad debe forjarse una idea de las cofradías a tenor de las imágenes que  nos ofrecen las televisiones locales desde el interior de la Concepción al hacer estación de penitencia, preferible que se queden con la parte cultural, antropológica y hasta lúdica, porque hablan claramente que la forma (eso que tanto nos gusta cuidar a los cofrades) es manifiestamente mejorable. 

Condicionantes como el espacio interior del templo reducido por la ocupación de los pasos de las cofradías allí establecida y la ubicación de la capilla sagrario, imposibilitan una mejor y más lógica estación de penitencia. Y que conste que la solución no pasa, ni muchísimo menos, como se oyó decir en alguna que otra ocasión, por montar un “monumento” en el atrio de la iglesia durante todos los días de la Semana Santa. Esto denota no tener ni idea de lo que es un monumento eucarístico, ni un sagrario ni de lo que es el Santísimo Sacramento del Altar.

Y es que volvemos al problema de siempre: No hay un lugar adecuado ni la infraestructura necesaria. Nada imputable a la parroquia de la Concepción, de la que me consta su disponibilidad y de la infinita paciencia de sus tres cofradías. Por cierto que esta emblemática parroquia de Huelva es de las pocas que exponen diariamente  a S. D. Majestad y ante la que se postran numerosos fieles para adorar, pero donde también se aprecia la falta de jóvenes, cofrades o no, arrodillados ante la custodia. Aquí tenemos un extenso  campo donde puedan arar los diputados de culto y formación. Algo tan sencillo y tan grande como enseñarles, ya que al parecer nadie se ha preocupado,  que ahí, en la custodia, está real y verdaderamente presente Jesucristo Sacramentado.

Porque si algo tan elemental como la adoración al Santísimo no se hace, o por desconocimiento o por falta de fe, ¿cómo se va a poder hacer una estación de penitencia en condiciones? Algo tan fácil como enseñarles cantar el Pange Lingua y que se sepa asistir a una exposición y a una bendición, o simplemente recordarles que antes de entrar a ver al Nazareno hagan una genuflexión ante el sagrario de la parroquia. ¡Será por enseñarles a querer los ritos más ancestrales de nuestra religión!

Si se va a hacer una estación de penitencia, hagámosla bien, aún con los pocos medios de los que disponemos. Seguro que hay fórmulas  que la llenen de contenido. No cuesta trabajo intentarlo. Sería la única forma de hacer realidad eso que tanto nos gusta poner al pie de las convocatorias de cultos,  eso de A. M.D.G et B.V.M., a  Mayor Gloria de Dios y de la Beata Virgen María. De lo contrario seguiremos desfilando por una pasarela cofrade y nos dedicaremos al pasar a ver montados los pasos de la Concepción. O a rezarle un padrenuestro al Nazareno de la Concepción, como cualquier tarde.

 Miren, miren si no los resúmenes de Semana Santa de las televisiones locales.

jueves, 27 de octubre de 2011

TRILOGÍA DE LA CARRERA OFICIAL (I)

La creación de la carrera oficial en la Semana Santa de muchas localidades andaluzas, a imitación de la de Sevilla, surge de la necesidad de ordenar el discurrir de las cofradías que se dirigen a un mismo templo, catedral, prioral o parroquia emblemática del lugar, para hacer estación de penitencia en su interior. Ese, y no otro, es el verdadero y único sentido de este itinerario común.

Pero la realidad urbanística de nuestra ciudad es tozuda, terca más bien. Y no colabora en absoluto para que nuestra carrera oficial sea ni parecida a las de otras capitales de nuestro entorno.

Huelva, al carecer en el pomposa y pretenciosamente llamado casco histórico (y fuera de él tampoco) de un templo con las dimensiones adecuadas para que por su interior pueda transitar la cofradía completa, pasos incluidos, hace que esta carrera oficial no tenga sentido tal y como está planteada hoy. Mantener este itinerario para hacer la estación de penitencia en la Concepción de la manera que se hace  (y de lo que hablaremos en otro momento) no merece la pena.

