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jueves, 31 de enero de 2013

SIN COMPLEJOS


No es cuestión de que nos metamos en circunloquios filosóficos. Ni intentar redefinir y menos reubicar lo que desde siempre sabemos qué han sido y qué espacio han ocupado las cofradías en el devenir de la historia de nuestra ciudad, la cosa es mucho más sencilla. Porque como en tantas otras cosas, en esto también está todo inventado, o casi todo. Aunque quizás no esté todo dicho.

 Dado lo turbias  (y turbulentas) que bajan las aguas cofrades de un tiempo a esta parte, ante la  aparente pérdida de identidad, no estaría de más replantearnos si todos, desde dentro y desde fuera tenemos claro, si tenemos el mismo concepto de lo que es, por tradición, por reglas, por sus fines propios, una hermandad de penitencia.

Estoy seguro de que en casi todas las reglas por las que se rigen nuestras corporaciones, en el artículo primero de sus fines lo deja bien claro: Dar culto público y privado a las sagradas imágenes titulares de cada hermandad y hacer penitencia con la cofradía por las calles el día de salida correspondiente. Y ya está. Fíjense qué sencillo. Pero claro,  dar culto a nuestro modo. Porque si quisiéramos rendir culto a Dios de otra manera, perteneceríamos a cualquier otro grupo de la Iglesia, con otros carismas, o nos limitaríamos a ir a nuestra parroquia y punto. Las cofradías tienen unas reglas de juego tan propias que no entiendo qué hacen en ellas a quienes no les gusta esta forma que tenemos de ser y de manifestarnos. Es como si a alguien no le gustara el cine y se hiciera socio de un videoclub, o abominara del fútbol y se hiciera socio del Recreativo, y encima quisiera cambiar las reglas de este deporte.

Luego los estatutos de cada hermandad contemplarán lo demás: el fomento de la fraternidad entre hermanos, la formación, la caridad..... Pero lo primero es lo primero. Lo digo porque hay quienes pretenden exigirles a  las cofradías, a sus hermanos, una formación religiosa de élite  que no tienen el común de los mortales; y otros que solo ven en ellas lo externo, el tesoro  de las manifestaciones artísticas inherentes a cualquier hermandad. Pues creo que ni solo lo uno, ni por supuesto, únicamente lo otro. Además de no tener porqué ir disociado una cosa de la otra, en las hermandades habrá de todo, quienes tengan una más que sólida formación religiosa y quienes solo les une a la Fe la devoción adquirida o heredada hacia una imagen de Cristo o de la Virgen, quienes la única vinculación que lo ata a lo religioso es un cirio, una corneta, o un costal los días de Semana Santa. No creo que un cofrade deba tener por obligación la sabiduría de Duns Scoto o de Santa Teresa (ojalá pudiéramos) ni quedarnos en la fe del carbonero. Gracias a Dios, aquí cabemos todos. Lo lógico y lo deseable es que al menos los miembros que rigen los destinos de las cofradías sí deban saber qué es lo que se traen entre manos, que a veces es para ponerlo en duda. No es cuestión de estar apretándose el silicio todos los días, ni de desollarse los dedos pasando continuamente las cuentas del rosario. Ustedes me entienden.

Porque luego desde dentro, tenemos también a los acomplejados que ante los gastos propios de una hermandad, flores, música, orfebrería, bordados....., se justifican contrapesando la balanza con las obras de caridad que se hacen. Y es estupendo que se hagan, más se debería hacer y todavía más aún en los tiempos que corren. Pero que no pongan como excusa la labor social que hacen las hermandades. Esto no es una O.N.G. por lo religioso. No hay que dar más explicaciones porque que cada uno con su dinero hace lo que quiere. El dinero de las hermandades lo generan sus propios hermanos. Ya me gustaría ver cómo sobrevivirían otras instituciones, deportivas, culturales y de todo tipo (y no digamos políticas, empresariales o sindicales) sin la consabida subvención del organismo oficial correspondiente. Aquí, nuestros vicios, nos los pagamos nosotros.  A nadie tenemos que dar explicaciones, ni a los de dentro ni a los de fuera, y menos a los que nos critican por este motivo pues nunca nos van a entender, o no quieren entendernos. Otra cuestión es la conciencia que tenga  la propia hermandad para saber decidir con justicia qué parte de sus recursos emplee para cada cosa.

Y luego están los del gran complejo, los que para que no le traten de beatos, meapilas, blanditos o de qué sé yo, siendo cofrades dejan bien claro que cofrades sí, pero que las hermandades no tienen nada que ver con la Iglesia. Como si eso fuera posible.

Lo que dice un amigo mío y que me habréis oído decir y escribir más de una vez: "Si a las cofradías no venimos a acercarnos a Dios y a hacer amigos, estamos perdiendo el tiempo". Mira qué sencilla definición para lo que debe ser una cofradía. Así de fácil; pero así de difícil si no somos capaces de liberarnos de ciertos complejos.

jueves, 24 de enero de 2013

UNA DEUDA PENDIENTE CON JUAN MANUEL


Hay nombres en nuestra Semana Santa , y más que nombres, hombres, que encarnan por sí solos el alma de la hermandad a la que han servido con absoluta entrega y dedicación, nombrarlos es como nombrar a su cofradía. Son cofrades de raza que nacieron a la Semana Santa justamente cuando esta agonizaba y se debatía, en muchos aspectos, entre la dejadez y la desaparición. Pero que con la sabiduría que no se aprende en ningún libro con estampitas, ni en ningún sesudo tratado cofrade, sino con la generosa entrega de su tiempo (y de lo que no es su tiempo) tuvieron la valentía de rescatar la Semana Santa del ostracismo, salvando primero a las cofradías a las que pertenecían y a las que a pesar de todo siguen perteneciendo.

Persona íntegra, hombre de Iglesia, católico a carta cabal y excepcional cofrade, D. Juan Manuel Gil García pertenece sin ningún género de dudas a este privilegiado grupo. Haría falta algo más que un artículo para resumir la labor de Juan Manuel en su hermandad de la Esperanza, y por extensión, su aportación a la Semana Santa de Huelva en general. Es difícil encontrar alguno de los muchos logros conseguidos por la Hermandad de San Francisco en las últimas décadas sin que se adivine por detrás, pero sin hacerse notar, la figura de Juan Manuel Gil.

Fue motor y promotor. Serio, servicial, emotivo, ha sabido contagiar con su trabajo el entusiasmo por su cofradía a un grupo (también excepcional) de cofrades de la Esperanza que hicieron de esta hermandad el referente a seguir, el modelo a imitar, alcanzando hitos en la historia de la Semana Santa onubense jamás logrados.  Siempre fiel a sus ideas, a la Iglesia, incluso en  momentos de desencuentros con sus pastores, ni un mal gesto, ni un solo comentario contra nadie. Quizás por eso, por su paciente espera, y "como Dios es muy justo y no se queda con nada de nadie", fue testigo y actor principal en el logro de ver pasar a su Bendita Madre de la Esperanza  de una habitación de una casa en la calle Palos, a la gloria de un altar en la Plaza de las Monjas donde la Iglesia de Dios en Huelva, de manos de su Pastor, le ofrecía a la Virgen  esa corona de esplendores con la que se  coronaba  canónicamente aquella inolvidable tarde de junio. Mientras, en el tiempo que duraba ese camino que los llevaba de la Cruz a la Luz, todo un rosario de hechos que marcaron un tiempo excepcional en la hermandad y en Huelva : la vuelta de la Esperanza a su barrio, la construcción de un templo, su posterior ampliación, la ilusión de un cielo bordado para cubrirla, el sueño tejido en tisú verde y oro para cobijarla, la solemnidad de unos cultos, y el quedar prendido sobre el pecho de la Virgen y para siempre en forma de Medalla el amor de la ciudad  por su Esperanza. ¿Haría o no haría falta algo más que este artículo para reseñar la dedicación de Juan Manuel a su hermandad y a nuestra Semana Santa? Repito que no es que todo lo haya hecho él solo; pero siempre ha estado cerca de todo lo que se hizo. Lo que hubo en este tiempo irrepetible en la hermandad de San Francisco no fue una transformación, fue una auténtica refundación.

En cualquier ciudad que se preciara, este bagaje sería más que suficiente para que Juan contara con el reconocimiento y homenaje, primero de su hermandad, y luego con el de la Semana Santa en general. Pero resulta que estamos en Huelva, tacaña y cicatera como pocas con quienes más hacen por ella, donde cualquier recién llegado es elevado a la categoría de héroe y puesto de modelo a seguir, donde se muestra si no desprecio, al menos poco aprecio por los que se entregan a alguna causa sin otro interés que  procurar la grandeza de esa misma causa.

 He compartido momentos irrepetibles, muchos de gozo y otros de zozobra  cerca de Juan Manuel Gil. Y en todos ellos ha demostrado su  calidad humana. No creo que contar con su amistad deslegitime ni le quite un ápice de veracidad a este artículo, que seguro no le hace ninguna gracia que se haya escrito, pero que sinceramente he considerado de justicia hacer.