Cuando se cambió el trazado de la anterior carrera oficial y se adoptó el actual, muchos creyeron ver en la Placeta esa Campana imposible, obviando al mismo tiempo en la calle Concepción la posible calle Sierpes.

Pero la propia infraestructura de la ciudad y los intereses de más de un comerciante la hicieron inviable. La obsesión por los palcos en nuestra Semana Santa es sorprendente. Y nuestras calles, excepto la Gran Vía, no se prestan a su instalación, y todo para que se convierta en una pasarela cofrade donde se come pipas, muchas pipas; y los niños dan por saco, mucho por saco a sus vecinos de palco, y lo que es peor, a los nazarenos que van en el cortejo.

Pero esto que no llega a ser ni problema, quedaría solucionado con una adecuada distribución de sillas en calles que no admitan palcos, protegidas con estructuras revestidas de paños, rojos por supuesto, y una mejor educación de los padres de los niños.

 Una carrera oficial cuyo itinerario discurre por la puerta de un templo de donde salen tres cofradías (cuatro, esperemos que eventualmente) es en principio un problema, pues afecta a un normal desarrollo de sus salidas y entradas con los palcos (otra vez los palcos) casi en la misma puerta, y estrechando el camino a la hermandad. Me sorprende que Protección Civil, tan activa y exigente con la seguridad de las romerías, no haya reparado en la posible peligrosidad de este enclave cofrade.

Y me admiro de la paciencia con la que hasta ahora han actuado las hermandades de la Concepción a pesar de estas molestias circunstancias. Se ha dado el caso en algunas madrugadas de estar ya el paso del Nazareno en la calle, la Virgen de la Amargura todavía en el interior y la hermandad partida en dos para que pudiera hacer estación de penitencia la Misericordia. Por no hablar del horario y del rodeo de la Soledad en su salida y el de la Oración a su regreso. Lo que se dice un sinsentido.

Al final, la antigua carrera oficial, aquella tan denostada por empezar en un hotel y acabar en una cafetería, estética y operativamente era mejor que esta, mucho mejor que esta. Y excelente para las posibilidades de Huelva cuando continuaba por Vázquez López para seguir por Palacio y Concepción hasta terminar a las puertas de la Iglesia, y que se cubría con sillas en esas calles y no con los inoperantes palcos.

Este antiguo trazado, y buscando una fórmula más adecuada para la estación de penitencia ,que no debemos confundir con carrera oficial, sin inventos raros, sin nazarenos pasando por un pasillo de sintasol sin saber lo que hacen, sería a mi pocas luces el mejor posible. Independientemente de la dirección en que se hiciera, como antes, o a la inversa, empezando por la Iglesia de la Concepción.

Lo que no puede ser, no puede ser; y además es imposible, como dijo el Gallo. Debemos aceptar nuestra ciudad como es. Pero esto no nos exime de buscar una mejor carrera oficial, pues  es posible. No podemos aspirar a una carrera como donde sabemos, sin contar con lo que sabemos. Es decir, como en Sevilla y sin la catedral de Sevilla. No podemos hacer coincidir una carrera oficial a martillazos  ¿Qué le vamos a hacer si Huelva es así y así hay que quererla? ¡Qué más quisiera yo que vivir en una ciudad monumental!

Todos somos conscientes de la dificultad que entraña poner de acuerdo a veinticinco cofradías. Pero el mero hecho de que hubiera una, sólo una, que se viera perjudicada, sería motivo más que suficiente para revisar la idoneidad o no de la actual carrera oficial, que ha sido y sigue siendo motivo de discordia entre cofrades, tema de discusión en cualquier tertulia que se precie, y mina de oro para circunloquios en barras de bar y esquinas cofrades. Pero al parecer con pocos visos de tener solución.