 Estoy convencido que de producirse, recibiría esas muestras de merecido afecto con la  misma emoción que le asoma por los ojos  cada vez que habla con pasión de  tantos momentos inolvidables como ha vivido al servicio de la Virgen de la Esperanza, de su hermandad de San Francisco y de la Iglesia de Huelva. Como su impagable servicio en la organización de la visita del Beato Juan Pablo a nuestra ciudad, que consideró más que recompensado con solo poderse postrar ante el Vicario de Cristo y besar su anillo.

La verdad es que no sé a qué están esperando. Mejor, no me explico a qué estamos esperando. De bien nacidos es ser agradecidos y una medalla de oro no cuesta nada en comparación con lo que cuesta ganarla...Y sobre todo merecerla como se la merece Juan Manuel Gil.

jueves, 17 de enero de 2013

COMO LA IGLESIA QUIERE SER SERVIDA


Vaya ejemplo que estamos dando. Valiente espectáculo estamos ofreciendo a quienes menos nos quieren. Se estarán frotando las manos y se las estarán frotando con razón. No hacemos más que mostrar nuestra peor cara, nuestro más absoluto desconocimiento de lo que tiene que ser una cofradía como grupo religioso que pertenece a la Iglesia, ¿o no habíamos quedado que las cofradías deberían ser eso y no otra cosa? Porque parece ser, a tenor de lo oído y leído últimamente, que no sabemos lo que nos traemos entre manos.

Hay quienes a estas alturas todavía no saben que un Santo entierro Magno, o Santo Entierro Grande como se le ha llamado en Huelva toda la vida de Dios, no es una procesión que se crea exprofeso y de la nada para celebrar algún evento reseñable. Es la procesión de la hermandad del Santo Entierro ya existente que se complementa con los distintos misterios de la Pasión y Muerte de Cristo mostrándonos cronológicamente cómo fueron aquellos momentos que cambiaron el rumbo de la Humanidad, dividiendo a la Historia en antes y después de Cristo. Por eso esta celebración tiene lugar en Sábado Santo allí donde la procesión del Santo Entierro cada Semana Santa, es decir, todos los años, se desarrolla en dicha jornada cofrade; o en Viernes Santo si habitualmente es así.

 Vaya por delante que todavía sigo sin entender por qué no puede haber en Huelva una excepcionalidad para que esta  procesión extraordinaria se pudiera llevar a cabo en Sábado, incluso después de haber leído la nota de prensa del Obispado. No lo entiendo. Ahora bien, de ahí a las auténticas barbaridades que se han oído y leído a tenor de la negativa a la magna procesión va un verdadero trecho, un insondable abismo.

 Sigo sin  renunciar ni a una sola de las ideas expuestas en el anterior artículo de este mismo blog, pero no puedo estar de acuerdo en absoluto con los ataques, rayando con el insulto, que se han vertido en contra de algunos sacerdotes de nuestra diócesis, y hasta con el propio Obispo, precisamente un obispo que ha acudido a las cofradías siempre que se les ha necesitado, que se ha mostrado cercano, que ha predicado con frecuencia en sus cultos, que  ha descendido a ras del suelo cofrade, y sin tener porqué. Lo mismo lo hemos visto tocar el martillo de un paso en noches de ensayos, que dentro del coro de la primera voz de una banda de cornetas y tambores, o nos lo hemos encontrado a pie de calle contemplando como un onubense más el paso de las cofradías, ¿más cofrade, más nuestro lo queremos? Y no estoy dando marcha atrás de lo que pienso con respecto a la negativa al Santo entierro Grande, ni me estoy desdiciendo de que hay en la curia quien no nos quiere, ni bien ni mal. Pero de ahí a pretender ver a las cofradías fuera de la Iglesia, como literalmente he leído, incluso clamando para que nos llevemos las imágenes a las casa de hermandad y hacer una Semana Santa al margen, de por libre, hay que estar muy loco, o no tener ni idea de lo que va esto.

Lo cierto y verdad es que con este absurdo motivo se ha abierto una válvula de escape por donde hemos vomitado todos los odios posibles contra nuestra propia Madre la Iglesia, contra sus ministros y contra su Pastor. Y todo por creernos que las cofradías somos el centro del Mundo, imprescindibles para la celebración del Año de la Fe en Huelva. Hemos querido servir a la Iglesia como a lo mejor la Iglesia no quiere ser servida. Nos empestillamos en querer hacer las cosas a nuestra manera, que como cofrades que somos nos parecen la más adecuadas, la mejores, la más bonitas, y seguro que hasta llevamos razón. Pero no podemos imponerlas. Creo que se pierde una oportunidad de mostrar músculo en una sociedad cada vez más alejada de Cristo, más decadente. Pero, ¿cómo vamos a empecinarnos en asistir a una fiesta dónde no hemos sido invitados?

 Y del extenso catálogo de despropósitos que se están oyendo que se harían en el hipotético caso de que finalmente se autorizara la tan ansiada procesión, mejor no hablar. De vergüenza ajena. Se pretende forzar situaciones que sobrepasan el esperpento, como las de ciertas hermandades que por su lejanía al centro de la ciudad pudieran pretender acortar sus itinerarios el día de salida pernoctando en templos más cercanos a la Carrera Oficial, para facilitar así su participación en la magna procesión, aunque vaya en detrimento de su estación de penitencia que se supone debería ser lo más importante, mucho más que participar en un Santo Entierro Grande. ¿Es eso serio? ¿Pero esto qué es?

Y siendo  como somos, nos ha faltado el tiempo para levantar en ,las redes sociales la veda de los disparates más absurdos para "castigar" al Obispo con ideas tan preclaras como pasar de largo por la Concepción sin parar los pasos, ir sin música en Carrera Oficial, que no asistan representaciones a la procesión oficial del Entierro de Cristo......La sinrazón hecha carne de Internet.

Parece mentira que haya que recordar algo tan obvio como que las cofradías nos debemos a la Iglesia, que somos Iglesia y que debemos servir a la Iglesia. Pero como la Iglesia quiere ser servida, no como los cofrades queramos. Nuestra postura creo que debe ser la del ofrecimiento, no la de la coacción. Aquí estamos por si nos necesitan, pero no pretender hacer una religión a nuestro gusto ni un Santo Entierro Grande conseguido  a martillazos.

lunes, 31 de diciembre de 2012

POR ESO ERES EL SEÑOR


 Para comenzar el año retomo un artículo que apareció el pasado Viernes de Dolores en las páginas de cofradías en el periódico Huelva Información, en la columna La celosía de humo. Sea este primer artículo de mi blog en el primer día del nuevo año para Él, para Jesús Nazareno, para El Señor. Con él también os deseo a todos un muy feliz y venturoso año de 2013.

                                 
Cuando Huelva te llama El Señor, por algo debe ser. Cuando esta ciudad, tan cicatera para sus cosas, te nombra poniendo en sus labios voz de alabanza, por algo tiene que ser. Cuando lo hace con una legitimidad que certifica un cúmulo de razones que va más allá de la razón cofrade, y que el corazón sí entiende, alguna razón tiene que haber. 

Porque cuando la Semana Santa pase y la saeta se calle, y los tambores y las cornetas enmudezcan y la Semana Santa sea un lejano recuerdo, Tú seguirás siendo su referente devocional. Porque con los calores de agosto, lo mismo que con los fríos de enero, incluso antes de que la Concepción abra sus puertas por la mañana, aún en noches cerradas de invierno, ya hay fieles esperando para desearte los buenos días con una oración. Por eso eres el Señor.

Porque no estás sujeto a parámetros y usos cofrades, porque no necesitas de nada más que de ti para ser lo que siempre has sido y no necesitas de nosotros más que la fe, porque estás muy por encima hasta de tu propia cofradía. Por eso eres el Señor.

Porque este título jamás escrito en documento alguno y que Huelva te otorga, es certificado y rubricado en el plebiscito devocional renovado  cada primer viernes de marzo con la tinta de los besos depositados en tu pie. Porque cuando los días del quinario presides el altar mayor de la parroquia, desde tu altura, ves desfilar a las gentes venidas de cualquier rincón de la ciudad para venerarte. Por eso eres el Señor.

Porque tu capilla es la discreta sala de audiencias donde recibes a diario los ruegos de tu pueblo, sus penas, sus alegrías, donde dispensas favores y confortas y consuelas, porque esa capilla es como un inmenso confesionario y Tú el mejor confidente, y porque la penitencia que impones en la conciencia de la gente es solo un ramo de claveles rojos. Por eso eres el Señor.

Porque cuando esta noche seas elevado a tu paso, como Moisés alzó la serpiente en el desierto, atraerás hacia ti todas las miradas y bendeciremos tu nombre sobre todo nombre y  la cuidad doblará ante ti la rodilla. Porque desde esta noche, una semana  será el patrón con la que Huelva medirá el tiempo hasta que llegue tu Viernes, como memoria de todos los viernes del año que se postra ante ti. Por eso eres el Señor.