Pero cosas más raras se han visto.

jueves, 20 de octubre de 2011

MORIR EN LA ORILLA

¿No habéis experimentado nunca esa sensación de luchar denodadamente  por algo en lo que has creído durante toda tu vida y sentir que no ha servido para nada?
¿No pensáis  muchas veces que los objetivos  que te has marcado no coinciden en absoluto  con los de aquellos que tú creías que remaban contigo en la misma dirección y resulta que iban en otra totalmente opuesta?
¿No habéis nadado contra corriente y cuando  estabais alcanzando la playa la habéis perdido de vista? ¿No habéis muerto alguna vez  en  la orilla?
Pues esa sensación me asalta más veces de las deseadas cuando considero algunos aspectos de nuestra reciente realidad cofrade.
Los que vivimos la transición de las cofradías, al mismo tiempo que vivíamos la transición política en un cambio de régimen que nada bueno auguraban para nuestras instituciones ni para la Iglesia, recibimos unas hermandades que languidecían, y  sobre todo que agonizaban en su vida interior. Y esto como consecuencia  derivada de un vacío generacional producido  por al boom económico de los sesenta (el Seat Seiscientos también  le hizo mucho daño a las cofradías) que al posibilitar nuevas formas de ocio alejó a muchos de las cofradías, viéndose de esta manera interrumpida la normal sucesión por razones de edad en las nóminas y en el gobierno de las hermandades.
Pero a pesar de las circunstancias y las carencias por todos conocidas, aquellos que dieron el paso al frente y aceptaron dirigir una cofradía y en condiciones tan adversas,  tuvieron claro lo que se traían entre manos, y recogieron el testigo respetando siempre su historia y su tradición. Lo que sucedería luego es bien conocido por todos.
Atraídos por el espectacular auge que las hermandades alcanzaron en los primeros compases de la democracia (y contra todo pronóstico) se fueron adhiriendo muchos advenedizos que jamás habían mostrado  el menor interés por la Semana Santa. Y de ahí, siempre a mi modesto entender, arrancan muchos de los males que ahora nos aquejan.
Las cofradías crecieron tanto y en tan poco tiempo, como una burbuja inconsistente, sin afianzar los pilares que la sustentaban,  que muchos, bastantes,  se arrimaron buscando no otra cosa que relieve social y notoriedad amparados por la avalancha de nuevos cofrades llegados en aluvión, sin formación, sin conocimiento del verdadero sentido que tenían estas entidades religiosas.
Algunos que literalmente se “cachondeaban” (perdón por el vulgarismo)  de  los que en aquellos años ya vivían por y para sus hermandades, han sido y son miembros de juntas de gobierno e incluso hermanos mayores,  porque pronto cambiaron de idea y se subieron al carro del triunfo en cuanto intuyeron que podían manejar, y si encima podían salir a cara descubierta en la procesión, mejor que mejor. Ustedes ya me entienden.
¿Dónde estaban cuando sacar una cofradía costaba sangre, sudor y lágrimas? ¿Dónde cuando nadie nos tomaba en serio? ¿Dónde se escondían cuando esto era considerado cosas de mariquitas y de tontos?
Y claro, con lo fácil que era destacar en un mundo tan mediocre, se hicieron dueños de una situación que ha propiciado en parte esta especie de recesión cofrade que ahora vivimos, al copar puestos decisivos en el entramado cofrade.
Otros, como nuevos ricos, fueron hermanos mayores sin tener ni idea de esto porque una vez pagaron las flores del quinario, una túnica para el Señor, o la banda para el palio, pensando siempre en su promoción personal, pocas veces en el bien de las cofradías, que si bien crecían en esplendor exterior, palidecían en su vida interna. Y es que por mucho que me quieran hacer creer que una barra en la casa hermandad  es hacer vida de hermandad, no trago. Eso no sirve para nada. Si acaso para la parte más visible del espectáculo; pero no para la parte seria.
Puede que, afortunadamente, esa generación también vaya  pasando. Y puede que nuevas generaciones quieran beber de aquellas fuentes donde el amor a las cofradías, con todo lo que  eso conlleva, fuera  el único motivo para acercarse a ellas.
Porque de aquellos polvos, estos lodos. Haría falta otra transición en las cofradías, pero a la inversa. Urge buscar la forma de hacer crecer por dentro a la hermandad. Por fuera, a la vista está lo mucho que hemos mejorado, pero no podemos conformarnos con eso. Este falso renacer de la Semana Santa no puede ser el canto del cisne de la celebración más hermosa que conocemos.
Solo así, los que lucharon por mantener viva la llama cofrade en tiempos nada propicios no tendrán la sensación del trabajo baldío, ni de morir en la orilla del esplendor de las cofradías.