Porque a pesar de la transgresión horaria de tu salida, cuando dan las cuatro, Huelva madruga por ti, trasnocha por ti y amanece contigo, porque nunca le importó el frío de la noche, ni  la humedad, ni el relente, para llevar sus cruces detrás de ti. Por eso eres el Señor. 

Porque cuando la noche se acabe y renazca la mañana, Huelva, como siempre, rodeará tu paso bendiciéndote y alabándote por la calle Marina, cuando vengas pisando tu sombra y el Sol amanezca por tu espalda, que de frente no se atreve, y traigas la luz a cuestas y tomes de nuevo el corazón de la ciudad al llegar a la Placeta. Será como cualquier Viernes Santo. Por eso Tú, Jesús Nazareno, eres el Señor, por eso eres y serás siempre el Señor.

jueves, 27 de diciembre de 2012

UNA MAGNA IMPROVISACIÓN


Vamos a hablar claro de una puñetera vez. Hay curas, pocos, pero con peso específico en nuestra diócesis, que no quieren que se haga el Santo Entierro Magno el Sábado Santo  para conmemorar el Año de la Fe, y algunos del Consejo del Presbiterio que ni en Viernes Santo ni en ningún otro día. Ni Santo Entierro Magno, ni nada donde intervengan las cofradías. Pero que ningún cofrade que lea esto se rasgue las vestiduras, o que se las rasgue si quiere, pero esto es lo que hay y no es para sorprenderse.

Porque si vamos a hablar claro, vamos también a ser sinceros. Muchos cofrades y mayormente los no cofrades verán pasar la magna procesión, si al final se hace, como si fueran aquellas impresionantes cabalgatas, tristemente desaparecidas como tantas otras cosas de Huelva, que Castro preparaba para las Colombinas, preciosas, coloristas; pero ya está. Veríamos pasar un incomparable espectáculo, sí; pero me da a mí que no se iba a producir una conversión en masa que "acolapsara de criaturitas", como diría Lopera, los solitarios confesionarios de nuestras poco frecuentadas parroquias. No creo que una sucesión de veintiún pasos, uno detrás de otro, sirva para que se acabe la sequía de vocaciones, ni que vaya a cambiar para mejor el creciente desapego de la sociedad por lo verdaderamente religioso.  

Pero estos que nos desprecian y ningunean deberían entender que esta procesión magna sería una forma de demostrar a los que desconfían de nosotros que las cofradías están en sintonía con la Iglesia, y más en los momentos importantes como es el caso de este Año de la Fe, y que nuestras sagradas  imágenes cumplirían aquí como en ningún otro momento su misión más importante, la de catequizar al Pueblo de Dios. Ellos que nos miran por encima del hombro (a veces, con motivo; en este caso no) pero que luego no son capaces de llenar sus iglesias ni en misas de domingos, alguna responsabilidad tendrán, digo yo, ¿o no?. Y encima se permiten el lujo de recelar del poder de convocatoria que,  por lo menos en las calles, tienen nuestras imágenes, que si supieran o quisieran aprovechar a lo mejor otro gallo cantaría en nuestra Semana Santa atrayendo hacia el seno de la Iglesia a quienes a lo mejor no se implican porque nadie les ha enseñado o les ha invitado a implicarse. Y que piensen qué sería, por ejemplo, de la procesión del Corpus si no fuera por las tan ignoradas cofradías, pues sencillamente que el Señor Sacramentado iría literalmente solo. ¿Es eso lo que queremos? Claro que a lo mejor por ellos ni se haría procesión de Corpus. Ellos solo muestran una mueca de agrado, y a duras penas, cuando inquieren a las cofradías a ser solidarias,  cuando las confunden con una ONG, y no son eso, no fueron fundadas para eso. No se dan cuenta de que pocas instituciones en la historia, y a pesar de nuestras muchas carencias,  han sido (y son) más fieles a la Iglesia y más dóciles a su Pastor que las cofradías. No nos valoran,  no nos tienen en cuenta. Y, por supuesto y como siempre, no se puede generalizar.

Los que seguís habitualmente este blog sabéis que no se caracteriza por ser crítico con la curia, todo lo contrario. Más de una vez se ha tachado de servilismo a la jerarquía y ultraconservador. Pero en este caso no puedo por menos que expresar mi perplejidad, o mi cabreo, como ustedes gusten, ante esta posible negativa de Palacio a celebrar en Huelva el tan traído y llevado Santo Entierro Magno en sábado, según se dice en los mentideros cofrades. Incomprensible máxime cuando en otras localidades de nuestra diócesis, como los casos de Almonte o Aracena sí se les ha aceptado. Es posible que en esta reticencia al sábado se esconda el temor de crear un precedente como nueva jornada procesional. Y ahí es donde debe entrar el Consejo para asegurar el blindaje del sábado para el futuro como día "no procesional", si eso es lo que se pretende, y si es que tiene que ser así. El Consejo se debe meter ahí y en otras cosas.

Porque ¿cómo es posible que todo un Consejo de Cofradías de la Semana Santa de Huelva se haya tirado a la piscina de la organización de este grandioso evento sin asegurarse antes de que debajo del trampolín estuviera aguardando el agua del respaldo del Consejo del Presbiterio, es decir, de la guardia pretoriana del Sr. Obispo? O pecan de cándidos o de lesa improvisación, que no sé qué será peor. Cabildos extraordinarios, contrato de bandas, aparte de las expectativas creadas y hasta las taquicardias de algún prioste, ¿para qué?, sin saberse desde un principio y con absoluta certeza el día exacto de la celebración del evento.

¿Que la celebración de la Magna es vital para conmemorar en Huelva el Año de la Fe? Pues sinceramente creo que no. Nuestra diócesis ha preparado una serie de actos que, de hecho, ya se están celebrando. Otra cosa es la participación que estén teniendo. ¿Que los cofrades no tenemos otra forma de manifestarnos en el Año de la Fe? Pues sí que las hay. Asistencia masiva a los cultos de regla, multitudinarias protestaciones de fe en la Función Principal. Tal como está el patio, con ir a misa los domingos bastaría. Pero hablamos de un año especial y una ocasión única para dar una grandiosa y unitaria muestra de fe alrededor de nuestras imágenes. Sería una pena desaprovecharla.

El día 14 de enero hay pleno del Consejo donde se supone que todo quedará visto para sentencia. Antes habrá una comida de fraternidad en la que la habilidad de un vicario se pondrá a prueba para enderezar las torcidas voluntades de algunos compañeros. O esto, o lo único "Magno" que vamos a poder celebrar , es poder tomarnos un cubata del coñac que lleva su mismo nombre, con Coca-Cola fresquita...mmmmmmmmmm, !qué rico!.

jueves, 20 de diciembre de 2012

A VECES LLEGAN CARTAS



Había oído hablar de ti, pero no te conocía. No sabía de tu proverbial belleza, pero la intuía. Tampoco sé qué suave céfiro impulsó mi nave trayéndome desde la orilla de la mar de Huelva hasta la orilla del Viar, ese lazo de río que ciñe a Cantillana por la cintura. Ni sé qué misteriosa voz me llamó para que una tarde de septiembre, azul y oro, acudiera a tu llamada. Y no tengo memoria de lo que sentí la primera vez que me postré ante tus plantas, Divina Pastora de mi alma. El caso es que ya desde entonces y para siempre quedé preso en el redil de tu hermosura. Puede que mi devoción a Jesús Nazareno, Señor de Huelva, me sirviera de aval para que el Nazareno de Cantillana, Señor de los Pescadores, me tendiera sus providenciales redes para que desde aquel día quedara enredado en el celestial resplandor de tu rostro.

Por eso cuando puntualmente en este tiempo de esperanza, como un precioso heraldo de la Navidad, recibo la tarjeta de felicitación de la Hermandad, de mi hermandad de la Divina Pastora y contemplo la imagen de la Virgen o  la del Divino Pastorcito que la ilustra, me alumbra una sonrisa  recordando los momentos vividos junto a Ella desde que una tarde de mayo, víspera de la fiesta de la Madre del Buen Pastor, puse casi temblando mi mano derecha sobre los Evangelios y juré "combatir por tu Gloria hasta triunfar" el día que ingresé como miembro en el Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Cantillana.

Y es que a poco que agite mi memoria te veo pasar camino de la Plaza del Llano, sin el cayado en tu mano, la que sostiene la medalla de la villa, para que tu pueblo depositara en ella uno nuevo de oro y pedrería con el que pastorear tu rebaño en el tercer aniversario de tu advocación en aquel grandioso altar, efímero, sí; pero que permanece inalterable en nuestra memoria colectiva.

Te veo cruzando el río una radiante mañana, llueva, truene o luzca el sol, (siempre que vayas de romería la mañana será radiante), aquella vez que ibas  bajo templete a hombros de la fe pastoreña, o como siempre en tu carroza de plata camino de la aldea que lleva tu bendito nombre, allá por Los Pajares, donde hay una ermita en cuya espadaña brilla un retablo de azulejos con tu imagen. Esa imagen es para mí el faro que anuncia, cuando vengo de mi tierra, que el fin de mi camino se acerca y que piso ya la tierra prometida de Cantillana, reino y señorío de la Pastora Divina.