jueves, 13 de octubre de 2011

ANGELITO AL CIELO

A  veces los zarpazos que la vida te dispensa son tan crueles que parecen buscar el momento preciso, ese tan especial, tan oportuno para herirte  todavía más, como si lo escogiera  para poderte hacer más daño, y para que jamás se te pueda olvidar.
Por muy asumida que se tenga la enfermedad y la segura muerte de un hijo, no creo que nunca se esté preparado, siempre te cogerá por sorpresa.
De ese dolor de enterrar a quien por ley natural de la vida debía de enterrarte a ti, solo pueden hablar con propiedad quienes hayan pasado por semejante trance.
Anoche, cuando acababa el día de la Virgen del Pilar, onomástica de su madre, fallecía un cofrade, un gran cofrade a pesar de su corta edad, hijo de Pepe Zamora y Pilar Carmona. Y no por esperada su muerte ha sido menos dolorosa; si acaso, más inexplicable y mucho menos comprensible.
Murió el día del Pilar y se le dará el último adiós ante la imagen del Señor de la Oración en el Huerto, que con la medalla de Javi prendida a su pecho, está dispuesto sobre el paso en el que ese mismo día será trasladado a la Catedral en procesión extraordinaria. Tenía que ser justo ese mismo día. Eso es dar en la diana  del destino.
Y es que Javier, impaciente como cualquier niño, no ha querido esperarlo en la puerta de su casa por donde pasará la procesión camino de la Merced. Él ha salido a su encuentro y ya está con Él, como cualquier Jueves Santo, alba blanca y esclavina verde, delante de un paso.
Y a Pepe, su padre, no será un ángel confortador el que le ofrezca  el trago más amargo que beberá en su vida. Será el propio Cristo arrodillado el que lo haga, y del que beberá como ya lo hizo Él aquella noche de su Pasión  aceptando la Cruz sobre sus hombros, como hace cada tarde de Martes Santo en San Pedro. Pepe Zamora es cofrade recio y sabrá  hacerlo.
Pero en esta terrible hora  le puede quedar la satisfacción del amor entregado a su hijo en vida en los momentos más duros y alimentado su vocación cofrade. No hubo celebración, ni procesión, ni evento en las cofradías al que no asistiera , siempre que su salud se lo permitía, con su hijo. Por eso tenía una pasión por las cofradías más grande que su propio cuerpo. Nunca pregunté por su salud, pues aunque saltaba a la vista, siempre me superaba esa afición sin límites que adivinaba en su rostro y no era cuestión de recordarle, ni a Javi ni a sus padres lo evidente. Me asombraba su fuerza por aprender de hermandades con su proverbial curiosidad de niño, de niño cofrade.
Así fue la última vez que lo vi, la mañana del  Sábado Santo en Sevilla visitando a la Hermandad de los Servitas, con la pasión cofrade saliéndole por los ojos. Y así me gustaría recordarlo.
Angelito al cielo, ropita al arca. Esta especie de jaculatoria se la he oído decir a mi madre cada vez que se enteraba de que un niño había fallecido, como teniendo la seguridad de que ya estaría en la Gloria. Y aquí con más razón, pues este ángel además era cofrade, muy cofrade, y seguro que bajará más de una vez tallado en carne de madera sobrevolando la canastilla de cualquier paso de Cristo.
Descanse en paz. Y rogad a Dios para que la Virgen de los Dolores haga suyas las lágrimas de Pepe y Pilar alcanzándoles el consuelo, tan difícil en estos momentos. Y en estos días tan señalados para su Hermandad de la Oración en el Huerto.