Revivo el último aliento de agosto, con la banda sonora del Himno Pastoreño,  y miro como vas alzándote por la ladera de un risco hasta quedar entronizada a la sombra de un rosal, en ese trono único y distinto que Cantillana eleva para su reina cada nuevo septiembre, que nunca luce más la parroquia ni parece tan grandiosa como cuando tú, Señora, la presides desde tu altura.

Y siento el calor del gentío como si estuviera delante de tu paso el día ocho, el día más grande del año, cuando "nos arrastras en marcha triunfal", como un delirio de nardos saliendo de la iglesia o como un abrazo largo y apretado en la estrechez encalada del  callejón de Josefa la del Caco, y siento cómo "nuestros pechos estallan de alegría" al contestar un ¡¡¡viva el orgullo de ser pastoreño!!! Fluye en mi interior un arroyo mudo de lágrimas cálidas al recordar cómo el Padre Álvaro te retira el sombrero descubriéndonos la nobleza de tu frente y haciendo que  comprenda y me aprenda para siempre y de memoria las dos leyes de un mismo concepto: la belleza de tu rostro con sombrero y la hermosura de tu rostro sin sombrero.

Y entreveo colgaduras en los balcones, y un celaje de banderitas, como un palio rojo y gualda que cubre toda la villa,  y arcos de papel picado, y una bóveda casi de catedral en mitad de tu calle de Martín Rey, y un revuelo de peinas y mantillas  en el rosario de gala, y al Santísimo Sacramento por una plaza entre naranjos en el último día de novena, y hasta resuena en mis oídos el canto de la Despedida.

Aunque hay algo, Pastora querida, que aún no tuve la dicha de alcanzar. Y es besar tu mano, ni al regresar de la romería, ni tu domingo de mayo. Esa mano con la que acaricias a tu oveja fiel. Cosas de la distancia, pero  que en ningún caso es el olvido, puesto que no hay ni un solo día que no te tenga presente, ni que te lleves una mirada o una salve en alguna imagen tuya, sea en el altar que tienes en mi casa, o en la del cartel que anuncia tus Fiestas Mayores colgado en la pared mi trabajo.

Por eso, como dice la canción, "a veces llegan cartas con olor a rosas llenas de esperanza; a veces llegan cartas que te dan la vida, que te dan la calma". Como la que cada tiempo de Adviento, puntualmente, me llega desde Cantillana con la imagen de una Pastora coronada de estrellas que me da la vida y que me da la calma, de esa imagen que siendo "siempre la misma" renueva cada día, al alza, la finura de sus perfiles en la grandeza de su imagen perfecta, "espejo de  justicia y de candor" donde se refleja la belleza de Dios y el amor de Cantillana por su Dueña.

Y es que este simple detalle de recibir una tarjeta con la imagen de la Madre de Dios,  Divina Pastora de las Almas, forma también parte de mi Navidad con la evocación de esos instantes vividos tan intensamente que quedan prendidos para siempre entre los pliegues de la memoria, que recordar es vivirlos dos veces, o cientos de veces a lo largo del año.

Con la imagen de la  Pastora Divina me felicitan la Navidad. Con ella quiero desearos a todos los lectores de este blog, especialmente a los pastoreños de buen corazón, y a los que sin saberlo también lo son, unas muy felices Pascuas de la Navidad y un venturoso 2013. ¡¡¡ Viva la Divina Pastora !!! ¡¡¡ Viva la Pastora Divina!!! ¡¡¡Viva nuestra Pastora Divina!!!

jueves, 13 de diciembre de 2012

UN SEÑOR DE SEVILLA


En realidad casi no lo conozco. He hablado con él una sola vez, cuando fuimos presentados por el amigo de unos amigos. Luego, un saludo por la calle esperando el paso de alguna cofradía y poco más.
Pero aquella cordial conversación fue suficiente para confirmar lo que ya sospechaba de él y que los hechos corroboraron más tarde, que D. Enrique Esquivias de la Cruz ha sido hasta ayer mismo un excepcional hermano mayor para la hermandad de Ntro. P. Jesús del Gran Poder de Sevilla, o al menos desde la distancia así lo percibo yo.
Pero no lo digo solo yo. Hasta la prensa de todo tipo (morada o no, que ya es difícil) no ha dudado en calificar estos años de su legislatura como la "Era Esquivias". Y eso que no tiene que ser nada fácil estar al frente de una corporación de estas características, donde confluyen tantas sensibilidades, supongo que tantos pareceres y estoy seguro que tantos y tantos desvelos, al tratarse de esta tan universal devoción donde muchas cofradías se miran, o debiéramos mirarnos.
El hasta ahora hermano mayor no le ha faltado ocasiones para demostrar su sobrada capacidad de gestionar, ha hecho mucho y todo lo ha hecho bien. Y le ha tocado lidiar situaciones, cuanto menos, delicadas.
De todos los que ha cosechado, sin duda el acierto de los aciertos ha sido el resultado de la más que necesaria y justificada restauración de la imagen del Señor, valiente y al parecer definitiva, devolviéndonos el rostro del "Divino Leproso" suavizado en sus llagas, en las señales del tiempo, desvaneciéndose  en la memoria el carbón de siglos con el que el "Cisquero de San Lorenzo" nos ocultaba su rostro, el rostro de Dios en la Tierra.
Remozó la basílica, primer templo de peregrinación en Sevilla, dignificando la morada del Gran Poder. Acertó incluso a la hora de elegir el templo donde recibirían culto provisionalmente las imágenes de la hermandad mientras duraran las obras de su sede. ¿Habría templos? ¿Qué puertas no se le abrirían al Gran Poder? Pero mira por dónde fue a poner su altar en la iglesia de un convento, el de Santa Rosalía, donde la mano generosa de " El que todo lo puede" aliviaría alguna necesidad de la muy humilde comunidad de Clarisas, Franciscanas Capuchinas.
Consiguió en su momento, sin convulsiones, como fruta madurada a su debido tiempo, que las hermanas se incorporaran al anonimato del ruán, entremezcladas con las mujeres que empapadas en lágrimas de cera tiniebla (y de las de verdad) siguen presurosas en la Madrugada la imponente zancada de su Dueño.
Se atrevió sin complejos puristas a mostrarnos en la calle al Gran Poder como si Juan de Mesa hubiera vuelto para acabar de tallarle una túnica de cardos a su portentosa imagen.
Ha devuelto su primitivo esplendor al paso sobre el que camina El Señor al encuentro de su ciudad partiendo en dos la Madrugada de silencios y plegarias, y de plegarias en silencio. Y para que nada le faltara, para poner  definitivamente a prueba a un hermano mayor y a su junta de gobierno, un demente perpetra aquella salvaje atrocidad sobre la sagrada imagen del Gran Poder que puso una vez más de manifiesto la capacidad de reacción de este excepcional cofrade. No hubo herejes, ni iconoclastia , ni memoria nostálgicas del treinta y seis, ni actitudes inquisitoriales, ni grandielocuentes declaraciones enardecidas de fervor católico, ningún exabrupto...Supo diluir, desactivar lo que en manos de cualquier exaltado hubiera provocado efectos de indeseadas consecuencias. Solo templanza, perdón por las ofensas y confianza en la justicia. Más en la Divina que en la otra.
Y volvió a dar una aleccionadora muestra de lo que deben ser las cofradías en la Iglesia (siempre fidelidad al Pastor), no ya al aceptar, sino al estar dispuesto a ofrecer la participación  (si así era requerida) de la imagen del Gran Poder para el Via+Crucis del Año de la Fe con trece imágenes más, cuando Él solo sería capaz de congregar a los mismos o más fieles (he dicho fieles, no a gente) que las otras imágenes juntas, aceptando además ir en paso procesional cuando el deseo de la hermandad era que fuese en andas. Pero así se sirve a la Iglesia, como la Iglesia quiere ser servida, sin intereses particulares.
En estos tiempos en los que muchos llegan a hermano mayor sin conocer en profundidad a sus propias cofradías, imponiendo tradiciones de hace un cuarto de hora y desestimando la de siglos; cuando tantos prometen en tiempo de elecciones y en la toma de posesión cultos, caridad y formación, lo que luego se traduce en barras de bar en las casas de hermandad y en la organización de actos escasamente religiosos, D. Enrique Esquivias dejó que el propio Señor trazara la hoja de ruta en su tiempo de mandato, sin proyectos de relumbrón de cara a la galería, conservando, aumentando y proyectando, con el mayor de los respetos, lo que la devoción, el tiempo y Sevilla han ido forjando en torno a la imagen del Señor del Gran Poder. Así de fácil; así de complicado. Solo gestionar y resolver con acierto. Ahí es nada. Sencillamente lo que hasta ayer mismo ha sabido hacer un señor de Sevilla, como hermano mayor de la hermandad del Señor de Sevilla.
 Bien me gustaría tener ocasión de escribir muchos artículos así. Pero me temo que no se presentan demasiadas ocasiones como estas. Aunque nunca pierdo la esperanza.